Carta número 14.

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*Por favor lean la carta con la canción y después vean el vídeo con la letra. Gracias.*

 Sin excepciones, love yoruself, love myself.

Cuando era pequeña soñaba una y otra vez con cómo sería mi vida cuando cumpliera la mayoría de edad. Al principio me imaginaba siendo una increíble y delgada bailarina, aunque lo de delgada en ese momento no me importaba mucho, pero como todas las mierdas que tiene la sociedad el estereotipo de bailarina de ballet era el de una chica delgada con unas piernas infinitas e increíbles. Poco después esa imagen cambió y me imagine jugando a mis 18 años al baloncesto, algo que he conseguido, pero me imaginaba feliz, jugando en un equipo donde se respetara al jugador y ganar no fuera tan importante como el mejorar y aprender. 

Siempre he tenido una imaginación muy activa, por eso me encantaba dibujar y escribir, tenía miles de cuentos escritos desde que aprendí a escribir sobre los siete años hasta los once donde empecé con cartas e historias ya no tan infantiles. Por eso todas las noches soñaba con el futuro, con cómo me gustaría que fuera mi futuro. Soñaba con un castaño de pelos rizados y ojos verdes que siempre llevaba los rizos echados hacia atrás por una bandana  que variaba de color según la ropa con la que me le imaginara. Obviamente nunca he conocido a ese chico pero supongo que mi prototipo en aquella época de niña pre-adolescente era ese, aunque luego eso no se cumplió para nada. 

También soñaba con tener un perro, y creo que eso junto con lo de llegar a los 18 jugando ha sido lo único que he conseguido de todo lo que soñaba y sueño. 

Lo que aquella niña de siete años nunca imaginó es que cada vez la vida se pone más y más difícil, que no todos podemos tener una familia feliz y unida, ni celebrar los cumpleaños juntos, que la mayoría de veces iba a estar sola, que la gente que parece quererte en realidad mienten y que los sueños son eso, sueños. 

Durante todos estos siete meses que llevamos del 2019 empezando por el segundo uno donde estaba felicitando el año a mi hermano y a mi familia materna he estado pensando en aquella niña mandona y sabelotodo pero con una imaginación increíble que hoy en día es una mujer que está aprendiendo a quererse a sí misma, con sus fallos, con sus problemas, con su  vida en general y con todo el peso que lleva en sus hombros. 

No es un camino fácil, hay muchos altibajos, de la nada me pongo a llorar e igual que lloro al segundo estoy riendo. Y por desgracia la vida no es un libro que puedo empezar a leer por el final, como hago siempre, para poder saber cómo va a acabar. Dicen que la vida enseña, y yo estoy aprendiendo a saber soportar lo malo y aprender a buscar lo bueno.

Si leéis las frases estas chorras que hay por todas las redes sociales que te hacen sentirte identificado porque son más tristes que otra cosa, la mayoría tienen razón, pero ¿por qué? Muy sencillo, no somos únicos, no somos imprescindibles, no somos diferentes unos de otros. Todos lloramos, muchos hemos pasado o pasamos por las mismas situaciones que nuestro vecino, por eso nos sentimos identificados con esas frases o con alguna de estas cartas. Así que la pregunta del millón ¿me siento diferente o única o especial por escribirlas? No, la verdad es que no. ¿Me agrada que me digan que les gusta lo que escribo? Por supuesto, a todos nos gusta que nos alaguen por algo que hemos hecho, pero no me gusta hablar de muchas de las cosas que escribo. Esto para mí siempre ha sido una forma de escape.

 En clase muchas veces no podía prestar atención, no porque me aburriera la explicación de la profesora, que también, sino porque mi mente no podía parar de darle vueltas a algo por lo que tenía que escribirlo, llegó un momento en que tenía tantas cartas escritas tanto en apuntes, en hojas de clase, en deberes, en los bordes de las hojas de ejercicios, en papeles en blanco, en possits que ya no sabía dónde guardarlas así que decidí que una buena forma de guardarlas era escribiéndolas en el único sitio al que nadie de mi familia tiene acceso, el ordenador. Pero cuando el problema se volvió más real todo eso cambió. 

Volví a dormir de más, dejar el móvil de lado, olvidarme de los demás y simplemente soñar en cómo serían las cosas si hubiera sido de otra forma. Todas y cada una de las noches recordaba a la pequeña niña de coletas castañas subirse las gafas mientras se concentraba en escribir recto en un folio sin líneas y deseaba volver a aquella época, no quería seguir hacia delante, no quería seguir mintiendo a todo el mundo. Todo es más fácil cuando no tienes que esconderte de quien realmente eres. 

Pero después de la tormenta siempre comienza a verse algo de claridad entre las nubes grises, fue dejarlo salir y quitarme un peso de encima, fue ver aquella serie y llorar porque yo también quería que llegara mi momento de ser feliz, quería poder sentirme normal por una vez en mucho tiempo, poder dormir tranquila sabiendo que si le contaba a alguien lo que soñaba nadie se reiría de mí, no me mirarían mal, no me dirían que estoy enferma cuando sé perfectamente que no lo estoy, al menos no por esa razón. Pero un día me confesé con mis amigas. 

Soy bisexual, y estoy muy muy pillada de una chica. 

Y aunque en ese momento me sentía horrible conmigo misma por estar cargando a mis amigas con uno de mis problemas el hecho de que me apoyaran me dio fuerzas para hablarlo, para poder por una vez abrirme completamente y ser como realmente soy. 

Mentiría si dijera que fue fácil o que es fácil, porque nadie en mi familia lo sabe, y me da mucho más miedo decírselo, sé que en algún momento tendré que hacerlo, y lo haré, pero primero me centraré en mí y en saber quererme como soy sin censurarme ante nada o nadie. 

Con el paso del tiempo se vuelve más fácil hablarlo, se vuelve más fácil hablar de ella, se vuelve más cómodo el que la gente se entere de una forma o de otra, se siente más correcto el ser sincera, el ser yo misma. 

Por ahora trato en olvidarla, es mayor y tiene pareja, a su lado soy insignificante, pero todas y cada una de las chicas en las que me fijo son inalcanzables, pero no me preocupa, siempre puedo escribirlas cartas que nunca recibirán. 

Esto no viene a cuento pero escribiré sobre el tema, eso es obvio, así que me saltaré un par de párrafos que tenía pensando incorporar aquí y acabaré la carta que parece que se está haciendo eterna. 

No importa tu religión, no importa tu color de piel ni la forma de tus ojos, si llevas gafas o no, tu estilo de vestir o tus gustos musicales, y mucho menos tu orientación sexual. No estás solo, ese pequeño al que recuerdas todas las noches no se ha ido, sigue aquí, leyendo esto, y solo quiere que sigas siendo feliz. Encuentra algo que te haga feliz, que te entretenga, que te apasione, algo que te haga querer seguir adelante, porque sí, las hormonas muchas veces nos juegan malas pasadas y lloramos simplemente porque sí, pero te quiero recordar una cosa: Somo quienes somos y pasamos por lo que pasamos porque tenemos que llegar a ser lo que queramos. 

Sé feliz, estoy contigo.

Cartas para él.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora