Siento sus dedos pasar por mi espalda desnuda y me estremezco. Este es, sin duda, mi momento favorito. Solo llevo la ropa interior puesta y él también.He dormido de maravilla y estoy tumbada boca abajo mientras Nick pasa las yemas de sus dedos por el centro de mi espalda. Lo estoy mirando.
Está concentrado en sus dedos y, si sigue así, voy a quedarme dormida de nuevo. La claridad de la mañana entra por la ventana y los rayos del sol se filtran a través de las finas cortinas blancas. La ventana está cerrada y no se escucha nada del exterior, aunque este es un barrio tranquilo.
— ¿Tienes que ir a trabajar hoy? —Sus ojos chocan con los míos.
— No —sus dedos paran—, sigue un poquito más por favor —me muevo un poco en la cama y me pongo más cerca de él haciendo que ría entre dientes. Sus dedos vuelven a pasar por mi espalda y cierro los ojos—. Ayer fue mi último día.
— El cierre de una etapa.
— Eso mismo.
— ¿Llevas dinero para España?
— Algo llevo —abro los ojos—, pero ha sido un poco difícil ahorrar.
— Tampoco ganabas mucho.
Paso mis dedos por su mentón y sus dedos rozan su barba incipiente. Él baja su rostro un poco para que mis dedos toquen sus labios y abre su boca. Sonrío y separo mi mano antes de que sus dientes se cierren y me muerda.
La mano de su espalda viaja a mi cabeza y su rostro se acerca al mío para besar suavemente mi mejilla. Me río cuando lo hace más rápido y lo abrazo. Me giro y la sábana se queda enredada a mi cuerpo. Nick pone sus dedos en mis mejillas y besa mis labios.
Hay un problema en todo esto, y no es que yo sienta algo más por él, sino que esto es demasiado bonito y perfecto para ser verdad.
Siempre he hablado con mis amigas de que el príncipe azul no existe, y Nick no lo es. Tiene defectos, como todos, pero la manera en la que me trata hace que lata mi corazón con fuerza. Estos momentos son los que hacen que me enamore de él.
— ¿Qué vas a querer desayunar? —Me pregunta pasando su mano por mi pelo.
— Lo que quieras.
— Podemos ir a comprarlo, porque... no tengo nada aquí de comer.
— Vamos entonces.
Él deja un último beso en mis labios y se levanta. Me incorporo y me fijo en su espalda. Se dirige a su armario y me tira una camiseta.
— Ponte eso y los pantalones. Podemos ir en zapatillas.
— ¿En zapatillas? —Me pongo su camiseta.
— Con la cara lavada, venga, tengo hambre —se pone unas bermudas y le hago caso.
Me pongo su camiseta y sus pantalones vaqueros pero me pongo mis zapatos de deporte porque ir en zapatillas no está en mi forma de conjuntar la ropa. Nos lavamos la cara y los dientes y para mi sorpresa, Nick coge mi mano y empezamos a caminar.
— Hay una cafetería por aquí cerca que tiene unos muffins que te mueres.
— No quiero morir.
— Entonces no los comas, porque de verdad, Lía, debería de haberte llevado antes, no sé por qué no lo he hecho.
— Porque iría con diez kilos más a España y mi madre me tendría que llevar rodando a casa.
Él se ríe y tira de mi mano para que la pase por su cintura. Lo hago y él rodea mis hombros para después besar mi coronilla.
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Goodnight and go (Disponible en Dreame)
Teen FictionNunca lo entendí. No llegué a saber qué quería, cómo se sentía. Era un misterio. Ese chico alto y moreno de ojos azules y verdes, era un enigma. Su corazón lo era.