Capítulo largo
La ojiazul se removió algo incomoda en su cama, un deslumbrante rayo de luz se colaba por entre sus cortinas, dándole justo en los ojos, se despertó con pesadez.
De inmediato se puso alerta al escuchar ruidos provenientes de la cocina, acompañados de un delicioso aroma a café y chocolate caliente, con cuidado y nerviosismo se acercó al picaporte, abriendo y cerrando la puerta sigilosamente, se dirigió a la cocina con pasos silenciosos.
Poco a poco los sonidos se intensificaron, se asomó ligeramente para ver qué era lo que provocaba esos sonidos, o mejor dicho, quien.
Se relajó al ver una cabellera blanca amarrada en una coleta baja.
-¿padre?- el hombre se giró, dejando ver un mandil rosa con un poco de harina.
-que buena que despertaste pequeña, siéntate, casi termino el desayuno- le sonrió.
Shirayuki solo asintió, y antes de irse a sentar le dio un fuerte abrazo a su padre.
-Gracias por venir-
-¿como que gracias?, soy tu papá, no voy a dejar a mi pequeña abandonada- le regreso el abrazo.
La menor se sentó en la isla de la cocina, observándolo cocinar, su hermana mayor le contó que antes era muy mal cocinero, aunque ahora era lo contrario. Pasados 10 minutos tuvo en frente un plató de hot cakes, uno de huevo revuelto con tocino, un vaso de café y uno de chocolate.
Desayunaron juntos mientras platicaban, su padre del trabajo y como los villanos nunca le hacen nada, y Shirayuki de lo mucho que se había divertido el día anterior. Un rato después el albino había mantenido la mirada fija en su hija.
-cada vez te pareces más a ella- dijo sonriendo.
-¿a mamá?- el mayor asintió.
-la conocí cuando ella tenía 17, se parecen mucho, sobretodo en los ojos- sonrío con melancolía -aunque esa ya es historia pasada, que te parece que hoy descansemos todo el día viendo películas y comiendo- dijo con un tono mucho más alegre recogiendo los platos.
Para él también había sido una semana agotadora, llena de crímenes e investigaciones, lo típico de un héroe, pero teniendo una hija debía de dedicarle algo de tiempo.
-claro, me gustaría descansar hoy, los entrenamientos en U.A. a veces son bastante cansados- mintió.
Pasaron un día muy cómodo juntos, vieron películas, jugaron juegos de mesa, entrenaron un rato juntos y también se contaron anécdotas, más de Kai y su juventud que de otra cosa.
Una semana había sido suficiente para extrañar la compañía de su padre, aunque no quisiera admitirlo, le transmite una sensación de tranquilidad estar con él, lastimosamente el día termino y se tuvo que ir, ser uno de los héroes más importantes le quitaba mucho tiempo.
La menor se despidió de su padre, para después recostarse a dormir, al final se había divertido mucho.
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Entró a su casa arrastrando los pies, dejó caer la sombrilla que llevaba con ella, había salido a pasear y debido al clima nublado salió con una, se dirigió a la sala sin despegar la mirada de su teléfono, ya eran las 9 pm del domingo, su fin de semana había desaparecido muy rápido.
Al levantar la vista de su teléfono pudo ver una caja sobre la mesa de café, se acercó, notando una pequeña nota, con cuidado la tomó, leyendo solo la palabra ábreme.
Llena de intriga, abrió lentamente la caja, encontrando un sobre amarillo, una botella de cristal con un líquido celeste cristalino brillante, lo que parecía un pin de una flor celeste con blanco y algo de ropa, que no sacó, en el fondo.
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Bakugou y tú Doble cara
Random-oye fenómeno de circo -.... -deja de desprender ese extraño color morado -morado? ------ -Bakugou... -y ahora qué quieres? -tengamos una cita... ------ -oi Katsuki -qué sucede? -creo que te amo ------- -lo lamento mucho Katsuki -jamás habría pensa...