Taehyung no esperaba enamorarse de un chico que vive más allá del bosque, en la ciudad del humo, un lugar prohibido para la gente de su mundo. Si bien, Taehyung sabe mentir y es capaz de encubrir sus travesuras una y otra vez.
Pero, ¿y si no fuera e...
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Yoongi deja el móvil a un lado y echa un último vistazo a Taehyung y Jimin que duermen abrazados sobre su cama como si la cosa no fuera con ellos. --La que habéis liado... --musita. Pero sabe que no tiene tiempo que perder, así que, finalmente, está dispuesto a enfrentarse a su pasado.
Ya casi nadie le da importancia a las artes tradicionales en Ilsam Town, piensa. Ni a la pintura en su vertiente más plástica ni a la caligrafía ni mucho menos la música instrumental. Tal vez por eso el piano que reposa olvidado tras la puerta es tan importante para él. Dejó de tocarlo hace tanto tiempo que ni se acuerda. Porque no puede sentarse frente a él como si nada hubiera pasado, como si no lo hubiese traicionado y con ello a sí mismo. Cuando esa noche Yoongi reposa las manos sobre las teclas, de repente se siente como si hubiera regresado a casa, seguro y confortable. Como si ese fuese el lugar que nunca debería haber abandonado. Pero Yoongi se siente culpable... --Uaaa, es precioso --exclama Hoseok, pasando la mano por la vieja madera de la tapa. Yoongi acaricia las teclas sin atreverse a presionarlas porque algunas están sueltas. Y él sabe por qué.
Si las teclas están rotas es porque Yoongi las golpeó. Si la madera está rayada es porque Yoongi la dañó. Porque durante un tiempo, odió a ese piano, a su sonido ligero, a la forma en las que las notas lo envolvían en una suave caricia. Odió el tacto encerado de la tapa y cada ornamento tallado, odió el timbre metálico del diapasón y la permanencia en el aire del sonido cuando la última nota ha sido tocada. Y se odió a sí mismo. Ha pasado mucho tiempo, pero Yoongi todavía recuerda la sonrisa de su maestro al verlo tocar. La satisfacción pintada en su rostro cuando un infantil Yoongi clavaba la pieza. Durante un tiempo, sólo fueron ellos dos y el piano. Y, oh, cómo amaba esos momentos... Yoongi sacude la cabeza porque no quiere pensar en el accidente. No quiere pensar en el júbilo pintado en el rostro de su maestro en el día de la audición. No quiere pensar en cómo aquel vehículo se le echó encima ni en cómo cuando abrió los ojos, no era él el que estaba tendido sobre el frío asfalto. Ahora no puede pensar en eso si pretende traer a Joon de vuelta. --Este piano es precioso --continúa Hoseok--. Podría presidir cualquier sala de música. -- No en esta ciudad. --¿No? --Hoseok arruga los labios--. Pues definitivamente, en la Vaporera sí. Yoons se atreve a presionar algunas teclas para comprobar el sonido y se le encoge el corazón al sentir las notas fluir por la habitación. --Tiene algunas teclas sueltas pero tal vez pueda transcribir la melodía al pentagrama. --Déjame ver... --dice Hoseok, examinando el teclado de manera superficial--. Es una bobada; puedo arreglarlo. --¿Puedes? --Yoongi abre mucho los ojos y por primera vez centra toda su atención en el gesto risueño del otro. --Hobi Hobi puede. Claro que sí.