En ese momento Andrea y Jesús aparecieron por detrás. Sentí un alivio que hizo que me entraran ganas de llorar de lo agradecida que estaba.
-¡Ya era hora! ¿dónde narices os habíais metido? - pregunto alterada.
-¿Cómo que dónde narices nos habíamos metido? ¡Habéis sido vosotros los que os habéis ido sin avisar! ¡Y sin decir nada, ni si quiera me has llamado! - me contesta Andrea saltando a la defensiva.
-¡Pues claro, queríamos dejaros hablando solos! - contesto respondiendo en voz de todos.
-¡Bueno ya está! - se sobresaltan los dos gemelos al unísono.
Reímos las dos al ver la compenetración que tuvieron.
Y rieron ellos después.
Decidimos volver a casa ya que a lo tonto eran las nueve de la noche.
Jesús y Dani nos acompañaron a casa, puesto que la suya estaban dos manzanas más adelante.
Por el camino íbamos en parejas. Dani y yo delante, y Jesús y Andrea detrás.
Íbamos hablando, riendo.
-¡Vaya parejita eh...! - exclama Jesús a las espaldas.
-Pues anda que vosotros, no os quedáis cortos. - contesta Dani en tono picarón mientras echa la vista por el encima del hombro.
Me giro y miro a Andrea, le sonrío y me vuelvo.
Ya llegamos.
Nos despedimos de Jesús y Dani dándoles dos besos y un abrazo a cada uno.
Abracé a Dani como nunca le había abrazado antes y le di un beso en la mejilla.
Me sonrió, y provocó mi sonrisa.
Narra Andrea:
Estaba dandole el abrazo a Jesús cuando me susurraba al oído "recuerda nuestra promesa, eh".
Sonreí sin que pudiera verme, y le contesté.
-Para siempre. - dije en su oído mientras me despegaba de él.
Volví a sonreír mientras él me miraba y me sonreía con una sonrisa de oreja a oreja.
Hicimos un gesto de adiós con las manos y abrimos la puerta de casa.
Narra Dani:
Dejamos a Paula y a Andrea en su casa. Y emprendimos camino hacia la nuestra.
Ibamos caminando mirando hacia el suelo, los dos.
Suspiraba de vez en cuando, y miraba hacia arriba.
En un momento nos miramos, y Jesús me echó una mirada.
Quería que le contara lo que había pasado, Jesús sabe cuando me pasa algo y cuando no.
-A ver, antes de nada. No pienses cosas extrañas. - comencé.
-Venga, y no te enrolles. - me contestó dándome un leve golpe en el hombro.
-Como bien ya sabes, queríamos dejaros solos, así que es lo que hicimos. Nos fuimos del estanque y nos quedamos Paula y yo en el parque. Estábamos sentados debajo de uno de los árboles, cuando no sé por qué narices me dio un impulso y empecé a hacerle cosquillas. - tragué saliva y seguí relatando. - Entonces, acabé encima de Paula, sin darnos cuenta. Y bueno, la besé, y ya está. Después me di cuenta, y le pedí perdón, pero se me acercó ella y me volvió a besar. - terminé.
Jesús hizo gesto de que me relajara, y seguí hablando.
-Pero es que si la hubieses visto, estaba tan guapa, y parecía tan decidida y segura de sí misma.
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