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Cara a cara con el director, el reloj suena y de verdad es molesto. Llevo casi media hora aquí, y algunas personas que apenas y los había visto me estaban sermoneando.

— ¿Y bien?

Las nauseas me invadieron, pero solo me obligué a pensar en que todo esto fue por mi culpa, ya que si me hubiera mantenido en cubierto por más tiempo esto no estuviera pasando.

Me arrodillé.

— Pido una disculpa, realmente mis intenciones no eran malas y de verdad valoro que me ponga ese insignificante castigo.

No discutas.

Espero que no seas tímida.— sonríe, y después con su permiso salgo de ahí, acompañada de su secretario. Si, un hombre.

Al pensar en mi castigo siento un extraño sentimiento apoderarse de mi pecho. No era algo que me favoreciera, pero no tenia mas opción que aceptar. Se lo que me conviene, y lo que no, pero debo pensar con la mente fría, y entre más perfecto lo haga, mejor. Me dejará en paz el director.

Me doy cuenta de que falta para la hora de las clases, y me preparo para un estresante nuevo día, sin embargo me llevo una gran sorpresa cuando este me lleva al salón de eventos. Tarde unos minutos en sacar la conclusión más coherente: va a haber una asamblea.

El salón había sido remodelado, por lo que evite sonreír cuando vi tal sala. Es elegante, espaciosa, iluminada, huele a flora y casi todo es de un blanco puro, exceptuando las puertas las cuales son de roble.

Mis ojos captan una considerable cantidad de chicos, los cuales están esparcidos en todo el lugar. De pronto siento sus miradas penetrantes en cada parte de mi cuerpo, lo que de pronto me hace recordar la última vez que me miraron tantos hombres...

No es momento de recordar.

De nuevo recordé a Tyler, y volví a cuestionar las razones por las que está aquí. Empiezo a tener miedo por las miles de ideas que cruzan por mi mente. Espero que no sea nada grave...

Me mantuve firme en todo momento, hasta que el señor me deja sentada en una banca. Se acerca a mi, y susurra.

— Primera cosa que tienes que hacer: Ordenar a cada muchacho que vez aquí.— Abro los ojos como plato, pero me mantengo callada— Ten, las listas.— Me extiende tres hojas.

Cincuenta nombres, cincuenta chicos, cincuenta delincuentes. Es decir, antes ya había convivido con delincuentes, pero a lo mucho eran rateros o vendedores de droga... ellos pueden estar relacionados con asesinatos, mafias, incendios...

Pero esto lo provoqué yo.

Me enderezo y aclaro mi garganta. Leí cada nombre en esas listas, y no me sorprendió que tres personas solo tuvieran un apellido, ya que he aprendido que en algunos países solo ponen un apellido, en su mayoría el de el padre.

Mire a mi alrededor con nauseas.

Ya no eres tímida, tu puedes hacerlo. Ya no eres tímida, tu puedes hacerlo. Ya no eres tímida, tu puedes hacerlo...

Bingo.

En mi bolsillo izquierdo siempre tengo guardado un silbato para estar prevenida. Es un método para que cuando te ataquen, alguien vaya a ayudarte. Incluso aquí hay personas que creen que pueden hacer lo que quieran.

Me subo a la silla y silbo a todo pulmón, llamando la atención de todos. No me harán caso si me pongo a titubear, así que además debo arreglar un poquito la historia.

— ¡Charterhouse! Soy Bernard, y me asignaron a ordenarlos.— Me regresan a ver, pero decido no mirar a nadie a los ojos para no ponerme nerviosa.

Tan solo doy una rápida pasada con los ojos. Algunos estan solos en las esquinas, con la mirada perdida. Recargados en la pared o solo estando como estatuas, sin vida. Respiro profundo.

—La petición viene de el director, así que presten suma atención porque él no es alguien que olvide. El orden será en orden alfabético, y...

¡Preciosura, déjame estrenarte!— Se escucha al fondo, y rápidamente lo busco. Mexicano a la vista.

Suavizo mis facciones.

Es repugnante que existan hombres como tú. Seguramente eras albañil, por como hablas. Solo espero que logres casarte, porque con esa boca parece que comes las mismísima basura.— Le lanzo un beso.

Algunos se ríen a carcajadas, y al parecer los demás no saben hablar el idioma. Se la van a pasar genial aquí... con la golpiza que les van a poner en idiomas.

El mexicano camina hacia mi dirección con los puños cerrados, y sentí mi mundo temblar. Rápidamente volví a silbar, vi correr a un guardia, pero sabía que iba a llegar tarde. Me quede paralizada, e incluso juraría que pareciera que no me importaba que se acercara; pero si me importa, mucho.

Entonces, me salvaron. Tyler derriba al tipo y lo azota contra el piso, pero no lo golpea, tan solo lo neutraliza. El guardia al fin llega, hasta con refuerzos, y se hacen cargo de él. Estoy segura de que le pondrán un merecido castigo, aquí nadie se libra.

Miro con agradecimiento a Tyler, pero su rostro no es de alguien satisfecho o aliviado, su facción no me dice nada bueno.

Ante los guardias, nadie quiere ni respirar, así que decido aprovechar el momento.

— Bueno, empecemos.

Yo era ¡Bitch! [2]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora