Todos soñamos. Es parte de la vida. Soñamos para evadirnos, irnos, escapar... Los sueños hacen que nuestra mera existencia sea mucho menos tediosa; al hombre le gusta la utopía. El pobre sueña con una vida llena de lujos, el hambriento fantasea con los mayores manjares que se hayan visto jamás y el enamorado nunca deja de pensar en su amada. Todo sueños y esperanzas que buscan un futuro mucho más dulce y apetecible que el real. Desde tiempos inmemoriales el humano ha soñado y ha hecho de esos sueños una forma de vida. Qué objetivo tiene un sueño sino cumplirlo. Millones de hombres han perdido todo a cambio de poco o nada. Otros han ganado más de lo esperado y sus sueños han pasado a otro mundo, uno más oscuro y aterrador: la realidad. Han llegado a la casilla de salida, han vuelto a la prisión de la que querían escapar. El humano es sueño, pero qué pasaría si alguien intentará dejar de soñar, ceñirse a la realidad. ¿Y si fuera un niño, el cual es uno de los seres más inocentes y más soñadores que existen? ¿Sería real? ¿Sería posible? ¿O será toda su vida una fantasía? Soñemos que esto ocurre...
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