(:̲̅:̲̅[̲̅: 今 엑스원 歌 :]̲̅:̲̅:̲̅:̲̅)
en el medio de la depuración anual..
¿se podía confiar en alguien?
❥ terminada.
❥ más grupos en el transcurso de la historia.
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Dos días faltaban para la depuración anual. Las personas buscaban refugio, algunos ciudadanos se iban para evitar desgracias mientras que otros ingresaban al país para poder cometer algún que otro asesinato impugnable.
Mientras tanto, en el senado se discutía si la depuración iba a ser realizada o no. El señor Kim Yohan, quien estaba en contra de esta festividad, luchaba por sus ideales. Si ganaba la presidencia, podía llegar a frenar este acto tan repugnante.
- ¡No tiene sentido! ¡No le hace bien a nadie! - exclamaba furioso, intentando descifrar por qué su contrincante quería celebrar tan euforicámente el crimen. - No es necesario que sigamos matando a personas inocentes. - las personas presentes hacían bulla.
- ¡Hay que seguir, mis aliados! ¡Este un sistema que Dios nos ha otorgado para descargar nuestra ira y frustración en él! - exclamaba el presidente de Corea, dejando muy en claro sus creencias. - ¡No nos dejemos llevar por la incoherencia! ¡La noche de depuración tiene que realizarse!
Wang JyunHao, el actual presidente de Corea del sur, temía su estancia en aquel poderoso lugar. El famoso senador estaba tan solo un punto por debajo de él y el resto de su partido político.
La gente presente en aquel senado seguían haciendo un escándalo, gritaban o exclamaban cosas a favor del partido que seguían. JyunHao permanecía firme en su lugar, mientras que Yohan bajaba las escaleras de la tarima para conocer a las personas que chillaban por él.
...
- Ha sido una tarde nefasta. - se quejó mirando la pantalla de su televisor. - ¿No crees que es injusto? Yo sí.
Se encontraban en un puesto definitivo. Este lugar le pertenecía originalmente a sus padres, pero el día en el que estos murieron en la "noche de la tragedia", como solía llamarle a la depuración, lo heredó. No le iba mal, se podía mantener. Con ese lugar se ganaba la vida y pasaba buenos ratos con sus amigos que lo visitaban o con su empleado, unos años menor que él. La tienda era bastante amplia, las paredes estaban desgastadas y habían posters viejos y a medio quitar que indicaban los descuentos del momento, promociones y antigüedades que ya no valían nada.
- Uhm, sí, pero la depuración le da más adrenalina al país. Lo que no vives en todo el año, lo vives más tenso en un día. No sé si me explico. - aportó Seungyoun, el dueño de la tienda en donde trabajaba Hangyul.
- Chicos, tengo que irme a preparar la camioneta. - avisó Dohyon caminando hacia la salida. - ¿Mañana los veo? - preguntó.
- Supongo que sí. - dudó Seungyoun.
- De todas formas, si no estoy aquí, en la purga pueden llamarme cuando quieran y vendré, quizás con Minhee porque él conduce. - avisó llevando otra gomita a su boca. - ¡Nos vemos!
Hangyul suspiró observando las noticias que se mostraban en el televisor, el senador estaba perdiendo y él sabía cómo ayudarlo, pero no cómo contactarlo.
- Creo que perderá. - Opinó el mayor. - A la gente le gusta matar, nadie puede cambiar eso. Además, con la nueva regla de matar presidentes, es obvio que será su fin.
- Idiota. - Hangyul golpeó su hombro. - La esperanza es lo último que se pierde.
- Pues, yo la esperanza la perdí el día que naciste. - Burló echándose a reír euforicámente. - Bien, por algo te pago así que, ve a ordenar los estantes. ¡Andando!
Hangyul rodó los ojos y le hizo caso a su jefe, quien lo decía claramente en broma. Eran amigos, después de todo no habían muchos años entre ellos y les gustaba lo mismo.
Lee Hangyul venía de Estados Unidos; sus familiares habían fallecido en un asalto en su hogar, mientras él no estaba ahí. Fue el primero en enterarse de la muerte de sus seres más queridos, sí, vio los cuerpos sin vida de sus progenitores y fue traumático. La policía lo encontró culpable, pese a no estar en el lugar cuando todo ocurrió. Lamentablemente tuvo que pasar casi siete años en prisión, pero lo liberaron a los cuatro por buena conducta. Se mudó a Corea para comenzar de nuevo, con una nueva cultura y nuevas personas. Nuevos aires y, una depuración creada dos años después de la emigración.
No iba a mentir, estaba más que asustado por la supuesta purga, que sí o sí iba a realizarse en menos de setenta y dos horas.
- ¿Qué? ¡Claro que no! - escuchó protestar desde la puerta, por lo que se acercó. - ¡Páseme con su supervisor, no voy a pagar! - no pudo concluir la oración, le habían colgado.
- ¿Qué sucedió? - preguntó Hangyul recargándose en el mostrador, esperando una respuesta.
- ¡Subieron el maldito seguro! ¡Por miles! - se quejó. - No puedo pagar eso, no tengo dinero.
- Seungyoun, yo..
- Tu nada. - Se mostró furioso y sacó su encendedor del bolsillo.
Lee elevó los hombros sin saber qué más decir y siguió haciendo su trabajo, mientras el aroma a marihuana inundaba sus fosas nasales y el resto del local en donde ilegalmente lo distribuían.
...
- Quiero que refuercen esa puerta, luego esa ventana e ingresen un sistema de seguridad en la planta baja. - ordenó el primer encargado de cuidar al senador. - ¡Rápido, no hay mucho tiempo!
Minkyu y Yuvin asintieron siguiendo las órdenes de su "líder", aunque el trabajo de los tres era cuidar de la vida de Kim Yohan. Junho tomó la llave de una puerta y la escondió en su abrigo, pasando desapercibido por el resto de trabajadores que se presentaban en el hogar de Yohan para reforzarlo.
- Aún falta poco más de un día, Junho. Tranquilízate. - pidió el senador pasando sus manos por la espalda de Cha.
- No puedo, senador. De usted depende mi vida, usted tiene que estar seguro. Debería aceptar mi oferta e irse a un búnker, allí estará bien..
- No. Te lo he dicho muchas veces, perderé votos si me escondo como una rata temerosa en un lugar súper seguro. Voy a pasar la depuración en mi casa, como cualquier otra persona normal. - se mantuvo firme. - te aseguro que todo va a estar bien, especialmente porque sé que vas a cuidar de mí.
- Sí, todo estará bien. - Junho sintió los nervios viajar con ansias por todo su cuerpo y se limitó a palmear suavemente la espalda del senador, comenzando a irse de la habitación. - Si necesita algo, solo llámeme. Iré a ver si los empleados necesitan ayuda, con permiso.
Yohan se sentó en su silla giratoria, que se encontraba delante de su escritorio. No faltaba mucho tiempo para que un caos fatídico golpeara el país, y él debía prepararse para poder enfrentar cualquier adversidad presente. Debía ganar, debía ganar para honrar a sus padres y hermano, quienes murieron en otra noche de depuración.