Hace ocho años atrás…El parque me gustaba, y me gustaba mucho, pero no por la razón que mi madre creía. Según ella, era deslizarme por los toboganes y mecerme en los columpios, lo que ella no sabía era que más allá; justo detrás del pequeño edificio donde vendían todo tipo de chucherías, parecía un lugar sacado de un cuento de hadas.
Siempre traía un libro conmigo, y esta vez me tocó "El Principito". No sabía de qué iba, pero la profesora Jhonson dejó en claro que debíamos leerlo para la semana próxima.
Esa profesora era de los míos.
Para mí, el parque era un lugar ideal, pero había un problema: los niños.
Siempre estaban llorando y gritando, sus rostros siempre estaban sucios de lodo y de sus narices mayormente chorreaba moco. ¡Era asqueroso! Y eso sin contar los que se creían los dueños del lugar y no dejaban que usaras los juegos.
Estaba segura de que allá en el averno había lugar para ellos.
Mamá y mi tía Valerie estaban sentadas en una banca, poniéndose al día sobre sus vidas ya que ambas tenían tiempo sin verse. Lamentablemente mi prima Jane no pudo venir ya que el tío James se la llevó de vacaciones junto con Jaden, mi primo.
Sinceramente, ellos eran mis favoritos.
Mis demás primos eran irritantes y ciertamente se parecían a los niños del parque.Mamá me decía que tenía que hacer amigos —por eso un día sí y un día no me traía al parque—. Yo pensaba que era ridículo, ¿para qué necesito amigos si tengo mis libros?
Viendo lo ocupada que estaban ambas mujeres, decidí que ya era la hora de escabullirme. Ellas estarían entretenidas durante un buen rato, así que no tendría de qué preocuparme.
Corrí con rapidez esquivando a los niños, ansiosa de llegar a ese lugar donde la paz se respiraba en el ambiente. Y sonreí al llegar.
Como dije, parecía sacado de un cuento de hadas. Había un gran árbol en el centro del lugar, arbustos llenos de flores a los alrededores y a lo lejos se podía escuchar el sonido de la cascada uniéndose al pequeño río. La verdad me sorprendía el que nadie haya tomado aquel lugar aún, pero bueno, no me molestaba. Era una ganancia para mí.
Tomé asiento, apoyando mi espalda contra el tronco del árbol y me dejé sumergir entre las páginas. No sé cuánto tiempo pasó, pero escuché un movimiento que me hizo detener la lectura y ponerme alerta.
Escuché llanto, un llanto que se escuchaba tan demoledor y doloroso que inevitablemente me sentí mal por quien estuviera llorando de esa forma. No sabía por qué, pero siempre que escuchaba a alguien llorar, terminaba llorando con esa persona.
Mamá y papá solían decir que sentía demasiado.
El sonido se escuchaba detrás de mí, por lo que llevada por la curiosidad rodeé el árbol, sujetando firmemente el libro contra mi pecho.
Y ahí fue cuando lo vi.
Era un niño.
Se encontraba con su cabeza oculta entre sus piernas mientras sus brazos lo rodeaban. Su cuerpo se sacudía en cada sollozo y sin saber muy bien el porqué, deseé aliviarlo. El verlo así tocó una fibra en mi corazón muy difícil de ignorar.
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Los mejores amigos no se besan (Nueva Versión)
Teen FictionElle y Noah. Noah y Elle. Ambos son lo opuesto del otro. Mientras Noah prefiere la adrenalina que le provoca el basquetbol, Ellery prefiere la calma que le ofrece un buen libro y su habitación. Son como el sol y la luna, pero aun así logran compleme...