En el colegio siempre se me burlaban por esa fobia, pero ¡demonios que ellos no sabían nada! Nadie en mi miserable vida, se preocupó tanto como, Sophie, lo hizo en unos años. Por eso la ame con tanta intensidad, por eso es que ella era mi más peligrosa y dulce adicción.
La necesitaba a mi lado, se me estaba derrumbando el pequeño muro de fortaleza que me quedaba, me estaba quedando completamente expuesto, y así me derrotarían, cualquiera lo haría. ¡Maldición, te necesito tanto, pequeña! No puedo, Sophie, sin ti yo no puedo.
Yo no era fuerte, ni mucho menos valiente. Solo era un cobarde que se escondía en el caparazón duro que aparentaba tener. Pero ya se destruyó, ya todos eran capaces de ver lo que en verdad era yo. Un niño asustado, con un pasado que lo atormenta, y que no soy capaz de soltar.
Enserio, Sophie. De verdad necesito que me explique cómo es que me llegaste a querer. Con todos los fantasmas y demonios que tenía persiguiéndome, hasta yo sabía que era una maldita carga. Una con la que nadie, ni el más basura del mundo necesitaba cargar, y llegaste tú. Con esa alma tan pura que no te permitía odiar. Jamás supiste lo de mi tío, nadie en realidad supo lo que ocurrió con él. Pero tú, mi pequeña, jamás te debiste cruzar con una escoria como yo. Te destruí en el poco tiempo que estuvimos juntos, desarmé tu corazón mil veces, y te hice llorar por mil millones más. Pero nunca lo hice con la intención de lastimarte, eso era lo único que yo no quería. Soñaba con hacerte feliz, que cada sonrisa que tu regalaras sean por mí y para mí. Quería estar en cada sueño que tú tuvieras, pero no podía ser tan egoísta contigo, mi ángel. Yo era un jodido egoísta, y te quería sola para mí, quería que vivieras por mí. Aunque en realidad, yo era el que se mantenía de pie, porque eras tú, Sophie, la que aún me permitía seguir con la mierda de vida que tenía, eras tú la que me daba la fortaleza suficiente para no dejarme caer. Y era un maldito toxico que no te permitía seguir con tu vida, siempre estuviste pendiente de mi durante los tres primeros años que duró nuestra relación. Y eso, nunca me lo voy a perdonar, haberte lastimado fue lo peor que pude haber hecho en mi miserable vida, Sophie. Perdóname, por favor, perdona a este bastardo que te ama, ángel.
Los sollozos de alguien más se escuchaban en el pequeño cuarto que yo me encontraba, y me quise ir. No quería que nadie viera lo destrozado que estaba por dentro, como por fuera. Ya no podía actuar, ni me quedaba energía para seguir fingiendo. Solo me resigné a lo que vendría, a todo lo que me esperaba en la vida.
Y maldije mil veces a la vida por aún estar aquí. Quería morirme, debía morirme, pero yo no era lo suficientemente valiente para acabar con toda esta mierda, y matarme de una buena vez. No, yo no contaba con el coraje suficiente para hacerlo. Por eso es que me tenía más bronca, era un cobarde, un inútil que solo estaba para molestar. Bien lo decía mi tío, yo no servía para nada, lo único que me zafaba era mi cara bonita, pero ahora, ya ni con eso contaba.
Me quite los cables del cuerpo e intente levantarme de la camilla, pero mis piernas dolieron tanto que me caí al suelo en un golpe seco.
Mis padres entraron a una gran velocidad, junto a una enfermera. Ellos intentaron ayudarme para ponerme de pie, pero me volví a caer, haciendo que mi cuerpo aterrizara sobre los lugares vendados de mis piernas. Gemí de dolor, mientras que las lágrimas volvían a amenazar con salir. Vi la sangre manchar las vendas, y hacer un pequeño charco rojo carmesí en el blanco suelo.
¿No me podía morir desangrado?, con todo lo que había perdido de ese espeso liquido rojo, no me sorprendería que amanezca muerto. Pero no, siempre me despertaba, todos los días tenía que cumplir con mi fastidiosa rutina. Quería acabar con todo, y Sophie, perdóname por fallarte, pero no iba a cumplir con la promesa, yo ya no quiero vivir, yo simplemente, no quiero seguir.
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Relatos a través de música
Novela JuvenilCuentos cortos inspirados en canciones que personalmente me gustan mucho