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Cada pensamiento. Cada palabra, se sintió como un sueño. Como una creación de mi mente; y cuando despertara todo sería como yo quería.
Cuan equivocada estaba.
Ya no soy aquella niña que llora porque siente un vacío en el pecho.
Ya no soy aquella niña que teme dejar solas a sus amigos.
Ya no soy aquella niña que se deja aplastar por el peso de la realidad.
Ya no soy aquella niña, porque el vacío siguió ahi sin importar cuantas lagrimas derramaran mis ojos.
Ya no soy aquella niña, porque por fin, después de tantos años, me di cuenta que nunca dejaría a mis amigos solos, porque precisamente no tenia amigos.
Ya no soy aquella niña, porque al fin pudo enfrentar su realidad, a pesar de que toda su vida vivió una fantasía.
Después de tanto tiempo, me di cuenta que ya no encajaba. Que aquella ciudad no me recibía como antes. Que en las mañanas cada vez era más difícil levantarse. Que cada día era un infierno en ese colegio a pesar de que me llevaba bien con todos. Nada me llenaba. Nada me llena.
Nada me hace sentir profunda felicidad.
Ahora es cuando me doy cuenta que todas aquellas risas durante tres largos años, no fueron sino más que sonidos.
A veces me gustaría tener sueños y aspiraciones como otros.
Ya no soy aquella niña.
Muy pocos entenderán el peso de mis palabras. Es justo en este etapa de nuestras vidas cuando todos empiezan a cuestionar tu futuro, tus sueño, tus aspiraciones; se quedan estupefactos ya que como es posible que alguien tan joven este en blanco.
Pero yo simplemente no logro ver mas allá de mis propias manos.

No veo un futuro, y eso me aterra.

Los confines del universo y de mi mente.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora