Demonios de la vieja iglesia.

230 19 2
                                    

Hyōdō Issei recuerda, no suele hacer lo muy seguido, sin embargo, hoy recuerda.

Recuerda. Hubo una chica aquí, de rostro tierno y mejillas regordetas, de tez blanca y ojos morados que suplicaban su perdón, o por su vida, la recuerda, su nombre fue único e inconfundible, su cabello negro brillaba a la luz de la luna entrante por el roto techo. Fue un roce, la más mínima caricia, y aún así lo recuerda, su piel era suave como ninguna cosa que hubiera tocado antes y lo seguía siendo.

Hubo otra chica en este lugar, recuerda. Su cuerpo yacía sobre de algún banco en este lugar, sus dorados hilos se extendían sobre el mismo y su tez era enfermiza. Sus verdes ojos desprovistos de vida antes lo miraron con inocencia y esperanza. Su nombre era como el continente y su gentileza era igual de grande que uno.

Hubo más personas aquí con sus rostros y figuras difuminadas como pintados al óleo. Lo recuerda, un gesto de su parte y la gran mancha roja consumió la existencia misma de la primera chica.

Issei se levantó del banco donde estaba sentado en aquella vieja iglesia, el polvo y las astillas brincan a su andar por aquellas deterioradas escaleras.

Las voces, recuerda, voces de propios y extraño que cantaron al unísono, los recuerda, fragmentos de almas que fueron poseedores de su Sacred Gear en algún momento ínfimo o duradero.

Issei lo sabe, aún así las dudas y preguntas se arrastran bajo su piel picando lugares donde le es imposible rascar. La luz de algunas pocas velas escapa por dónde hace algunos años hubo una puerta y el lo sabe, no hay marcha atrás.

El malestar se hace presente en su estómago por qué sabe lo que pasará y, tal vez, de forma melancólica, recuerda una lanza.

Múltiples cadenas se esparcen sobre el suelo y un altar se alza en medio del sótano mostrando imponente, tal vez orgulloso, una Cruz con intrincados símbolos y atada a ella una chica de brillantes ojos verdes.

Recuerda.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora