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Era algo que tendría que darse pese a los sentimientos de YoonGi, esa boda estaba arreglada desde hacía ya un tiempo. Era simple, el líder de la mafia perdonaría a YoonGi por todo el dinero que había robado y todas las traiciones que había cometido a la familia, siempre y cuando se una en matrimonio con su queridísima hija. Esta, era la típica niña de papá que ha sido alimentada desde pequeña con cuchara de plata, todo deseo que ella tuviera era velozmente cumplido, sin importar cuán sensato sea este. Ella había puesto los ojos en el prestigioso gerente desde que lo vio, no podía dejar que sea de alguien más; así que, aprovechó el momento oportuno para persuadir a su padre, para así conseguir lo que quería.

—Parece que los rumores son ciertos, el perro más fiel del patrón lo traicionó contándole los planes que  tenía en mente, y por eso, recibió más de diez mil dólares...¡Qué momento más inoportuno para robar! Justo ahora, cuando las cosas no van tan bien para el jefe.

—No puede ser, pero el patrón le ayudó cuando más lo necesitaba. De no ser por él, no sería lo que es hoy en día.

Dos ayudantes de su padre se encontraban conversando en las afueras de su habitación, ella lograba escuchar todo a través de la fina madera de su puerta.
"Tal vez pueda lograr algo de esto" pensó, y encaminó hacia el cuarto de estudio de su padre.

Así fue como lo consiguió, negoció convenientemente con su padre para conseguir lo que quería. Evaluó bien la situación y, gracias a todo esto, logró el chantaje que necesitaba para casarse con Min YoonGi. SuRan era una chica bastante astuta cuando de hombres se trataba.

Estaba más claro que el agua el hecho de que YoonGi no quería casarse, pero estaba entre la espada y la pared. Si se casaba con ella, la única desventaja sería estar comprometido con alguien que no es de su agrado. Había cometido faltas en contra de su patrón, y según lo acordado, estas sólo serían olvidadas si complacía los deseos de su pequeña, SuRan.

Pasaron los días, y en los interiores del área de trabajo sólo se hablaba de la nueva noticia, de la gran boda que cada día se avecinaba más. Las simpáticas empleadas susurraban al verlo pasar.

—¿Quién crees que sea la afortunada?

—Oh, ¿no lo sabes? Es la niña rica, la que consiguió un puesto alto con la ayuda de su papi. Ya sabes, esa tal SuRan.

—¡¿En serio?! ¡Pero prácticamente ni se miran!

YoonGi les dedicó una fría mirada característica de él y siguió con su camino. Las empleadas bajaron la mirada avergonzadas y volvieron a trabajar. Entró a su oficina, colgó su abrigo y sentó en su gran silla para pensar en cómo organizar su boda.

Por otro lado, JiMin recién se encontraba saliendo de su apartamento, llegaría tarde otra vez. Sin embargo, no contó con que un brillante auto gris lo persiguiera por unos segundos. Asustado, aceleró el paso, pues había visto varias noticias desastrosas de secuestros y la mayoría comenzaban con alguien siguiendo a alguien. Consciente de esto, el conductor se dio cuenta del error que había cometido, y bajó rápidamente la luna polarizada de su auto.

—¡JiMin, no te preocupes, soy yo!

JiMin se detuvo y volteó. Soltó un suspiro de alivio al identificar de quién era la suave voz, y confirmar que era un conocido.

—¿JungKook? ¿Qué haces aquí?

—Estaba de paso. ¿Estás bien o te doy un aventón?

JiMin no tenía de otra, era eso o tener otro descuento de su sueldo. Además, le agradaba el peli negro. JiMin asintió y agradeció. Abrió la puerta de su refinado coche y se sentó en el lugar del copiloto. Tuvieron varios temas de conversación para entretenerse durante todo el trayecto, de vez en cuando bromeaban y a la par reían.

• I N F O R M A L • yoonmin +18 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora