Capítulo 5.

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En ese momento Andrea y Jesús aparecieron por detrás. Sentí un alivio que hizo que me entraran ganas de llorar de lo agradecida que estaba. 

-¡Ya era hora! ¿dónde narices os habíais metido? - pregunto alterada.

-¿Cómo que dónde narices nos habíamos metido? ¡Habéis sido vosotros los que os habéis ido sin avisar! ¡Y sin decir nada, ni si quiera me has llamado! - me contesta Andrea saltando a la defensiva. 

-¡Pues claro, queríamos dejaros hablando solos! - contesto respondiendo en voz de todos.

-¡Bueno ya está! - se sobresaltan los dos gemelos al unísono. 

Reímos las dos al ver la compenetración que tuvieron. 

Y rieron ellos después. 

Decidimos volver a casa ya que a lo tonto eran las nueve de la noche.

Jesús y Dani nos acompañaron a casa, puesto que la suya estaban dos manzanas más adelante. 

Por el camino íbamos en parejas. Dani y yo delante, y Jesús y Andrea detrás. 

Íbamos hablando, riendo. 

-¡Vaya parejita eh...! - exclama Jesús a las espaldas. 

-Pues anda que vosotros, no os quedáis cortos. - contesta Dani en tono picarón mientras echa la vista por el encima del hombro.

Me giro y miro a Andrea, le sonrío y me vuelvo. 

Ya llegamos. 

Nos despedimos de Jesús y Dani dándoles dos besos y un abrazo a cada uno. 

Abracé a Dani como nunca le había abrazado antes y le di un beso en la mejilla.

Me sonrió, y provocó mi sonrisa.

Narra Andrea:

Estaba dandole el abrazo a Jesús cuando me susurraba al oído "recuerda nuestra promesa, eh". 

Sonreí sin que pudiera verme, y le contesté.

-Para siempre. - dije en su oído mientras me despegaba de él. 

Volví a sonreír mientras él me miraba y me sonreía con una sonrisa de oreja a oreja.

Hicimos un gesto de adiós con las manos y abrimos la puerta de casa.

Narra Dani:

Dejamos a Paula y a Andrea en su casa. Y emprendimos camino hacia la nuestra.

Ibamos caminando mirando hacia el suelo, los dos. 

Suspiraba de vez en cuando, y miraba hacia arriba. 

En un momento nos miramos, y Jesús me echó una mirada.

Quería que le contara lo que había pasado, Jesús sabe cuando me pasa algo y cuando no.

-A ver, antes de nada. No pienses cosas extrañas. - comencé.

-Venga, y no te enrolles. - me contestó dándome un leve golpe en el hombro.

-Como bien ya sabes, queríamos dejaros solos, así que es lo que hicimos. Nos fuimos del estanque y nos quedamos Paula y yo en el parque. Estábamos sentados debajo de uno de los árboles, cuando no sé por qué narices me dio un impulso y empecé a hacerle cosquillas. - tragué saliva y seguí relatando. - Entonces, acabé encima de Paula, sin darnos cuenta. Y bueno, la besé, y ya está. Después me di cuenta, y le pedí perdón, pero se me acercó ella y me volvió a besar. - terminé.

Jesús hizo gesto de que me relajara, y seguí hablando.

-Pero es que si la hubieses visto, estaba tan guapa, y parecía tan decidida y segura de sí misma.

Mi sur, mi norte y mi agonía. (Daniel y Jesús Oviedo)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora