Oiran: séptima parte

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La noche en la que dejaron Nagasaki atrás estaba despejada, las estrellas brillan tímidamente opacadas por los rayos lunares que bañan el paisaje; el campo de viaje que normalmente tenía un vibrante verde gracias al follaje de los árboles y seco m...

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La noche en la que dejaron Nagasaki atrás estaba despejada, las estrellas brillan tímidamente opacadas por los rayos lunares que bañan el paisaje; el campo de viaje que normalmente tenía un vibrante verde gracias al follaje de los árboles y seco marrón por la tierra de los caminos ahora tenía pintas azules y negras. Toi forzaba sus ojos por culpa de la espesura de una capa de niebla que se planto en la tierra, había un aire frío anunciando la proximidad del otoño; incluso las hojas empezaban a caerse y las que luchaban por mantenerme conectadas a los árboles se tiñen de naranja o amarillo.

Toi sentía su cuerpo pesado, para intentar llegar lo más pronto posible y evitar la putrefacción del dedo de Akane había dormido no más de dos horas al día y su cuerpo empezaba a cobrar el desgaste, su mente era conciente de que no necesitaba sobre esforzarse más acabada su tarea principal y su cuerpo escuchaba su lado racional; más su terquedad le gritaba que mientras más pronto llegarán a Osaka, Kazuki más pronto dejaría su malgenio.

Ese día se le notó la mejoría de humor, estaba de buenos ánimos gracias al éxito del envío, aunque decepcionado cuando Haruka describió al hombre del que Akane se enamoro perdidamente; el mismo sintió que fue defraudado ante el relato del más jóven y con motivo sólido; Kazuki había olvidado un poco el hecho de que estaba enojado, aunque Toi seguía sin comprender porque parecía tan frustrado.

Kazuki era bastante complejo, Toi se había tomado su tiempo para desentrañar en él y obtener frutos de su esfuerzo haciéndole sentir orgulloso. Sin embargo, cada vez que parecía más cercano de comprender a Kazuki, ponía otro muro que lo hacía más difícil de comprender. Toi no se quejaba, mientras más duro fuera el reto más satisfactoria era la recompensa.

O tal vez más dolorosa era la perdida.

Maldijo suavemente al sentir que casi caía hacia adelante consumido por el cansancio. Los párpados le eran pesados y parecía que le traicionaban, todo su cuerpo estaba adormecido y la puntas de sus dedos congeladas dificulta sujetar las riendas; al paso que iba se caería de la carreta y le pasarían por encima.

Dos firmes manos se posaron en sus costados, dandole cierta estabilidad. Kazuki le miraba con calma para negar suavemente. Fue quien le quitó las riendas y detuvo al caballo.

— ¿Que crees que haces? — refutó Toi frunciendo el ceño, Kazuki se tomó su tiempo donde le dedicaba una mirada inexplicable; Toi no podía leer los ojos de Kazuki, parecían vacíos y la poca luz no ayudaba a entender mejor que quería trasmitir el rojo de esas iris tan llamativas. Kazuki le sonríe, eso le hizo fruncir un poco menos el ceño.

— Ya para por hoy — le pidió en voz baja, Toi le miraba sin nada particular que decir esperando alguna explicación —. Estás cansado, puedes continuar mañana.

— Osaka aún está a tres semanas aproximadamente de viaje, no quiero estar en esta carreta mucho tiempo — contesta Toi señalando el caminó con su brazo derecho completamente extendidos al frente.

- Oiran - [Toi×Kazuki]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora