Rumor

914 116 15
                                    

¿Saben cuando les gusta alguien, y quieren evitar a toda costa seguir sintiendo algo? Seguir sintiendo la esperanza de que tal vez, algún día les harán caso.

Midoriya Izuku sentía esto cada día. Se decía a sí mismo que debía superar esos sentimientos, que debía pasar página, salir más con sus amigos, conocer a otros chicos.

Pero, pese a todo su dolor, le gustaba sentirse así. Le gustaba sentirse enamorado de Shōto; no quería dejar de amarlo por más frustración que eso le provocara. Aún cuando en ocasiones, al llegar a casa solo se arrojara en su cama y llorara con desconsuelo, mientras se mordía los labios al imaginar al muchacho tomándolo de la mano, abrazándolo, recordar la noche en el auto, o viéndole feliz junto a Momo. Los celos que Izuku sentía no eran celos que lo hicieran rabiar, más bien eran unos que lo ponían extremadamente triste... no se sentía feliz al amarlo, pero no quería dejar de hacerlo.

Un día más en clases, mientras esperaban a que llegara el maestro, todos conversaban. Iida se sentó junto al pecoso para hablar un poco sobre su desarrollo en el entrenamiento.

Al hablar, sin quererlo, Izuku vio a Yaoyorozu Momo sentada sobre las piernas de Todoroki Shōto, este último tomándola suavemente sobre las caderas, y dándole tiernos besos en la mejilla.

Fue como un apagón. No sabía que estaba pasando, pero en realidad no podía sentir nada. Ni siquiera dio tiempo a la habitual punzada en su pecho, pues el maestro entró de inmediato al aula para dar inicio a la clase.

A la salida no hacía más que escuchar rumores de las chicas.

—¿Todoroki y Momo están muy juntitos últimamente no?

—En una semana están saliendo, te lo apuesto.

—Es obvio, ellos dicen que solo son amigos pero es puro cuento.

Tan solo logró despedirse de sus amigos y salir de Yūei sin decir nada más. En la parada del autobús se le entrecortaba la respiración al llorar recordando la sonrisa de Shōto, viendo con dulzura a Momo mientras la besaba con tanta ternura en la mejilla.

Se sentía horrible; sentía que iba a morir por asfixia. Ese día su pecho se aplastaba de una forma particularmente más dolorosa que las anteriores. Era como si realmente sufriera un ataque de asma o algo así.

Pero el chico se decía para sus adentros—Oh bueno, siempre es así... ya se pasará.

Síndrome del corazón rotoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora