Capítulo 4 - Caníbal [Parte 2]

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El incendio... Está cerca. ¿Dónde están los... otros?

Habían pasado cinco minutos desde que aquel indigente se había ido corriendo, dejándome... Vivo.

¿Por qué lo había hecho? Se suponía que querían matarme.

Quién sabe qué hacer con mi cuerpo...

Parpadeé tras aquel acto de huida, y me volví a fijar en los demás indigentes que, en un segundo...

Retomaron su vista hacia mí.

Pero extrañamente... No quería moverme. No podía moverme. Miré a mi alrededor para orientarme, en el inmenso incendio a los alrededores del pequeño campamento y...

¿Gasolina...?

El peculiar olor de... Gasolina... Pero, ¿De dónde provenía?

Subí mis manos y me limpié un poco el sudor rápidamente, y una rara sustancia empezó a brotar de éstas...

Sí, definitivamente era gasolina.

¿Por qué mis manos estaban cubiertas de gasolina...?

¿Yo había echado la gasolina por el campamento...?

¿Había sido yo?

No lo recuerdo... Me duele la cabeza...

Pero no les importó.

Rápidamente atacaron, con más lanzas los tres caníbales.

¡Diablos! ¡Qué rápidos eran!

Los esquivé por casualidad y me coloqué al lado de un palafito sin fuerzas... Había usado excesivamente mi cuerpo.

Las uñas que previamente se clavaron en mi cuello hacían efecto, y el dolor era horrible. La sangre rápidamente se desbordaba por mi pecho, así que saqué de la mochila unas cuantas vendas y alcohol.

Vi a lo lejos y los otros dos caníbales peleaban entre sí. Uno lo tomó por las piernas y lo lanzó al fuego, mientras su piel se calcinaba lentamente en ello. Pero, había notado algo peculiar...

Sí, se calcinaba, pero se levantó, aún con el cuerpo cubierto en cenizas, estaba vivo. Aún tenía piel y estaba listo para matar. Se abalanzó hacia el otro y se montó encima, tomándolo de la cabeza y apuntando sus uñas filosas hacia sus ojos.

El otro empezó a gritar y a pegarle, pero éste no tuvo resultado. Cuando menos lo esperé, le había clavado las garras en el iris del ojo.

Puaj, qué desagradable. La sangre empezó a desbordarse por sus ojos como un volcán en erupción. Pero, su cuerpo... Seguía teniendo su último movimiento, y en eso logró tomar un pedazo de madera, pareciendo estaca y se la clavó al otro, el cual lentamente...

También se cubría en sangre.

Dios, qué violentos eran...

Pero yo no podía juzgar.

También me gustaba matar.

Pero no era tiempo de preocuparse... ¿Por qué se habían matado entre sí?

Quiero decir, parecían manadas... ¿Por qué acabar con su compañero?

No lo entendía, y tampoco lo quería entender.

Por otro lado...

Seguía en situación crítica.

Volví a la realidad, tras ver aquellos actos de violencia y empecé a mojar las vcendas en el alcohol, y en eso, un caníbal de abalanzó sobre mí, causando que tirase la botella. Viendo cómo se desparramaba por el suelo con rapidez.

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