6 de noviembre - 8 de la noche

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Recuerdan las veces que han querido hacer dieta, pero después en las noches tienen unas ganas tremendas de devorarse el refrigerador como un tirano saurio rex? Algo así me pasa con la escritura de este texto: trato de no pensar en ello, de dedicarme a otras cosas en el día, de conversar con la gente en la calle, no se... ALGO! Pero cuando llega la hora fatídica, mis manos empiezan a buscar misteriosamente un lugar donde posarse y empezar a tamborilear de manera cíclica las diversas palabras que nacen de manera prístina desde mi cerebro hasta la pantalla de mi ordenador.

Dicho lo anterior: Que hastío es este clima de mierda! Me impide pensar correctamente cuando en un momento hacían 15 grados y en el otro, como ahora, hacen cerca de 30 y con nubosidad, simplemente creo que el clima debiese estar internado cerca de donde estoy yo, nos llevaríamos bastante bien, como la segunda historia que les estoy por contar.

Un recuerdo claro que tengo también es de mi niñez con mis primos y mis primas. Extrañamente no me llevaba con ninguno (les sorprende?) pero a la vez mis padres me obligaban a estar con ellos, porque "era lo que se debía hacer", o sea, en ese momento de la vida cuando tienes entre 10 y 15 años y la respuesta por antonomasia a cualquier pregunta que uno esbozara era un simple "porque yo lo digo", y sencillamente tenías que acatar, y naturalmente todo lo que tenían que ver con familiares en primer o segundo grado no eran la excepción.

Una prima en particular, la Cristina, era la clásica prima que quería hacer lo mismo que yo, que me veía como "el modelo a seguir"... Se harán la imagen, una petiza de 12 años, tez blanca, ojos verdes que si la vieran ahora pensarian "pero qué pelotudo" con tamaña hembra después de lo que les contaré pero... Que quieren que haga, si lo soy, y reconocido psiquiatricamente. Y lo que ocurre es que esta chica entre otras cosas le gustaba los juegos de video, y en ese entonces (estamos hablando de los años 90) tenía un ordenador de escritorio que actualmente con suerte correía la calculadora de windows, pero en sus viejos tiempos era una máquina de matar, y teníamos un juego de fútbol que no vale la pena recordar si quiera su nombre y ni hablar de sus graficos... Pues bien, acortando la historia, cuando yo perdía, no hallaba nada mejor que pedir jugar otra vez, y así unas tres veces perdiendo, y aún más por poco, contra aquella mujer. Y la verdad señores y señoras, y aunque cueste creerlo, a pesar de que me inculcaron indirectamente el pensamiento machista, no me sentí mal porque una mujer me haya ganado (y tres veces), sino que de por si ALGUIEN me ganase en algo me entraba todo el cólera.

Entenderán que de eso muchos años, cuando tenía doce, y mis maneras de reacción ya habían evolucionado un poco de la última vez que les mencioné que hice esa acrobacia con mi hermana, no: lo que estamos hablando es un ataque de furia contra el teclado del ordenador, contra la mesa de juego, mientras que mi prima me viraba con ojos de plato, estupefacta de mi reacción, y tratando de arrancar lo más rápido posible.

Naturalmente en contraste con mi primera reacción de hacía unos años atrás, era bastante más queda, pero también entenderán que en absoluto es aceptable ese tipo de reacciones... Pues en parte se equivocan, y monumentalmente, porque mi Madrastra aplaudía indirectamente ese tipo de reacciones, porque ella era exactamente igual, al punto de que los golpes que me propinó ella fueron brutales, solamente parados por mi padre cuando ya era demasiado (las veces que el estaba allí, naturalmente). Agradezco a... quien sea que esté arriba de mi cabeza, que ambos trabajasen, porque su hubiese sido una condicionante distinta, como que ella fuese ama de casa o algo peor, creanme que es probable que ni siquiera esté contando esta historia, y esté a unos 3 metros de profundad en vez de en un psiquiátrico.

Ah, y aún más, con mis otros primos había un trato parecido. El que llevó la mejor parte fue mi primo Manuel, el cual jamás lo tomé en cuenta, porque todos los que se relacionaron conmigo, de alguna u otra forma recibieron mi burla, mi furia o peor... Mi manipulación indirecta. Porque en eso fui muy bueno desde pequeño, de manera forzada: a manipular. Y está claro que eso partió como una forma de defensa contra los golpes de mi madrastra, pero después terminó durante muchos años siendo mi sello distintivo tanto para salvarme de golpizas como para... Exacto, salirme con la mía.

No ahondo mucho con el tema de los primos más allá porque no hay muchas historias que contar, además de dos anécdotas rápidas: una que me pelié con una prima por una niña (ella la queria de amiga y yo para... ejem...) a los 15 años, y otra que a esta misma prima la vi desnuda, completamente desnuda, mientras que mi tío le estaba soplando una zona roja del cuerpo, debajo del ombligo... Ustedes se harán su propia imagen y de verdad, no quiero ahondar más allá porque no es mi tema (ni tampoco que actualmente esa pobre mujer está con dos hijos a cuestas, sola, y con mi tío acosándola de cuando en vez... No es mi tema).

Y que tiene que ver todo eso con lo anterior, además de que es parte de mi historia: pues bien, que se entenderá que evolucioné un poco mi calma, pero solo en apariencia, siendo que la unica diferencia tangible entre mis 7 y mis 12 años, fue que aprendí a enmascarar levemente mis rabias, de tal manera que estas me permitieran dentro de lo mínimo pasar desapercibido en la sociedad, lo cual naturalmente no resultó mucho, como verás en las siguientes páginas cuando hablo de mi época escolar... que tiempos! y muy de mierda!

Por lo que... Eso es lo que ocurre cuando refinas y refinas el arte de enojarte y dejar la hecatombe a tu alrededor. Lo único que logras es sentirme cada vez más y más poderoso en frente del más desvalido, y al final tu sentido de justicia se desquicia tanto que pareces un trastornado de Borderline con la fuerza de un toro y la inteligencia de Lex Luthor.

Naturalmente esas últimas palabras no le gustaron para nada a mi siquiatra, el cual me mandó a encerrar por un día, pero naturalmente soy amigo del guardia, entonces...

Diario psiquiátrico de un loco sueltoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora