- ¡Ogros!, ¡saquen a las cucarachas y póngalos a trabajar!-. Grito la mujer de seda con una actitud demandante, para cuando dejó de gritar ella ya me había dado la espalda, al salir entraron una especie de hombres con cuerpos angostos, se veían como gigantes, llevaban cadenas arrastrando y sacaban a todos los niños de las jaulas... incluyéndome, eran 15 jaulas aproximadamente que yo vi, y tal vez más, todas ellas llenas de niños menores de 11 años, supongo que yo fuí la afortunada en tener una jaula individual.
Los señores que la joven de seda llamo ogros, nos sacaron a todos en una sóla fila hacía afuera de la celda, cuando todos los niños estábamos en una fila ordenados, nos empezaron a poner las cadenas, parecían brazaletes pesados sobre mis muñecas. Los 4 ogros casi nos arrastraban con las cadenas, hasta llegar a una especie de sala muy grande, llena de objetos filosos que llamaban mucho la atención, parecía la herrería del palacio. La mujer de ceda, junto con otras 3 mujeres, entraron a la sala y pasaban a ver nos uno por uno, hasta que las 4 llegaron hasta a mí y se empezaron a reír de la nada, se dirigían miradas entre ellas, hasta que rompieron el silencio-. Hija de Robert, esperamos mucho tu presencia por aquí, serás una buena esclava-. Dijo una de las mujeres que tenía un vestido negro, con un mechón blanco.
- oh...un aperitivo-. Dijo una de ellas y entonces se empezaron a reír más.El propósito de sacarnos de las jaulas era para limpiar su sucia bodega, nos separaron por grupos y a cada grupo nos asignaron tareas, a mí me tocó lavar el suelo con un pedazo de tela que parecía deshacerse entré mis dedos. Todos los niños he incluso los que tienen de 4 a 5 años están trabajando de una forma desesperada, la niña que lavaba el piso junto a mí, tallaba tan fuerte hasta el punto de que le salían sangre entré las uñas, todos lavaban de esa forma, no era como las sirvientas del palacio, aunque ellas eran muy enojonas, pero hacían su trabajo por gusto y no con miedo, pasarón las horas y nos asignaban otras tareas en diferentes celdas o salas, todo iba "bien" hasta que un niño empezó a llorar al no poder seguir, una de las 4 mujer con cabello rojo se enfureció y le empezó a gritar, él niño lloraba más, iba a voltear, pero la niña que le salían sangre entré las uñas, me volvió a dirigir la mirada hacia él piso-. No mires o tú vas a castigarlo-. Dijo entré susurros. Los lloriqueos se volvieron gritos, había un sonido fuerte que impactaba contra el cuerpo del niño y cada vez que sonaba ése sonido salía un grito de desesperación.
Así fue desde entonces, aprendí que cuando era de día nos sacaban a todos para hacer nuestras tareas y cuando era de noche nos regresaban a las jaulas. Nos alimentaban cómo animales, habían días que no nos alimentaban, todos los días 3 o 5 niños recibían latigazos, pocos sobrevivían a ellos, si no morían en ese instante, en la noche iban a morir. Aveces para no caer en la desesperación pensaba en mi padre aunque eso me ponía triste o me ponía a pensar en Adrián, me preguntaba si él estaba preocupado y que hacía el esfuerzo de que obligará a su padre hacer mí búsqueda o mínimo me conformo que estuviera pensando en mí. Hasta que fueron pasando los días, la muerte de mí padre ya no me lastimaba tanto y el nombre de Adrián se fue desapareciendo entre mis recuerdos, sólo me preocupaba en sobrevivir, mi mente sólo ocupaba en aprenderse los nombres de las 7 mujeres, todos los días nos cuidan 4 mujeres, aveces iban dos del día anterior y las otras dos eran diferentes. La primera se llama Margareth es la mujer con la que mí padre habló esa noche, la mujer de los ojos rojos; la segunda se llama Lujuria (sí, un raro nombre) es la mujer de seda; la cuarta se llama Sabrina, es la mujer que le dió latigazos al niño en mí primer día de trabajo; la quinta es Mal; la sexta se llama Hiedra y la última Akuma, me falta un nombre... Él nombre de la mujer que mató a mí padre.
Todos los días era la misma rutina y el odió hacía ellas crecía, había veces que me oponía a sus órdenes y me abofeteaban, pero parecían que lo hacían con cuidado, se notaba el trató que me daban a comparación de los otros niños, a los otros los trataban como si fueran fáciles de reemplazar, muere uno y al día siguiente hay 3 nuevos, en cambio conmigo era como sí tuvieran miedo de mí, me dí cuenta cuando me opuse ante Hiedra, ella se había enojado y su mirada era de odio, pero a la vez demostraba miedo como si fuera un horrible monstruo y me fuera encontra de ella, con las demás era lo mismo, excepto con Margareth, ella era todo lo contrario de las otras, demostraba odió, pero ella no me tenía miedo, era como si yo le hubiera hecho algo malo en el pasado y ahora se estaba vengando de mí, disfrutaba verme sufrir, pero para esos momentos siempre estaba junto con mi compañera que estuvo desde el día qué había llegado aquí, ella siempre me ayudaba cuando Margareth me dejaba días sin comer, siempre me compartió su parte de pan a escondidas; ella fue quién me presento a todos los niños cuando llegué aquí, ése día me dí cuenta que no recordaba su nombre como los demás niños, así que desde ese día yo la llamó Jane. Un día en una celda con los demás niños lavando las paredes de piedra, me dí cuenta que Jane sé sentía demasiado mal, se veía pálida, le pedí que se sentará pero no me hizo caso, cuando se estiró para lavar una parte de la pared, no resistió el peso de su cuerpo y cayó, yo dejé todo para ayudarla, sin importar de los gritos de Mal, traté que Jane sé levantará y que resistiera un poco más, grite pidiendo un poco de ayuda, pero nadie me había hecho caso, cuando volví a gritar, sentí un jalón fuerte en mí cabeza.
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El momento que cambió mi vida.
PertualanganBasado en la obra de GUARDIANES DE LUZ está es la pequeña historia de la vida de Candy. Tan solo en cumplir los 6 años, Candy tiene un cambió de vida muy drástico en el que tiene que ser fuerte; con el paso del tiempo Candy se topa con una nueva fam...