Capítulo 3: Discriminación

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Despierto y se siente raro no ver a mi esposo a mí lado en la cama.

Desde que se fue no puedo dejar de pensar en él.

Me hace falta ver su hermosa silueta en la cama y sentir sus labios contra los míos o en mi frente; extraño acariciar sus mechones de cabello mientras vemos televisión y por supuesto extraño esos momentos en que nos abrazamos y dejaba impregnado en mí su aroma.

Supongo que algún día tendría que suceder esto. 

Me levanto de la cama y bajó a la cocina para hacer el desayuno. Abro el refrigerador y solo puedo ver un par de huevos, el envase de leche con muy poco contenido, una manzana y una zanahoria.

¿Es en serio? ¿Tan rápido la comida se ha acabado?

Cierro el refrigerador y busco en la alacena. Hay solo una caja de cereal, vacía. Me da pena el ver que no tengo absolutamente nada.

Pero me da más pena el saber que ni dinero tengo para comprar comida.

¡Esto es tan frustrante!

Aunque tal vez haya una forma en la que pueda salvarme. Voy a la cocina y abro el cajón donde están los cubiertos.

Busco una pequeña abertura y quito la tabla, donde están los cubiertos, después la pongo sobre el lavabo.

- ¡Genial! - miró sorprendida el cajón, ya que el dinero que hemos guardado Declan y yo, aún está.

Tomo solo una parte y la guardo en mi cartera. Vuelvo a poner la tabla con todos los cubiertos en ella y cierro el cajón.

Siento un gran alivio, no todo está tan mal como creí, ahora con el dinero que he encontrado podré hacer las compras y abastecer la alacena de la casa.

Voy a mi habitación y empiezo a cambiarme, ¡es hora de ir a la ciudad!

Tomó una bolsa y meto mi cartera en la bolsa de mi pantalón, sostengo en mis brazos a mí hija y salimos de casa.

Después de pasar el bosque, al fin empieza a escucharse el bullicio de la gente y los autos.

Me dirijo al centro comercial, entro y busco aquellas cosas que me hacen falta.

Pasando por uno de los pasillos, a lo lejos veo a un hombre que está de espaldas y que físicamente es idéntico a Declan.

¿Es posible que sea él?

Hago a un lado el carrito, me acercó sigilosamente y tomo con delicadeza su hombro.

- ¿Declan? - pregunto un poco temerosa.

- ¿Disculpe? - voltea aquel hombre y me mira extrañado. Me desilusionó al ver que no es Declan, de espaldas lo parecía, pero viendo de cerca, no se parece en nada. 

Tal vez solo debió ser mi deseo de querer verlo. 

-Perdón me equivoqué de persona. - apenada quito mi mano de su hombro y vuelvo a donde estaba mi carrito con las compras.

Será mejor que deje de buscarlo, está claro que él ya no quiere nada conmigo.

Voy a la caja para pagar, salgo de ahí y ahora pretendo ir al pequeño mercado, para comprar fruta y verdura, ya que la que venden en el super no me gusta.

Camino por los puestos y solo siento como toda la gente me mira, es cierto que en esta pequeña ciudad ya todos se conocen y ver a alguien desconocido les extraña. 

Por eso me hacen sentir un bicho raro.

Escondo la cabeza de mi hija entre mi pecho, si van a ofender a alguien que sea a mí y no a ella, que no tiene nada que ver.

Las personas que me atienden en sus puestos, me tratan mal, como si fuera una persona con una enfermedad contagiosa, me barren con la mirada y en ocasiones la gente que va caminando por la calle llega a empujarme o lanza indirectas contra mí, sin embargo, las paso de largo y sigo mi camino. 

- ¿Entonces cuánto es? - pregunto amablemente a la señora que me atiende.

-50 pesos. - responde con mal genio.

-Pero si hace un rato me dijo que eran 35. - la miro extrañada.

-Es que estoy dándole más de lo que es.

-Pero yo no se lo pedí. - me quejo algo molesta. - quite lo que sobra.

-Es que ya he cerrado la bolsa.

-Pero es que... - la señora me interrumpió.

- ¿Lo va a querer o no? - me mira molesta, haciendo que todos alrededor terminarán de verme mal.

-Bien déjelo así. - tomo mi cartera y saco un billete. - aquí tiene. - se lo entrego, tomo mis bolsas y me voy de ahí lo más rápido que puedo.

Me sorprende cómo la gente de esta ciudad puede discriminarte en menos de cinco segundos, ahora entiendo porque Declan no quiso que viviéramos aquí, sino cerca de las montañas.

Con todo y mis compras vuelvo a casa, dejó a Ava acostada en el sofá, mientras acomodo todo.

Al menos todo lo que compre debe alcanzarnos para un mes y medio, aunque no debería preocuparme puesto que ahora sé que el dinero que Declan guardo, está aquí en casa y podré sobrevivir con ello. 

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