El navío se abría paso entre las olas que se estrellaban de manera constante contra el casco de madera. El balanceo violento del barco arrastraba las jaulas de acero de un lado al otro. Los tripulantes, además de luchar por evitar ser golpeados por las jaulas y los barriles, se apoyaban sobre las bordes para expulsar sus almuerzos debido a las nauseas. Solo uno de los hombres mantenía su postura con serenidad; seguramente porque ya tenía experiencia navegando, la suficiente como para seguir erguido sin necesidad de aferrarse a uno de los mástiles.
La tripulación no estaba equivocada, este hombre sí ha navegado muchas veces durante toda su vida, y muchos de esos viajes han durado mucho tiempo (siendo los más longevos, totalmente en el océano sin tocar tierra, de 3 meses o poco más). Gracias a esos viajes el ha aprendido cómo guiarse, cualquiera podría decir que él conoce al océano como conoce cada uno de los mechones de su larga barba (no como la palma de su mano porque eso ya sería demasiado).
Ese hombre, al igual que Drago, Grimmel o el mismo Estoico el Vasto, antes de que su hijo lo cambiara, su pasatiempo más grande siempre fue cazar dragones. No solo porque lo apoyaron desde que atrapó a su primer Groncole cuando tenía 17 años, porque disfrutaba como se sentía estar por encima de los dragones cuando los atrapaba, ni por la paga que le daban algunos otros pueblos; es su deber. ¿Y qué si arriesgaba su vida de vez en cuando o si tenía que viajar muy lejos de su casa? es un vikingo, es un gaje del oficio
Él y los cazadores se dirigían hacia los mares del oeste, arribando de isla en isla cumpliendo su cometido, con el objetivo de encontrar más dragones de variedades diferentes, aunque por alguna razón estaban escaseando. Era extraño, hace años podía jurar que esas bestias salían de la nada constantemente, como si los dioses los lanzaran para molestar a los humanos o para probar si habían más humanos dignos de entrar al Valhalla. Él personalmente solo los veía como una peste más con la que había que lidiar; sin embargo, con el tiempo se dio cuenta de que ya poseían cierto valor para algunas naciones, o, inclusive, para él mismo.
Ese no era el único navío de los cazadores; una flota de 3 barcos, todos de la misma magnitud, acompañaban a ese gigantesco vikingo. Otros barcos, más pequeños que ese, estaban adelantados para inspeccionar los desconocidos archipiélagos. Uno de esos barcos había regresado hasta la flota nodriza. Uno de los hombres de ese navío quería informar algo que vio.
-Encontramos un dragón leñador en unas islas del sureste-, explicó. Los cazadores ocupaban algunos de esta especie en específico. -Pero se nos escapaba. Como huyó hacia el norte lo seguimos. No sabíamos si era ese mismo, u otro dragón, pero era de la misma especie y le lanzamos una flecha acertando a un ala.
La historia se estaba demasiado larga para el cazador líder. No estaba llegando al punto, pero decidió tener paciencia.
-La bestia cayó a una isla que parecía un montaña, pero de cúspide plana. Por días no encontramos manera de entrar, especialmente porque la isla está poblada y montaron guardia...-, esa parte empezaba a llamarle la atención, -al cabo de unas semanas escalé hasta la cima de la isla. Me adentre en un bosque y busqué al dragón. Me terminé topando con una mujer que estaba jugando con el dragón en la copa de los árboles. La observé por unos segundos hasta que se bajó junto a la bestia y me notaron. Escapé con suerte... y he me aquí.
-¡¿Y el dragón?!-, alzó la voz con decepción.
-No lo tengo, Viggo-, respondió el hombre. Se acababa de dar cuenta de lo que hizo: embriagó uno de los vikingos más peligrosos que conocía con un cuento sobre cómo encontró a un dragón importante para luego decirle que no tiene a ese dragón tan valioso. Viggo se veía cada vez más aterrador, a pesar de que su rostro mantenía serenidad. Su voz comenzó a temblar y formular una palabra se convirtió en una odisea. -N-no sab-b-bía que hacer. C-c-c-cr-creemos que s-s-son como los mitos.
Viggo, no quería creerlo, ¿pero qué tal si era verdad? ¿De verdad existían personas que montaban a esas bestias? Quién estaría tan mal de la cabeza para hacer algo así? Además, hace años no escuchaba acerca de esos tipos... ¿y si volvieron?
Él no quería aceptar, aún, que existían humanos capaces de coexistir así con los dragones. Sí había oído o visto a uno que otro anciano querer hablar con los dragones o alimentar en secreto a algún dragón de jardín, pero nada cómo eso. Igual siempre que veía esos casos él mismo educaba a todo el pueblo a cerca la crueldad y maldad de los dragones; así conseguía aliados.
Viggo, dejó al hombre ir con el objetivo de que le trajera el dragón lo antes posible. Luego, él mismo iría al pueblo para conocer personalmente a su jefe. El hombre le marco la misma ruta que utilizaron para llegar aquella isla y se fue...
Él aún no creía en ello...
No hasta que observaron a un leñador volar bajo y lo capturaron. Cuando el dragón cayó sobre el barco dos niños cayeron de su espalda. La creatura tenía una montura, como de caballo. Fue ahí donde él abrió su mente hacia esta idea, y si era posible entender más de ella a través de los niños que estaban en su barco
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HTTYD/CEATD: Dragones y Humanos
FanfictionEl líder del nuevo Berk, Hipo, junto con su familia, se enfrentará al mundo y a una nueva amenaza con la esperanza de que este cambie para que algún día en el futuro pueda volver a ver a su mejor amigo y volar con él otra vez.