Aunque el humo es un elemento omnipresente en las calles de la Vaporera, Taehyung no tiene dificultad alguna para seguir a sus amigos a paso ligero. Su genuina sonrisa se adivina bajo el tapabocas y sus ojos continúan brillando a través del cristal de las gafas protectoras. Ya no queda demasiada gente en la calle porque el toque de queda está próximo, pero a los chicos no parece importarles demasiado.
―¿A dónde vamos? ―pregunta Seokjin, que no le ha quitado el ojo de encima a Tae.
Pero nadie contesta. Jungkook le pasa brazo por los hombros y le insta a avanzar más rápido, con una mirada que tan solo podría traducirse como «confía en nosotros». Y Seokjin confía.
No tardan en llegar a la piscina abandonada de las afueras. Los candiles de la calle están descuidados, así que apenas hay luz. Jungkook se encarama con facilidad a una de las farolas y gira el engranaje que prende la mecha del candil.
―¿Qué es este lugar?
Seokjin mira a todos lados con desconfianza. Está demasiado oscuro y es casi imposible ver dónde uno pone los pies.
―Es nuestra madriguera ―le explica el más joven, que con un ágil salto se ha plantado en el fondo vacío de la piscina.
Taehyung toma a Tannie en brazos y sigue de cerca a Jungkook, mientras Hoseok busca la escalera para descender con seguridad. Seokjin le sigue.
―¿Qué hacéis aquí?
Hay un sillón viejo y desgastado que desprende olores de dudosa procedencia, una mesita de madera y varios objetos de cobre. Hobi lanza su sombrero sobre la mesa y deja caer en el sillón mientras Tae prende los candiles que se reparten aquí y allá. Bajo un enramado cercano hay una buena provisión de bebida, mantas y hasta comida para Tannie.
―Pero ¿cuántas veces habéis hecho esto? ―se sorprende Jin, mostrando una sonrisa que baila entre la excitación y el miedo.
Se deja caer en el sillón junto a Taehyung mientras observa cómo el más pequeño trajina de aquí para allá. Es Hoseok el que abre una caja de música que reposa en suelo y deja que su melodía suave pero rítmica fluya a través de la oscuridad de la noche.
―Solemos quedarnos aquí toda la noche cuando Taehyung viene a visitarnos ―explica Hoseok al fin.
―¿Saltándoos el toque de queda?
―Tae es un buen amigo, y viene desde muy lejos...
Hobi le arrebata a Tannie de las manos, aunque los perros en la Vaporera no suelen tener tantas atenciones, y comienza a jugar con él, mientras Jungkook abre una botella que contiene una bebida gaseosa y transparente.
―¿Tan lejos que no te da tiempo a volver a casa antes del toque de queda? ―indaga Seokjin.
―De la otra punta de la ciudad... ―Y en parte, no está mintiendo.
Hoseok se levanta y comienza a corretear con Tannie bajo la tenue luz de los candiles. Chilla y hace ruiditos para que el perro le haga caso y sus botas repiquetean fuerte contra las baldosas del suelo.
―¡Un día tendríamos que ir a nadar! ―grita desde la otra punta de la piscina. Ya ni siquiera se le ve. Solo se escuchan sus risitas provocadas por el cachorro juguetón de Taehyung que corretea alrededor de su amigo, ladra y recoge los objetos que le lanza.
―¡Deja al perro en paz, Hobi! ―le pide Jungkook.
Pero Hoseok no le escucha. Tal vez porque está lejos, tal vez porque no quiere escucharlo. Así que Jungkook se retira el pelo de la cara, se ajusta los cordones de las botas y deja la levita atrás antes de ir a atrapar a su amigo en defensa del pobre cachorro.
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Mentiré solo una vez más (BTS fanfic) /completa
FanfictionTaehyung no esperaba enamorarse de un chico que vive más allá del bosque, en la ciudad del humo, un lugar prohibido para la gente de su mundo. Si bien, Taehyung sabe mentir y es capaz de encubrir sus travesuras una y otra vez. Pero, ¿y si no fuera e...