11. Visitando a la abuela Tina

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¡Mamá, mamá!, ¿té encuentras bien?– le conteste preocupado.
– ¡Quitate mocoso, por tu culpa tu padre Joe no me quiere!– explico gritando.
– ¿Qué hice mamá?– dije entre sollozos.
– ¡Ojalá no hubieras nacido!– me contesto molesta.
                         ..........
– ¡Nooooo!– grite mientras me despertaba de la pesadilla.
Me levantó todo empapado de sudor así que me desperté para ir a bañarme.
Después de comer con mi Kin decidí ir a ayudar a las personas (pensandolo bien no he comprado los útiles de la escuela, ni modo tendré que esforzarme al doble).
Le ayudó a la misma viejita que me dió una bolsa de caramelos, (creo que tenía botones) en fin todo se agradece. Terminó de ayudarle y me da en monedas $866 pesos, le explicó que es demasiado pero lo único que obtuve fué: un coscorron y una regañada al no aceptar esta pequeña cantidad.
- Hijo, deberías divertirte como otros niños y no ayudarme- me replico la ancianita.
- Lo sé señora, pero mamá me enseñó a ser siempre buena persona- le dije como tipo excusa para no afirmar que por necesidad, además aprendo mucho al ayudar.
- ¡No me digas señora!, dime solamente Bertha ó abuela Sánchez, como gustes y muchas gracias por tu ayuda hijo, que Dios te bendiga y te dé más-.
Asentí con la cabeza y la abrace (esa calidad y dulzura no la he sentido en mucho tiempo).
Me dirijo a mí casa y veo a un señor vendiendo ramos de flores, le compro dos rosas, uno para mamá y otro para la abuelita Tina (pensándolo bien no la he visto desde que hablo con mamá, me pregunto ¿qué estuvieron hablando?).
Llegó a mi casa y colocó la rosa en un jarrón pequeño con una nota para mamá, después de eso me llevo a mi kin para ir a visitar a la abuela Tina.
Llegó a su casa, las decoraciones, el jardín y el color de la casa cambió, está muy bonito, trató de alcanzar el timbre pero no puedo así que tomó una piedra grande para lograrlo y milagrosamente de puntillas tocó el timbre.
Ding, dong.
– ¿Sí, quién habla?– me contestó una voz masculina.
– Disculpé buenas tardes ¿podría ver a la señora Tina?, mí nombre es Sunset– le contesté tímido.
– Lo siento, ahorita ella se encuentra ocupada y no tengo permitido abrirle a nadie que no tenga la tarjeta especial, pero sí gusta le puedo comunicar su recado- me dice amablemente.
– Aaaa okey muchas gracias, no así está bien– le dije desanimado.
- Sin más por el momento que tenga buen día joven– me contestó.
Me siento en la roca esperando, al cabo de 10 minutos se abren las rejas, yo curioso me asomó y veo a la señora Tina caminando hacía mí mientras regaña al señor de traje negro.
– ¡Mí niño pásale!, disculpa a mí guardaespalda es nuevo y un poco reservado– me dijo mientras me abrazaba.
Le entregó la rosa, me agradece y me da un beso en la mejilla.
Rápidamente mi perro se aproximó hacía la abuelita Tina moviendo la cola, es su reacción de agradó, ella lo acaricia.
– ¡Mira que bonito perro!, ¿cómo se llama mí niño Kymer?– me dijo tiernamente.
– Se llama Kin, es mi amigo leal– le conteste feliz.
– Ya veo, está bonito, ven pásale ¡te tengo una sorpresa!– me dijo mientras me toma de la mano.
(Sentí aquella suavidad y calidez que casi nunca había experimentado desde que mí madre se divorció de mi padre).
En ese instante le agradecí por cada cosa que ha hecho por mí.
– ¡Gracias mi niño!, pero no tienes porque agradecerme, eres muy lindo– me dijo dulcemente mientras se agacho para abrazarme.
(¿Cuándo fué la última vez que recibí un abrazo o cariño?).
La abuela Tina me dió de comer (ya qué no sé como se dió cuenta que tenía hambre), y para mí asombro me ofreció todos los útiles de la escuela, además quería hablar de un tema serio conmigo.
– Sunset vamos arriba, necesito hablar contigo y que tomes una desicion – me dijo seriamente mientras me tomaba de la mano.
(Lo único que se me venía a la mente en este momento es;
¡cómo extraño el cariño de una madre!).

¿Otra vez?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora