Taehyung no esperaba enamorarse de un chico que vive más allá del bosque, en la ciudad del humo, un lugar prohibido para la gente de su mundo. Si bien, Taehyung sabe mentir y es capaz de encubrir sus travesuras una y otra vez.
Pero, ¿y si no fuera e...
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Pero Taehyung no tiene ninguna intención de acostarse todavía. Cierra el ordenador y lo aparta como si acabase de quitarse un peso enorme de encima. Se despereza y se revuelve el pelo siendo consciente de que tiene mucho trabajo académico por delante al cual no quiere enfrentarse.
Esta noche no.
Se levanta y camina descalzo por la habitación, blanca y ordenada, hasta asomarse a la ventana del décimo primer piso del edificio Wings de la residencia de estudiantes de la universidad. Es de noche, pero allá fuera todo es luz y neones brillantes que sacuden sus pupilas como rayos de sol en una mañana de verano. Ilsam Town nunca descansa. Sus calles están abarrotadas de transeúntes que van y vienen atareados con sus propios asuntos, pero haciendo más ruido del que Tae puede soportar. Haces brillantes surcan las carreteras allá por donde pasan los coches y el cyberraíl emite un zumbido insistente exactamente cada siete minutos.
«Una cápsula de melatonina te ayudará a conciliar el sueño». El mensaje aparece frente a los ojos de Tae, proveniente directamente del dispositivo de control metabólico que lleva en la muñeca izquierda gestionado por la interfaz Yaza, pero él lo descarta con un ademán.
Lo último que quiere es irse a dormir.
―Vamos, Tannie ―dice, cuando un Pomerania se desliza desde debajo de la cama―. ¿No querrás quedarte solo?
El perro emite un ladrido agudo por toda respuesta.
Las calles son frías, pero Taehyung no se ha abrigado con su mejor parca esta noche. Es demasiado llamativa y él pretende pasar desapercibido. Se abrocha su chaqueta negra mientras camina a paso rápido entre bulevares y pantallas que hablan de las vidas perfectas de la gente de Ilsam Town. «Cuántas mentiras», piensa, acelerando el paso con el andar desgarbado propio de la juventud.
«La cápsula 525A puede ayudarte a calmar los nervios», insiste Yaza.
―Bueno, ya estoy harto.
Se detiene frente al escaparate de una tienda en el que una holografía se reproduce en bucle destacando las múltiples utilidades de la interfaz Yaza para el control de la propia salud y manipula su dispositivo hasta apagarlo del todo. Después se mira en el cristal del establecimiento, reparando en el artificial azul de sus ojos que las lentillas inteligentes anexas a Yaza le proporcionan, y con un gesto seguro se las retira, guardándolas en su cápsula.
―Ahora nadie nos va a molestar más, Tannie. ¡Vamos!
Y echa a correr.
Antes de darse cuenta ha llegado a su destino. Se escabulle por el callejón, apartándose todo lo que puede de las luces de la avenida principal, y arrastra la tapa de la alcantarilla a un lado. Ahí abajo está oscuro y huele mal, pero el rostro de Tae se ilumina al ver la escalera que le llevará a otro mundo. Más allá de la Universidad. Más allá del bulevar. Mucho más allá de Ilsam Town. Un recorrido subterráneo hasta otro mundo en donde la gente vive de manera muy diferente a lo que él conoce. Un camino hasta la Vaporera, en donde reencontrarse con sus verdaderos amigos.
Toma al perrito Yeontan bajo el brazo y desciende en silencio con la emoción contenida del que siente que está siendo algo travieso. Y solo cuando está abajo, se coloca la capucha y comienza a andar a paso ligero. No hay tiempo que perder.
Aproximadamente hacia la mitad del camino, Taehyung se detiene y se esconde en una oquedad de la pared. Aparta un espejo quebrado y una madera vieja bajo la que guarda las ropas que necesitará en el otro lado. No puede presentarse en la Vaporera con sus botas de plástico reciclado que cuentan cada uno de sus pasos, aunque ese no es el mayor de sus problemas. Se quita la chaqueta y también la camiseta fluorescente que le da un toque moderno en Ilsam Town y se viste de nuevo con una camisa de lino, con amplias chorreras en cuello y mangas. Se coloca un petral de cuero con anillas metálicas, que ha oído que está muy de moda allá a donde se dirige y se mira al espejo para comprobar si su aspecto da el pego.
―Demasiado azul como para que no se note aunque sea de noche ―dice, revolviéndose el pelo con inquietud.
Yeontan emite un sonido quejumbroso pero se abstiene de ladrar mientras su dueño se cubre el cabello con un gorro de lana, esforzándose para que ningún mechón sea visible.
Parece satisfecho con el resultado al cambiarse las botas por unas de piel gastada, así que recoge las gafas protectoras que sabe que le harán falta para frente al humo que impera en la Vaporera y echa a andar de nuevo a paso ligero.
―Tannie, recuerda que no puedo tomarte en brazos una vez estemos en la calle. ―El perrito solloza―. Oh, vamos, no te pongas así ―dice, haciendo un puchero―. Las mascotas de la Vaporera no están tan mimadas como tú, pero sabes que te quiero igual aunque te obligue a caminar, ¿verdad?
Tannie emite un ladrido agudo cuando Taehyung se agacha para acariciarle la cabeza y darle un tierno beso entre las orejas.
―¡Vamos, perrito, no te quedes atrás! ―Y sale a correr dando brincos hacia la salida que ya se divisa a pocos metros de él.
La Vaporera es un sitio extraño. Es tan diferente a su ciudad natal que Taehyung no puede evitar mirar de un lado al otro con los ojos bien abiertos a través de sus gafas protectoras. Las calles apenas están iluminadas a esas horas de la noche y la gente pasea con calma entre los carromatos que se mueven con engranajes y mecanismos que Taehyung nunca antes ha visto.
Pero no quiere perder el tiempo. Esta noche ha venido a divertirse, a ser él mismo sin miedo a ser juzgado y jugarse su beca en la Universidad de Ilsam, en donde se forma con los mejores programadores de la ciudad. No es su vocación, pero no hay sitio para el arte en la ciudad de los neones. Taehyung sacude la cabeza para deshacerse de esos pensamientos y acelera el paso sin perder de vista a su Pomerania, que parece asustado. Dos calles más allá está el club que estaba buscando. La música reverbera por toda la calle pero es diferente a los tonos metálicos a los que está acostumbrado. Esta melodía fluye por el aire como si estuvieran entrelazados en una danza exquisita. Y Taehyung adora su sonido, tanto, que no puede evitar seguirla como si estuviera hipnotizado.
Entra el club y mira a un lado y al otro hasta encontrar lo que ha venido a buscar. O más bien a quién.
―¡Eh! ¡Taehyung! ¡Estamos aquí! ―grita una familiar voz desde la otra punta de la barra.
―¡Hobi! ¡Kook! ―exclama Tae, echándose encima de ellos para abrazarlos como si hiciera una eternidad que no los viera―. Espero que hayáis pedido algo para mí también ―dice al ver que los otros dos ya han empezado a comer.
―Por supuesto. No íbamos a dejar a nuestro mejor amigo sin cenar ―asegura Hoseok mirándole con cariño mientras le pellizca la mejilla como a un niño pequeño.
Es tarde, y Taehyung sabe que debería estar durmiendo para estar fresco al día siguiente y no decepcionar a Namjoon. Pero es joven, y necesita sentirse arropado y querido de vez en cuando. Y es con Hoseok y Jungkook con quien siente que puede ser el mismo. Así que no, esta noche ni siquiera tiene decidido cuándo va a volver a casa.