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Rubén asomó su pequeña manita en la barra de la cocina tentando con sus deditos la superficie en busca del frasco de galletas de chocolate que tanto protegía su madre de él. Pero, el sonido de la bara de su Institutriz golpeando la barra fue suficiente para hacerle brincar del susto en su sitio y retroceder temeroso.

-Joven Rubén, vuelva al salón y acompañe a su padre para recibir a los invitados. - Ordenó con una sonrisa escalofriante su Institutriz apretando con fuerza la bara entre sus manos
enguantados.

Rubén asintió temeroso de recibir un golpe de esa delgada bara de manos de su insensible Institutriz prefiriendo mil veces tener que soportar la intensa gama de aromas concentrados del salón y la manía de su madre por arreglarle su cabellera castaña, cada cinco segundos o a su padre llevándolo de un lado a otro para saludar a todo el mundo.

-Si, señorita Lorena. - Dijo de forma respetuosa antes de retirase lo más recto posible.

Él pequeño cachorro de alfa era demasiado pequeño siquiera para comprender la rigurosa severidad de su Institutriz en cuanto a su educación se trataba, Rubén debía de saber muchas cosas que nisiquiera podía poner en práctica encerrado en los amplios terrenos de su hogar y solo porque su Madre le parecía buena idea tenerlo bajo su constante vigilancia.

-¡Rubén! - Llamó la voz de su padre desde el otro extremo del salón.

Su padre era la figura más sobresaliente del salón quién parecía contrastar demasiado con la del hombre que platicaba. Su padre, un alfa alegre, de sonrisa contagiosa y actitud jovial demasiado para ser un hombre adulto contra la del hombre de rostro serio, sin una pizca de amabilidad en sus manera despectiva de tratar a los sirvientes que actuaban torpes a su lado.

Rubén se sintió intimidado al ver ese par de ojos oscuros fijarse en él y evaluarlo sin discreción mientras su Padre lo recibía con un agradable apretón en su hombro acercándolo a él y dándole ánimos para encarar al alfa de rasgos filosos.

-B-buenas tardes, señor. - Saludo encogiéndose en su lugar forzando su voz a salir.

Para fortuna de Rubén ese hombre se distrajo al ser llamado por una la voz catarina de un joven cachorro que con dificultad logro diferenciar a un alfa.

-Padre deberías de ver...- Ese joven cachorro se calló al caer en cuenta de su presencia.

Rubén miró a ese par de ojos esmeralda imitar la acción del hombre sombrío a su lado, el parecido lo hizo pasar saliva con fuerza reteniendo el impulso de esconderse detrás de su Padre y dejar en ridículo su apellido frente a lo que suponía eran socios, ese joven cachorro se acercó a él amenazante cómo si fuese un especie de bicho ante los ojos de un depredador.

Eso lo hizo sentir esa mirada.

-Raphael. - Llamó la voz pesada del hombre quién vio mal la acción de su hijo y lo reprendió con una mirada que haría llorar a Rubén si fuese su padre. Pero, ese joven alfa obedeció de mala gana, cruzándose de brazos y dejándose caer en un sillón cercano ignorando la mirada molesta de su Padre.

-Una disculpa por mi hijo. - Dijo él hombre conteniendose de una manera que conocía bastante Rubén.

De esa manera, se veía siempre su Institutriz antes de sacar su bara y proporcionarle un castigo ejemplar, cada vez que hacía o decía algo incorrecto.

Su Padre parecía notarlo porque en lugar de insistir en mostrarlo cómo un eludito a sus ojos se limitó a darle una salida discreta a su salvación y lo dejo ir, Rubén nisiquiera se lo pensó antes de irse corriendo a lado de su Madre.

Él nunca olvidaría esa mirada esmeralda y el helado aroma a menta demasiado penetrante que lo hizo temer por su vida, y el sombrío aspecto de ese señor lo atormentara en sus pesadillas.

Rubén corría por el salón tratando de pasar desapercibido por las miradas de algunos de los socios más importantes de sus padres, algunos familiares y amigos más cercanos. Él prefería evitarse otro encuentro similar.

Más su suerte, lo llevó a tropezarse con un joven sirviente quién casi lo hizo tirar la bandeja con la comida y hacer un escándalo a mitad de la salón digno de un castigo ejemplar de su Institutriz misma que temiendo de su suerte apareciera justo en el preciso momento que el primer plato cayera en la alfombra.

-Por todos...- Masculló él joven sirviente consiguiendo equilibrar la bandeja para evitarse un desastroso final.

Ese joven sirviente, una vez evitado su despido y una deuda más, buscó al causante de su casi visita al hospital listo para darle un largo sermón acerca de no correr pero le fue imposible siquiera pensar en maldecir al pequeño cachorro con ojos de borrego a medio morir y aún más al verlo ver asustado a su dirección.

"Malditos instintos omega" pensó él sirviente colocando la bandeja en una de las mesas más cercanas.

Rubén intentó huir de la escena del crimen aprovechando la distracción del sirviente y así evitarse un castigo de "Lorena",
él sirviente se volvió solo para atraparlo de su brazo para luego con discreción llevárselo casi arrastras hacía la cocina de la mansión para la cuál servía.

-Joven señorito si desea escaparse de la atención es mejor que lo haga con precaución. - Dijo con un tono amable él joven omega regalándole una sonrisa cómplice.

Él pequeño Rubén no comprendió ese simple gesto más agradeció su ayuda para sacarlo de la marea de rostros extraños y palabras difíciles de pronunciar, ese simple sirviente lo dejó en las puertas de la cocina antes de marcharse de nueva cuenta a su trabajo sin prestarle más atención.

Rubén volvió adentrarse en la cocina pensando nuevamente en tentar su suerte en conseguir ese frasco de galletas olvidando por completo que debía de ir con su Madre.

Y fue lo mejor que pudo haber hecho ese día.














































Dato curioso:
En este flash back:
Rubén tiene 7 años y Mangel recién los 21.
*"Cachorro de Alfa" porque sus dos padres son alfa.* (Para mí)
*Si adivinan al personaje misterioso tiene actualización mañana :3

Continuamos con la perspectiva de Rubén.
O prefieren seguir con la Mangel?
Les escucho, guap@s <3

Do You Feel It °•Rubelangel•°Donde viven las historias. Descúbrelo ahora