Cara a cara con la muerte

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Volví a entrenar, debía practicar vuelo. En el campus, todos los alumnos se reían de mi poca habilidad como ángel.

-Tranquila, no les hagas caso.- dijo Marina llegando a mi lado. Sonreí sintiéndome un poco menos sola.

Extendí mis alas con mayor facilidad que la última vez, cada vez era más fácil y ya casi no dolían, solo molestaban.

-Dame tu mano. Te voy a ayudar.- la tomé con confusión.

-¿No van a chocarse nuestras alas?- ella sonrió ante mi comentario.

-Para nada...- ella agarró mi mano y voló todo el tiempo de espalda pero de frente hacia mí.-Tus alas son muy grandes, aprende a controlarlas.- gritó cuando estábamos en el aire. Yo asentí.

-Marina, no puedo...- dije sintiéndome muy pequeña y logrando tener vértigo.

-¡Confía en tus alas!- me ordenó.

Lo intenté, juro que lo intenté, pero nada funcionaba.

-Megan, abre los ojos.- estaba aferrada a su mano, no podía mirar para abajo.

-¡Marina!- gritó Denis desde abajo.

-¡No quiere volar!- me sentí avergonzada ante ese comentario.

Unas manos me rodearon, y no eran las de Marina.

-Tranquila...- dijo Denis sosteniéndome. Asentí ante aquella corriente eléctrica que mandó a mi sistema.

Pronto estaba tocando tierra. Me sentí muy apenada, todas las miradas se centraban en aquel fracaso.

-Gracias...- dije cabizbaja.

-Megan, tienes que controlar tus alas... Debes hacerlo.- dijo Denis y no pude apartar la mirada del suelo.

-Ya lo voy a lograr.- dije volviendo a levantar mi mirada y haciendo una media sonrisa.

Guarde mis alas y le di las gracias a Marina. Estaba destruida, pero aún tenía que entrenar.

Estaba furiosa, y eso utilicé para pelear en mis entrenamientos.

Ya había pasado a la fase de mano a mano con otros alumnos. Hoy me tocaba pelear contra Shane.

-Otra vez tú...- dijo con tono exhausto y revoleando sus ojos casi blancos.

-No tendré orejas de elfo, pero puedo escucharte, estúpido.- él rió.-A demás, tampoco es que me caigas muy bien, así que el odio es mutuo.- su sonrisa desapareció.

-Así que la señorita está enojada.- el pitillo de combate sonó y nos pusimos enfrentados. La campana indicó que debíamos comenzar a pelear.

Daba puños por doquier y patadas bien esquivadas de su parte.

-Ey.- dijo Shane.- Estás enojada. Estás peleando fatal, así no vas a conseguir nada. Para desquitarse están los sacos de boxeo.- dicho esto se bajó del cuadrilátero.- No pienso perder mi tiempo aquí.- corrí detrás de él.

-Oh, no. Tú no te irás.- lancé un gancho a su espalda y él lo esquivó provocando que pasase de largo. Lanzó un golpe y lo esquive, seguido de eso le di una patada al costado del abdomen. Él se enojó y yo por mi parte, hace tiempo que lo estaba.

-No entiendo porqué estás aquí. No perteneces.- lanzó un golpe a mí pierna y no fui lo suficientemente ágil para esquivarlo.

-Yo tampoco, pero aquí estoy. Así que te aguantas.- lancé una piña directo a su rostro con la esperanza de afearlo, pero él simplemente tomó mí mano y pegó mi espalda a su pecho, dejándome inmóvil. Me sentí acorralada y por algún motivo algo nerviosa.

-Sigue practicando.- comencé a moverme con brusquedad, no podía sentirme atrapada o empezaba a ahogarme.

- Suéltame.- ordené y él se negó. Mi cuerpo comenzó a reaccionar solo y en 3 movimientos lo tenía de bruces contra el suelo.- No vuelvas a hacer eso.- exigí con la respiración agitada y así concluyó mí entrenamiento.

-¿Cómo carajos hiciste eso?- barullo él debajo mío.

-Cada persona tiene su secreto... No vuelvas a acorralarme.- él rió con sarcasmo.

-Así que la niña tiene traumas.- lo solté con brusquedad y salí de ahí enfadada ¿Por qué parecía que todo el mundo estaba en mi contra?

Quería salir de ese instituto... Pero no podía, por algún motivo algo me decía que debía quedarme.

Un inmenso sentimientos de nostalgia me invadió al recordar a mi hermanito. No he vuelto a saber nada de él... Necesitaba verlo, salir de este sitio solo para estar con la única persona que me hacía pisar tierra firme.

No se me ocurrió mejor idea que pedirle a Marina que me ayude a estar afuera del instituto pero sin irme del mismo...¿Se entendió?

-Marina.- la llamé estando en mi habitación.

-¿Qué pasa, Meg...an?- sonrió nerviosa por casi equivocarse.

-Necesito tu ayuda.- me miró con seriedad.

(...)

-¡Megan, pero eso es ilegal!- me encogí de hombros ante el comentario de Sabrina, quién se tuvo que enterar lo que iba a hacer porque necesitábamos su ayuda.

-Por favor, Sabrina, no sabes cuánto extraño a Samuel...- su rostro se enfureció.

-Sí, pues varios aquí extrañamos a nuestros familiares, y no por eso andamos arriesgando la integridad de los demás y nuestra PROPIA VIDA.- dijo lo último gritando. -Lo siento, no cuenten conmigo.- dijo alejándose de nosotras y cerrando la puerta tras de sí.

-¿Y ahora qué hacemos?- sonreí hacia el comentario de Marina.

-Llamaremos a mi demonio.- acto seguido comencé a llamarlo con el pensamiento.

-Linda ¿Llamabas?- dijo Max coqueto hacia mí y yo asentí.

-Quiero visitar a mi hermanito utilizando el "viaje astral".- me miró con sorpresa.

-¿Sabes que es ilegal?- asentí.-¿Sabes que puedes morir?- asentí.- ¿Y sabes que si Denis se entera me mata?- rodeé los ojos.

-Por algo no le dije ¿No crees?- sonrió con sorna.

-Bien, comencemos.- juntó sus palmas.- No puedes estar mucho tiempo afuera, ya que como sabes, estamos manipulando tu alma, si tu alma no vuelve en 10 minutos, tu cuerpo no resistirá más y morirá.- asentí.

De un momento a otro pasé de estar en el suelo de mi habitación rodeada de velas a estar en la sala de mi casa viendo cómo Samuel jugaba con mi hermano mayor.

Veo que no tardó mucho en mudarse a nuestra casa nuevamente... No lo culpo, debe ser difícil mantener esta casa y a la vez una a parte con su familia.

Sus niños jugaban y no pude evitar sonreír al ver a Samuel siendo feliz.

No sabía cómo llamar su atención, el tiempo pasaba y quería hablar con él, pero nada, no me veía.

Estuve como 5 minutos intentando que me viera, pero nada... Era una mierda. Debí haber prestado atención a las instrucciones de Sabrina.

Ya debía volver, había pasado ya 8 minutos y no sabía cómo volver. Comencé a desesperarme porque verdaderamente no recordaba cómo hacerlo.

La fragancia a muerte se sentía cada vez más cerca, la parca sabía que mi alma no estaba en su prisión corpórea y venía a reclamarme...

Academia De Magia "La Profecía De Megan Adiuvat"Donde viven las historias. Descúbrelo ahora