Capítulo V

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Habían pasado dos días desde… desde aquello, se que escapar es de cobardes porque tarde o temprano tendré que afrontarlo… pero… fue lo primero que pensé, solo… quería escapar.

Ahora me encontraba en un lago, nada más que para tomar un poco de agua, pero no me quedaré mucho tiempo, no puedo, sino… podría encontrarme con alguien conocido, y lo que menos quiero en este momento es volver.

—¡Alto ahí diosa! —escuché cómo alguien ordenaba detrás de mí sacándome de mis pensamientos, una voz que me era muy, pero muy conocida, era la voz de ese demonio descarado.

Me di la vuelta fastidiada y molesta, me encontraba en un momento muy sensible de mi vida, la verdad no estaba para hablar con él, menos cuando se que tiene… una atracción por mi, no quiero saber nada de el amor en un largo tiempo.

Contrario a lo que yo creía, era otro demonio, era evidente pues la marca en su frente era prueba de ello, sentí ganas de llorar primero Ludociel me rechaza, y ahora me encuentro con un demonio.

Me veía muy seriamente, apuntándome con su espada, intenté retroceder, pero me encontraba paralizada del gran miedo que sentía.

—¡Es tu fin hija de la Suprema Deidad!

Me fijé mejor en él, su voz… su físico… de verdad que era igual a la de ese demonio descarado, salvo porque él tenía el cabello azabache. Pero fuera de eso… ¡Eran idénticos! ¿Serían hermanos?

Intente sacudir mi cabeza bruscamente para intentar alejar esos pensamientos, pero estaba tan paralizada que ni eso pude hacer.

Muévete Michelle, muévete, muévete, ¡Muévete! ¡Tienes que vivir! ¡No servirá de nada que mueras! ¡No estás tan mal como para que la muerte sea la solución! ¡Tienes que mantenerte con vida! ¡¡Demuestra que no eres tan débil como dicen!! ¡¡YA MUÉVETE!!

Saque mis alas y rápidamente comencé a volar, necesitaba llegar lo más lejos posible de ahí.

—¡¡VUELVE AQUÍ!!

No me di la vuelta, ¡Por supuesto que no iba a volver! Sabía sin necesidad de ver qué me estaba persiguiendo ¡Tenía que escapar!

Aunque intente escapar intacta no me fue posible… unas especies de llamas negras me quemaron parte de mi brazo izquierdo, desde el codo a la muñeca lo que casi me hizo gritar verdaderamente del dolor infernal que siento por ello, y lo hubiera hecho sino fuera porque me mordí fuertemente el labio hasta que comenzó a sangrar para evitar soltar el grito, casi me enterró su espada a la altura de las costillas, y aunque no consiguió su objetivo, si me dejó una herida algo profunda, en conjuro a unos cortes en el brazo derecho y unas cuantas herida en mi ala inferior derecha e izquierda junto a unos en la superior izquierda, aunque no eran tan profundas y dolorosas como las demás, a excepción de la izquierda superior, y ninguna se comparaba con la quemadura de mi brazo izquierdo.

Cuando finalmente conseguí escapar, guarde mis alas y me escondí en el hueco de un árbol haciéndome bolita para ocupar menos espacio, sin evitarlo comencé a llorar en silencio de frustración pero también del insoportable dolor que me producían mis graves heridas.

Después de lo que para mí fue una hora, asome un poco mi cabeza, sujetándome de los bordes del hueco con mis manos, mis heridas me dolían horriblemente, necesito calmarme un poco el dolor, porque de verdad no lo soportaba, prueba de eso era que no podía dejar de llorar del horrible dolor, por más que quisiera… Y la fea quemadura de mi brazo era tan grave que ni siquiera la había logrado sanar con mi Ark, porque intente curar la quemadura primero, porque era la herida que más dolor me producía, pero finalmente quedé agotada.

Una vez me asegure que ese demonio no estaba, salí y la quemadura de mi brazo se rozó levemente con el borde de la corteza del árbol,, me cubrí rápidamente la boca con mi mano derecha antes de que gritara, aún cabía la posibilidad de que aquel demonio aún estuviera por ahí, ¡No podía arriesgarme! Comencé a caminar, tenía que encontrar un lago.

Amor Fugaz | Meliodas x OcDonde viven las historias. Descúbrelo ahora