El mundo oculto (II)

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El viento agitaba fuertemente los cabellos dorados de Nuffink que volaba montado sobre Chimuelo junto con su padre, quien jugaba con su hijo durante el vuelo lanzándolo por el aire y atrapándolo en media caída. No había cosa más divertida ni emocionante que volar, era algo de verdad impresionante. El cielo celeste, las nubes naranjas y la brisa se sentían increíbles, nada se les comparaba, ni siquiera el acantilado era capaz de replicar algo así. El dragón subía y se dejaba caer en suspenso, hacía volteretas en el aire o planeaba cerca del agua en un viaje de gran velocidad.

Astrid iba junto con su hija montados sobre el Tormenta, el Nadder Mortal que Chimuelo llamó para llevar a su antigua dueña por los aires. Ellos seguían a Chimuelo quien realizaba un vuelo un tanto más "violento", debido a sus capacidades que se lo permitían. Tormenta, en cambio, realizaba un viaje un poco más "tranquilo", aunque sí realizaba movimientos de riesgo y gran velocidad; inclusive competía con el furia nocturna.

Hipo, conociendo a su amigo dragón, se dirigió con Chimuelo y en un par de movimientos meticulosos colocó a Nuffink sobre la espalda de Tormenta y le permitió a Zephyr caminar por las alas de los dragones para que se sentara sobre la espalda de Chimuelo y de esta forma acompañaría a su padre. Hipo tomó a su hija y la aferró con fuerza a sus brazos para sostenerla sobre el dragón y luego le dio la libertad a la criatura a hacer volteretas y de volar libremente. El corazón de la niña palpitaba fuertemente durante ese emocionante vuelo, dejándose llevar por el viento, y los movimientos del animal. Sus castaños cabellos, iguales a los de su padre, se movían en todas direcciones. No solo era divertido sentir como se elevaba por los cielos, sino que la sensación de estar sobre esos dragones era algo completamente diferente a lo que estaba acostumbrada en su vida, ella podía sentir su fuerte respiración y su palpitar mientras que los músculos y tendones que sostenían las alas del furia nocturna movían las piernas de la pequeña. ¡Lo que la estaba transportando entre las nubes tenía vida! Era fascinante.

Hipo respiraba profundamente mientras cuidaba a su hija, quién, al parecer, estaba disfrutando del viaje. La nostalgia golpeaba el corazón de Hipo junto con la brisa que enfriaba sus mejillas. Una sensación vibrante e indescriptible invadí su cuerpo, era como sentirse en paz, pero la emoción, y la velocidad del dragón, no le permitían a la adrenalina parar. Hacía demasiado tiempo que no se ponía la armadura, la cual se sentía cómoda, y le alegraba tenerla de vuelta sobre su cuerpo.

Él miró a su alrededor y observó a su esposa, que revelaba una radiante sonrisa porque al parecer sentía las mismas sensaciones que su marido; ella jugaba con Nuffink cuyo rostro no expresaba más que asombro. Luego, Hipo logró observar a la Furia Luminosa acompañando a sus crías quienes jugaban con su habilidad para camuflarse con su entorno.

-Me pregunto si podré investigarlo después-, susurró guardándose ese pensamiento para sí mismo.

-¡Hey!-, gritó Astrid llamando la atención de su marido, -Llevémoslos al mundo oculto

A Hipo le sorprendió esta idea. Luego de asimilarla se la preguntó a Chimuelo, este rugió y bajó en picada para acercarse al mar, Zephyr gritaba de emoción. Chimuelo planeó hacia el cráter y se dejo caer hacia la oscuridad, seguido por Tormenta y la furia luminosa junto con sus crías, para luego entrar en una cueva repleta de colores neón. Zephyr y Nuffink estaban maravillados por los colores que iluminaban las piedras y que salían de las escamas de los dragones: moradas, azules, verdes y naranjas. Habían cataratas por todas partes, pequeños dragones brillantes que simulaban a un cardumen de peces, y uno que otro huevo de dragón sobre las columnas de piedra.

Luego de unos momentos se adentraron a un mundo más cristalino. Dentro de este habían dragones de todas clases, de todos los tamaños y de todos los escamajes posibles. Cada uno de los dragones que mencionaba el libro estaba ahí, e incluso más.

Chimuelo llamó con un rugido al resto de los dragones que vivían ahí y todos alzaron vuelo para seguir a su líder. Cada uno de los dragones revoloteaba con felicidad en un viaje por todo un mundo cristalino de maravillas

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Luego de unas horas, mientras el sol caía, las dos familias salieron del cráter y aterrizaron en el barco. Ya era hora de irse del lugar. Astrid acarició y abrazó a Tormenta con cariño despidiéndose de ella. Los niños se despidieron de ella alzando sus manos, pero Tormenta, creyendo que era un intento de caricia, depositó su cabeza sobre las manos de los niños y restregó su cuerpo contra ellos esperando su recompensa.

La madre de los niños se reía mientras ellos no sabían que hacer.

Mientras tanto Hipo revisaba la prótesis de su compañero, al parecer esta no necesitaba ninguna reparación, aunque el metal se estaba empezando a oxidar

-Hmm, otro día vendré a repararlo. ¿Qué te parece?

Nuffink y Zephyr se acercaron corriendo a Chimuelo y lo abrazaron agradeciéndole por el viaje. El dragón no sabía como reaccionar ya que lo tomaron por sorpresa, por lo que solo se quedó quieto. Hipo reía.

Las pequeños furias jugaban en el suelo del barco y su madre los cuidaba. Los niños jugaban con ellos, con el permiso de la madre mientras sus padres terminaban de despedirse.

El Sol ya no se veía, pero aún había luz, por lo que tendrían que irse...

Pero ese momento no sería el último que los verían.

HTTYD/CEATD: Dragones y HumanosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora