No sabía cuanto tiempo llevaba aquí tumbada, con los ojos cerrados y pensando en todo y en nada a la vez, pero comencé a estar incómoda cuando la luz del sol se hizo más notable en la habitación, aunque le diera la espalda.
Mi posición de estar bocarriba ya me había cansado, por lo que di la vuelta para poder descansar un poco más. Nunca se sabía cuando podía ser la última vez que fuera a tener un momento tan tranquilo como este.
Flexioné mis piernas de modo que me acurrucaba sobre mí misma. Llevé mis manos debajo de la almohada, y fue un momento, apenas dos segundos, pero sentí que ya no seguía sola en la habitación.
Parpadeé varias veces para acostumbrarme a la potente luz solar, y entre un abrir y un cerrar de ojos, vi una silueta que no tendría que estar ahí.
Los abrí permanentemente con el corazón en un puño, deseando que hubiera sido una imaginación.
Al verme la cara, que a primera vista parecía desfigurada, de ese monstruo tan cerca de mí, me levanté de la cama lo más rápido que pude, chillando por el camino sin poder evitarlo, con la intención de salir de la habitación.
Miré atrás una última vez para asegurarme de que no me seguía, o por el contrario podría morir de la angustia que me producía que me persiguieran. Siempre me daba la impresión de que me iban a coger por muy rápido que estuviera huyendo.
Para mi fortuna, o desgracia, aquel ser seguía en mi cama, mirándome con una media sonrisa en la cara mientras huía de él. Lo supe porque me giré para comprobarlo.
Apenas había llegado a las escaleras, porque claramente pensaba salir de la casa aunque no me persiguiera, cuando una puerta se cerró de golpe.
Di un respingo, quedando bloqueada en cuerpo y mente. Conseguí mirar en la dirección de donde había salido, con miedo de que ahora sí hubiera decidido venir a por mí.
Nada. No había nada. Pero sin embargo ahora sí que estaba cerrada. Decidí no perder más tiempo y echar a correr de nuevo.
No había bajado ni tres escalones, cuando en vez de ser una única puerta cerrándose, ahora eran muchas más. Diría que toda la casa estaba en movimiento, pero no me atrevía a mirar atrás. Sólo quería concentrarme en bajar los escalones de uno en uno sin que los fuertes ruidos me hicieran trastabillar y caer.
Bajé tres o cuatro escalones antes de detenerme, dándome cuenta de que no podía aguantar todo esto por mucho más. Me dejé caer en un escalón, abrazándome las piernas y escondiendo la cabeza entre ellas. Lloraba y temblaba, y ningún pensamiento podía parar eso. Me puse a rezar mentalmente, o tal vez susurrando, no había manera de saberlo con tanto alboroto.
Recordé de pronto la vez que Luke vino a socorrerme, en realidad fueron dos veces, cuando comenzaron a aparecer Julia y el niño pequeño. No podía creer que solo hubieran pasado tres días desde entonces. Parecía que llevaba aquí meses.
Pisoteé el suelo con el pie intentando quitarme el estrés y el nerviosismo que se acumulaban en mi interior con cada golpe que las puertas producían.
Luke no venía a sacarme de aquí. Pero sabía que en cuanto lo hiciera todo volvería a la normalidad, como ocurría siempre que estaba presente. Como si Julia y su hermanito tuvieran miedo de que les viera, cuando en realidad no era así.
Esto no puede acabar así. No puedo desaparecer del mundo de esta manera. Hay muchas cosas que me quedan por hacer. Lo sé. Estoy segura.
El aterrador ruido dejó de resonar por mis oídos a través de mis manos. Me atreví a alzar la cabeza, no sin que las manos me temblaran cuando traté de levantarme. Miré todo mi alrededor, rezando por estar completamente sola, quitando a Luke, que tendría que estar cerca si todo había cesado.
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No confies en los fantasmas || Luke Hemmings
FanfictionSolo una chica normal, en una casa no tan normal.