Taehyung no esperaba enamorarse de un chico que vive más allá del bosque, en la ciudad del humo, un lugar prohibido para la gente de su mundo. Si bien, Taehyung sabe mentir y es capaz de encubrir sus travesuras una y otra vez.
Pero, ¿y si no fuera e...
―Dime la verdad ―Jimin alcanza a Tae después de la sesión de programación, cuando se dirige a la primera clase de la mañana. El pasillo está abarrotado de estudiantes que van y vienen, enfrascados en sus propios asuntos, aunque los ojos curiosos se posan de tanto en cuando en el heredero de cabello rosado.
―¿Sobre qué? ―dice asombrado Tae, notando como el otro deja caer todo el peso de su cuerpo sobre sus hombros, en un gesto de confianza.
―Oh, venga, Taetae... Conozco perfectamente ese olor.
Taehyung pellizca su sudadera y se la lleva a la nariz comprobando por sí mismo si realmente sigue oliendo a humo, pero no es así... O tal vez sí, no sabría decir, porque sigue llevando la sudadera que le prestó Yoongi la noche anterior. Se ruboriza al darse cuenta de que ha dormido con ella y de que debería haberse cambiado antes de lanzarse al mundo esa mañana.
―No te esfuerces ―sugiere Jimin, mostrando su sonrisa más dulce―, es tu pelo lo que huele. ―Y le revuelve la melena azul con cariño―. Una vez has estado allí, es imposible olvidarse de ese olor.
Taehyung calla, muerto de miedo, porque se está viendo descubierto, nada y más y nada menos que por el mismísimo príncipe de Ilsam.
―Mi padre me llevó allí una vez, no hace tanto tiempo en realidad ―prosigue Jimin, bajando la voz. Quiere hablar del tema con Taehyung, pero no quiere que su conversación se expanda por toda la nación―. Quería estrechar lazos con sus dirigentes pero la cosa no cuajó como ya sabrás.
Taehyung asiente con la cabeza. Le tiembla un poco el labio, se encoge sobre sí mismo, y se lleva a la cara ambas manos, ocultas bajo la tela de la sudadera, mientras piensa en qué decir.
―No... no sé de qué me hablas... ―balbucea.
―Conmigo no tienes por qué mentir ―le anima el otro, mientras saluda a un grupo de estudiantes que están llamando su atención.
―Jiminssi, no nos diste los buenos días hoy ―dice uno, aludiendo al hecho de que el heredero se olvidó de mandar su mensaje optimista de cada mañana a la nación.
―Te echamos de menos, Jiminssi ―dice otro.
Jimin les sonríe, sin dejar de abrazar a Taehyung y les promete que grabará su próxima salida.
Suena el timbre que anuncia el principio de las clases y los chicos, igual que el resto de alumnos de la facultad, reciben un aviso en sus unidades personales para que no se retrasen, pero Jimin parece tener otros planes, porque toma a Taehyung de la mano y lo arrastra hasta el baño más cercano en cuanto ve que los pasillos se están vaciando.
Ya no queda nadie en el lavabo cuando los dos irrumpen en él, como si estuvieran huyendo de algún enemigo invisible, y en cierto modo es así, pues ese lugar es el único en el que Jimin no es observado por los drones de seguridad de su familia. Así que se apoya en la puerta y, con una exhalación, deja ir el aire que había estado conteniendo en sus pulmones.
―Venga, ahora no nos oye nadie. Dime la verdad ―demanda, arrugando los labios, haciendo uso de todos sus encantos.
―No sé de qué me hablas, en serio.
―De la Vaporera, claro. Sé que has estado allí. Reconocería ese olor en cualquier lugar.
Taehyung siente como se le hiela la sangre, saca su móvil con las manos aún temblando, pensando realmente que su suerte se ha acabado, que lo han pillado, que es imposible que el príncipe no lo denuncie, y teclea rápido un mensaje para su mejor amigo.
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―No, venga, deja eso... ―le pide Jimin, apartándole las manos del aparato―. No voy a delatarte, ¿vale?
Taehyung no sabe qué decir. No entiende muy bien a dónde quiere llegar el otro.
―Yo... no es algo habitual, ¿sabes? Es decir... tenía curiosidad, sé que no está bien, pero no volveré, puedo prometerlo.
―Oh, cállate, Taetae. No voy a denunciarte, ya te lo he dicho.
―¿Entonces?
Jimin se mueve unos pasos, se mira en el espejo y se atusa el cabello, esponjoso y revuelto. Fija sus ojos en los de Tae a través del reflejo, antes de soltarle a bocajarro: