Llegué a casa después del instituto y me senté a la mesa dispuesto a comer. No había nadie en casa, pero mi madre me había dejado el plato de comida encima de la mesa.
Cuando terminé de comer, fui al salón y me tumbé en el sofá. Puse la tele y empecé a hacer zapping con tal de encontrar algo de mi agrado. Pero como siempre la tele era una mierda,así que decidí apagarla. Me saqué el móvil del bolsillo y me puse a mirar Instagram a modo de entretenimiento. Al rato me cansé y dejé el móvil en la mesa de cristal que había a mi lado.
Me puse a pensar en Agoney, en su cuerpo perfecto,en su enorme polla... y me puse bastante cachondo. Aproveché que estaba solo para disfrutar de mi ángel, así que me acerqué a la ventana y miré al cielo. Seguidamente dije:- Ago,ven. Te necesito...
Estuve unos 5 minutos esperando, pero no ocurría nada. Suspiré y me fui a mi cuarto dispuesto a masturbarme para que se me pasara aquel calentón. Me desnudé completamente y me tumbé en la cama. Agarré mi polla y empecé a mover la mano suavemente mientras cerraba los ojos para pensar en Ago.
Justo en ese momento, alguien cogió mi mano y la separó de mi miembro. Abrí los ojos y vi a Agoney justo delante de mí.- Nada de masturbarte,eres completamente mío a partir de ahora.
-A...Agoney... - tan solo pude decir su nombre.
Mi ángel me ató a la cama con unas esposas que llevaba colgando del cinturón. Me puso boca abajo y me desnudó completamente. Acercó sus manos a mis nalgas y empezo a acariciarlas.
-Ni se te ocurra hacer ruido, ¿entendido?- me dijo con una voz cortante y seria, en un tono dominante que me hizo estremecer.
-L-Lo intentaré, Agoney...
En ese momento me pegó un fuerte azote en mi nalga derecha, el cual la hizo rebotar y dejó una leve marca rojiza. Solté un pequeño grito cuando me azotó. Sí, me hizo daño, pero me gustó. Después del azote, me ordenó:
-A partir de ahora no me llames Agoney. Vas a llamarme amo o señor. Si no te daré azotes más fuertes que el que te acabas de llevar.
Asentí a modo de respuesta mientras jadeaba levemente a causa de sus caricias sobre mis nalgas, que no cesaban. Agoney empezó a mover su dedo por mi raja, bajándolo lentamente, hasta llegar a mi ano. Yo abrí un poco las piernas para que lo tuviera más facil a la hora de jugar con mi entrada. La acarició con su dedo corazón, sin meterlo. Justo después presionó mi cerrado y rosado ano con su dedo, abriéndose paso y metiéndolo un poco, provocándome unos cuantos gemidos.
-Así me gusta, que gimas para tu amo...- dijo antes de curvar su dendo dentro de mi, haciéndome estremecer de dolor y placer, haciéndome gemir fuerte.- Si esto te duele imagínate cuando te meta mi rabo sin haberte dilatado bien...
-¿C-Cóm...¡AH!- Gemí al notar dos dedos más entrando en mi ano y curvándose con rudeza en mi interior.
Al rato sacó sus dedos y posó sus manos sobre mis caderas, levántando mi cintura y obligándome a quedarme de rodillas en la cama. No podía moverme, pues seguía atado de manos en la cama, por lo que quedaba subordinado a él.
Me dio un azote en la nalga izquierda y acarició mi entrada con su glande, que se notaba mojado de presemen. Me agarró del pelo con una mano, echando mi cabeza hacia atrás, y me clavó su magna erección de una estocada.
Grité fuerte a causa del increíble dolor que me habia provocado metiéndome toda su polla de golpe. Noté como me desgarraba por dentro.
-A-amo...¡duele!
-Lo sé...pero me da igual.
Justo después de decir esto, Agoney empezó a moverse bruscamente. Me embestía con fuerza, pero sin prisa. Notaba sus huevos chocar contra mis nalgas con cada embestida. Yo gemía muchísimo de dolor y placer al mismo tiempo, mientras él seguía agarrandome fuertemente del pelo y embistiéndome sin piedad.
-¿Te gusta que te trate como la putita que eres? Sí, ¿verdad? Claro que te gusta-dijo mientras jadeaba y embestía, ahora un poco más rápido.
-S-Sí...Me encanta, mi amo...
Al escuchar mis palabras, Agoney empezó a embestirme mucho más rápido que antes, con muchísima fuerza. Yo notaba como mis piernas temblaban.
Las embestidas no cesaban, Agoney no se cansaba. Siguió embistiéndome un rato largo, disfrutando de mis gemidos, provocándome dolor y orgasmo a partes iguales. Me estaba haciendo suyo, y eso me excitaba demasiado.
Al rato, sacó su miembro de mi interior. Se acercó a mis manos y las desató. Me fijé en su polla, estaba roja, muy dura, gorda y larga como siempre, llena de venas que parecía que iban a explotar. Palpitaba, queriendo decir que necesitaba descargar.
Agoney me cogió de nuevo del pelo, haciéndo que me levantara de la cama y tirándome al suelo de rodillas. Levanto mi cabeza poniendo su mano en mi mentón y puso su pulgar sobre mis labios. Observé su definido torso, sus marcados abdominales y su pecho con algo de pelo, sus fuertes brazos, todo sudado a causa del esfuerzo.
-Abre esa boquita, zorrita mía...
Obedecí y abrí la boca mientras lo miraba. Él me metió su enorme rabo hasta la garganta, atragantándome y provocándome algunas arcadas. Me agarró del pelo y embistió en mi boca, una y otra vez, haciendo que mi nariz chocase con su pelvis y su glande con mi garganta.
Al poco tiempo, después de embestir en mi boca durante un rato disfrutando de ello y de las arcadas que me provocaba, se quedó quieto, con toda su polla dentro de mi boca, ahogándome un poco. Gruño en un tono de voz grave y empezó a correrse a chorros. Llenó mi boca de su lefa caliente y espesa.
-Trágate toda la leche, putita-me ordenó.
Cerré los ojos y le obedecí, tragando cada chorro de semen que salía de su rabo. Cuando hubo terminado, lo sacó de mi boca y me miró.
-Has sido una buena putita-me sonrió pícaramente mientras me acariciaba el pelo.
-Gracias,amo...Hazme tuyo siempre que quieras.
-Lo haré, no te preocupes por eso.
Después de esas palabras desapareció, dejándome de rodillas en el suelo, respirando agitadamente, con el sabor de su lefa todavía en la boca.
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El Ángel (+18) (Novela Erótica Gay)
RandomAgoney,un ángel caído del cielo con la misión de servir a un joven de 17 años. ¿Quieres saber que pasará? Empieza a leer...