El club está lleno esta noche y Seokjin no tiene tiempo ni de rascarse la nariz. Detrás de la barra, prepara un cóctel detrás de otro y lleva las raciones a las mesas cada vez que su encargado se lo pide. El humo y la música de la banda llenan la sala atorando los sentidos de Seokjin, pero él sabe que necesita el trabajo para salir adelante, pues ya le debe un par de pagas a su casero.
―¡Kim! ¡Mesa cinco! ―grita el encargado colocando dos raciones en el pasa platos que comunica la cocina con la barra.
―¡Oído!
Seokjin sirve el último coctel ―un irish bomb― a un chico de pelo largo al que tiene más que visto y que siempre va acompañado de otro joven con una sonrisa radiante.
―¿Vais a querer tomar algo más?
―Estamos esperando a un amigo ―dice Jungkook, alzando su copa a modo de agradecimiento.
Seokjin sonríe tímidamente, toma las raciones para la mesa cinco y se dispone a servirlas cuando, en ese preciso momento, aparece Taehyung seguido de cerca del perrito Yeontan, y abraza a sus amigos con efusividad. Cruzan un par de palabras. Le hacen sitio al recién llegado y Tae no se corta en beber del vaso de Jungkook.
―Tienes que probar esto ―le dice Hoseok, ofreciéndole un bocado de su sándwich que el otro toma con gusto.
―Está buenísimo. ―Taehyung sonríe sin dejar de masticar y sus ojos se vuelven esquirlas brillantes.
―Es cosa de Seokjin, el mejor barman de la ciudad.
Seokjin, que ha presenciado la escena sin perder detalle, se ruboriza.
―Yo solo preparo los bocadillos... ―murmura, pero su voz queda ahogada por la grave melodía del violonchelo que ruge animadamente a manos de su artista.
Taehyung alza el pulgar sin dejar de masticar, y aún con los carrillos llenos, le roba otro bocado a Hoseok.
―¡Kim! ¡La mesa cinco está esperando!
Seokjin reacciona dando un respingo y, abochornado por haberse quedado embobado observando al recién llegado, se apresura a servir la comida.
La noche transcurre con aparente normalidad entre risas, música, y los compases de la maquinaria de las cocinas, y por mucho que Seokjin se esfuerce, la caoba de la barra desluce con los restos de las bebidas derramadas. Los vasos se amontonan en el fregadero y las peticiones de los clientes se hacen más exigentes. Es casi la hora del cierre y Seokjin está cansado. Se seca el sudor de la frente con un trapo sucio y suspira siendo consciente de la montaña de trabajo que tiene por delante antes de irse a casa. El encargado grita una vez más desde las cocinas, pero el barman ya no lo escucha porque sabe que si lo hiciera, acabaría desquiciado. La música adquiere un tono más pausado, alentando a los últimos consumidores a abandonar el local en busca de otros clubs en los que continuar la fiesta y los empleados se van retirando uno detrás del otro.
―Kim, te toca cerrar ―le recuerda el encargado lanzándole las llaves―. No te olvides de poner el candado y apagar los candiles. No quiero tener que lamentar un incendio por tu culpa, ¿te queda claro?
Seokjin agacha la cabeza y ni siquiera musita una respuesta. Está demasiado atareado lavando la vajilla.
Cuando la banda empieza a recoger, ya no queda casi nadie en el local, excepto algún cliente rezagado al que Seokjin anima a marchar con demasiada amabilidad. Es cuando Yeontan se cuela detrás de la barra cuando cae en la cuenta que sus clientes habituales, el chico de la sonrisa y el del cabello largo, permanecen en un rincón al final del mostrador.
Seokjin se arrodilla para acariciar al perrito, una bola de pelo que apenas levanta un palmo del suelo, pero que parece inquieto y desubicado.
―¿Te has perdido? ―le pregunta, con la voz más adorable que sabe poner.
El cachorro ladea la cabeza y yergue las orejas como si entendiera lo que le están diciendo. Se deja coger con docilidad y cuando Seokjin lo coloca sobre la barra, corre con sus cortas patitas hasta llegar hasta su dueño, que lo acaricia con efusividad.
―¡Eh! ¿Dónde te habías metido?
―Estaba aquí detrás, conmigo ―anuncia el camarero―. Se habrá asustado con el ruido y la música.
Taehyung, cansando, pasa sus brazos sobre los hombros de Hoseok, que apura las últimas gotas de su copa, y se deja caer sin apartar la vista del camarero. Ha notado que no ha dejado de mirarle en toda la noche, de forma indiscreta, y lo último que quiere es ser descubierto. Así que sus ojos se agrandan como platos cuando Seokjin se coloca frente a él y, mientras sirve cuatro shots de tequila, pregunta:
―¿Eres nuevo por aquí? Nunca te había visto.
Taehyung se ajusta el gorro y las gafas y está tentado de cubrirse la cara con la mascarilla, pero se detiene en el último momento a sabiendas de que al otro podría parecerle sospechoso. Le aguanta la mirada cuando por fin se atreve a hablar.
―Es que vivo algo lejos. ―Y no es ninguna mentira.
―Tae es un viejo amigo ―dice Jungkook―. Pero contactar con él es casi un milagro. Nunca está en nuestra misma frecuencia.
―Por eso siempre es una alegría verlo ―añade Hoseok, alzando su vaso.
Los otros tres lo imitan y beben el tequila de un trago. Un poco de limón. Un poco de sal. Y un puñado de muecas extrañas que los hacen reír.
―¿Otro?
Seokjin rellena los vasos sin esperar a que los demás contesten.
―Creo que no debería beber más hoy ―se sincera Hoseok, gesticulando exageradamente y sin perder la sonrisa.
Pero Seokjin no le está escuchando; solo quiere retener un poco más al chico misterioso que ha aparecido de la nada y que tiene algo que no le acaba de encajar. Lo repasa mientras traga el segundo shot. Sus ropas están extremadamente bien cuidadas. Su piel resplandece como si no estuviera expuesta a los humos de las calles. Sus manos son finas y demasiado perfectas para la sociedad del carbón y las máquinas. Y sus ojos brillan con descaro aguantando su mirada, mientras el alcohol llena sus gargantas.
―¿Qué dices, Jin, te apuntas? ―La risueña voz de Hoseok le devuelve a la realidad de un golpe, al darse cuenta de que se ha quedado pasmado repasando cada detalle del nuevo. Sus mejillas se encienden cuando Taehyung se percata de ello y sonríe abiertamente. No es que Seokjin sepa exactamente a qué se está apuntando, pero dice que sí, y se apresura a terminar sus tareas antes de reunirse con los otros tres en la puerta del club.
Taehyung le parece extraño y Seokjin quiere adivinar por qué.
***
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Mentiré solo una vez más (BTS fanfic) /completa
FanficTaehyung no esperaba enamorarse de un chico que vive más allá del bosque, en la ciudad del humo, un lugar prohibido para la gente de su mundo. Si bien, Taehyung sabe mentir y es capaz de encubrir sus travesuras una y otra vez. Pero, ¿y si no fuera e...