Capitulo 4.-

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Ana

—¿Plan B? ¿De qué hablas? ¿Cuál era el A? ¿Y por qué tienes esa sonrisa diabólica en tu cara?

—Solo prométeme que me ayudaras — lamí mi mano y la puse frente a él para que la tomara

—Ana eso es asqueroso...— frunció las cejas.

—Es la única forma de que nuestras promesas sean verdaderas ¿recuerdas?

—Está bien...— lamió su mano y las unimos. —Creo que es hora de irnos antes de que pase algo más, hoy no es tu día. — pedimos la cuenta, pagamos en el mostrador para que Pati no volviera y salimos del restaurante —¿Te gusto la cena?

—Sí estuvo rica, con el perfecto toque de Pati— dije séria, tratando de aligerar el ambiente

—Ana, espera...— se puso frente a mí y me tomo de los hombros—olvida solo por hoy ese estúpido diario, mañana yo lo recuperaré por ti, hoy solo recuerda que es tu noche. — solo espero que en serio no hallas leído el diario, no quiero que cambie nuestra relación, aunque para ti siempre seguiré siendo la niñita que conoció en el kínder al salvarla de una rana indefensa, para mí siempre serás el amor de mi vida.—Señora rana— pare en seco y lo mire fijamente ¿estoy hablando en voz alta o qué? —¿Recuerdas? Cuando fui tu Superman.

—Justo pensaba en eso— sonreí —¿A caso eres clarividente o algo así?

—Oh si pequeña Ana, mira esto — comenzó a hacer ruidos extraños mientras ponía sus dedos en la frente— ¿Piensas en helado verdad?

—Damián... pareces demente — solté una carcajada y comenzó a reír conmigo, lo tomé del brazo entrelazándolos y seguimos caminando hasta el parque donde había una pequeña feria.

—¡Mira! ¡Vamos corre!— comenzó a gritar como un niño pequeño — me tomo de la mano y me llevo casi arrastrando hasta la rueda de la fortuna.

—¡Espera! Damián para — me solté de él — yo no subiré ahí, estás loco— odiaba la rueda de la fortuna, tenía fobia a las alturas. Cuando tenía 12 años subí nada más y nada menos que con él y vomité arriba del juego, teniendo en cuenta que abajo había personas, desde ahí jamás volví a subir.

—Vamos, no pasa nada — me extendió su mano.

—Ve tú... yo estoy bien. — me crucé de brazos.

—Está bien... de menos acompáñame a la entrada del juego para que me cuides mi celular— rodé los ojos, comencé a caminar junto a él hasta llegar a la enorme estructura.

—¿Con quién subirás? — dije mientras miraba lo alta que estaba.

—¡Contigo! — me cargo por sorpresa y comencé a gritar y pedir ayuda, pero creo que a la gente le parecía tierno este acto de maldad contra mi persona porque solo reían y decían “qué bonito” “quisiera que mi novio fuera así”

—Damián por favor — le susurre cuando me subió a la canasta y serró la puerta de seguridad —¡Déjame salir maldita sea!— grite como si tuviera el demonio dentro.

—Adelante... sal — se sentó frente a mí y comenzó a reír, me levante, pero era demasiado tarde, estaba muy alto para poder bajar, ya había comenzado a girar, así que no me quedo de otra que volver a sentarme y aferrarme fuertemente a uno de los tubos de la canasta. — Tranquila — me miraba fijamente con una pequeña sonrisa en los labios.

—Esto no está bien...— sentía como cada parte de mí estaba temblando, comenzaba a hiperventilar.

—Ana ya...

—¿Por qué me haces esto...?

— Ya calma...

—Eres un idiota conmigo, ¿lo sabías?... — solté la frustración de mi ser —no soy uno de tus estúpidos amigos... ahora no puedo respirar, voy a morir y será por tu culpa, estoy hiperventilando, tengo que salir de aquí—  trate de levantarme de nuevo por la desesperación y él rápidamente se cambió a mi lado de la canasta y se sentó junto a mí.

—Mira hacia allá— paso su brazo sobre mis hombros tratando de tranquilizarme

—¡No hay nada solo la maldita pared de la biblioteca!— tomo mis manos que temblaban.

—Solo observa.

—Estamos demasiado alto...— la canasta siguió subiendo hasta llegar a la cima, donde se podían ver los tejados de las casas, el campo a lo lejos, la escuela y un perfecto cielo estrellado, la canasta se detuvo. —¿Por qué se detiene? Damián...

—¿Puedes ver tu casa desde aquí? — negué con la cabeza estaba a punto de llorar — inténtalo,  búscala.

—¡No sé dónde está mi maldita casa Damián! — la primera lágrima rodó por mi mejilla estaba a punto de decirle hasta de lo que se moriría cuando fuegos artificiales comenzaron a salir de uno de los tejados y no cualquier tejado era el de mi casa.

—Feliz cumpleaños Ana— limpio las lágrimas de mi rostro y saco una pequeña caja de regalo de su chaqueta— vamos ábrelo —lo tomé aún con las manos temblorosas  y quité la tapa, era un pequeño dije en forma de candado con pequeño diamante rojo en el centro, mire a Damián y lo abrace, no sabía qué decirle.

—Gracias...— él me devolvió, él abrasó.— bájame de esta maldita cosa — lo amenacé y apreté su cuello con el abrazo

—Está bien.... tranquila — se acomodó la corbata— Ya... Devuélvelo a la caja se lo pedí prestado a mi hermana— dijo serio y cuando vio mi cara de confusión comenzó a reír— No es verdad, es tu regalo de cumpleaños— me lo quito de las manos para después ponérmelo en el cuello— y yo tengo la llave de ese candado me mostró un dije que llevaba él, pero en forma de llave — ahora esto significa que tú sin mí no abres y yo sin ti no tengo nada que abrir... o algo así me dijeron en la joyería —comenzamos a reír juntos y sin darme cuenta la canasta ya había descendido, bajamos juntos y él le pago al sujeto que lo controlaba— ¿No fue tan malo o sí?...— negué.

—Gracias... —lo abracé fuerte, creo que por ahora el plan Recuperar El Querido Diario se puede posponer hasta mañana, ¿Qué puede pasar si espero solo una noche?

XXX:

La escuela estaba completamente oscura, el guardia de seguridad caminaba por los pasillos, pero era fácil esquivarlo, llegue hasta la dirección y ¡bingo! La puerta estaba abierta, entre rápidamente, saque mi linterna y comencé a rebuscar en los cajones y libreros, pero nada, se suponía que el profe lo traería... — Hola, diario — lo tomé del basurero y salí de ahí justo cuando fuegos artificiales que arrojaban en la feria comenzaron a iluminar los pasillos, el guardia me vio y tuve que correr a toda prisa, salte la barda y respire un poco antes de segur mi camino — el o la dueña de esto se dará a conocer por su propio pie.

El diario de... ¿Quien?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora