Capitulo diez: "Cuerpos sin almas"

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B E N

12:30 a.m

Es horrible ¿saben?

Contener algo y no poder expresarlo.

Guardártelo para ti mismo y que se pudra dentro de ti. Es algo que al principio es como un simple dolor, una simple herida pero que pronto se convierte en veneno, un veneno mortal o un veneno de tortura que siempre está ahí toda tu maldita vida.

Soy un monstruo y ahora me voy a convertir en uno más temible. Una maldita basura que arruina la vida de las demás personas. O peor aún, una marioneta de trapos sucios y asquerosos.

—Tengo que hacerlo—me digo a mí mismo mientras veo a Paul Hawkins comprando algo en una gasolinería Estoy observándolo, justo como un depredador que asecha a su presa—. Por Marianne...

A N T E S

3:30 p.m.

B E N

Aire de Diosa.

Cabello negro como sus ojos.

¡Sus ojos! ¡Oh! son lo más hermoso y terrorífico que puedas ver. Los ves y te pierdes en ese mundo. Son como dos planetas o como el mismo universo.

—¿Qué?—Marianne sonríe alegre—¿Qué te pasa?—ríe.

—Eres muy hermosa, eso pasa.

Marianne esboza una sonrisa, sujeta mi mano y empieza a caminar. Ella me jala hacia ella y yo la miraba embobado mientras caminábamos a la feria.

Ella le encanta cuando hay ferias en el pueblo, le recuerda cuando era pequeña y su madre la llevaba. Se montaba en el carrusel y en la rueda de la fortuna. Cuando se iban le compraba un algodón gigante de azúcar.

Todos los del pueblo estaban aquí. Olía a comida y se escuchaba las risas de los pequeños. Los dueños de los puestos regañando a los perros que se acercaba a robar la comida de algún descuidado. Los colores vivos de la feria y el color de la tarde eran perfectos para este día.

—¡Mira!—Marianne señala un letrero con muchos colores que decía "Acierta y lleva"

—¿Quieres que te gane un premio?—pregunto divertido mientras me dirijo hacia el puesto.

—No, yo lo voy hacer—Marianne sonríe y se adelanta. Mira con detenimiento los premios. Eran muy bonitos. Unos eran muñecos de colores. Otros eran carros de los 80's en versión miniatura.

—¡Definitivamente ese!—los ojos de Marianne se iluminan al ver lo que quería. Yo no podía ver cuál había decidido aún, ya que eran muchos.

—Tienes tres oportunidades. Y debes de darle con la piedra a aquél punto rojo que está allá—explica el dueño  señalando al pequeño punto que se encuentra en la pared —.Y te llevas cualquiera de estos.—señala la gran cantidad de juguetes. Parecía un pequeño museo.

Decidí pagar las tres piedras de colores. Marianne estaba muy ansiosa por jugar.

—¡Qué divertido!—ríe cuando ve las piedras en sus manos.

15 SEGUNDOSDonde viven las historias. Descúbrelo ahora