Prefacio.

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Desastroso.

Ésa era la palabra que lo describía a la perfección. La música a todo volumen, las personas ebrias moviéndose unas a otras, parejas teniendo sexo en los pasillos, algunas simplemente perdidas en el suelo. Era un completo desastre.

Apenas si podía caminar entre la gente sin que alguien me tocará de más o simplemente sus fluidos se mezclarán con los míos. Los largos pasillos estaban repletos de rostros que ni siquiera conocía.

Había sido una mala idea.

Tenía que salir de aquí.

Camine por los pasillos entre empujones y manoseos buscando una salida. Las luces fluorescentes me desorientaban y el poco alcohol de mi sistema me hacía tambalear.

-¿Dónde está la maldita salida? -pregunté en voz alta sin que nadie oyera.

La fiesta se encontraba en uno de los edificios privados del instituto y como yo pertenecía a la clase de becarios no conocía la manera de salir. Encontré unas escaleras que llevaban al estacionamiento y sin dudarlo camine rápidamente hacia ellas.

Estaban tan oscuras que tuve que bajar a tientas para no resbalar, poco a poco el sonido de la fiesta se quedaba atrás y era reemplazado por un silencio pacífico.

El estacionamiento estaba lleno de carros deportivos y lujosos, algunos tan nuevos que parecían sacados de alguna revista. Y ni siquiera me sorprendió un poco, los niños ricos que vivían en estos edificios podían comprar cualquier cosa absurda que se les pasará por la cabeza.

Caminaba en silencio hasta que unas voces me hicieron detenerme.

Eran hombres.

Y estaban discutiendo.

Me quedé quieto hasta que supe de donde venían aquellas voces y sin hacer ruido me acerqué para poder oír mejor, me puse detrás de una camioneta que estaba cerca y puse atención.

-¡Yo no voy a seguir haciendo estás mierdas! -gritó uno de ellos.

Conocía esa voz.

Estiré el cuello con la intención de ver de quién se trataba y me quedé estupefacto cuándo vi los rostros de aquellos hombres. Por un momento el aire se atoró en mis pulmones impidiendo que pudiera respirar.

Tenía que salir de aquí.

-¿Y hasta ahora lo dices? -le escupió el otro con burla, con la mirada brillante de furia -¿Acaso fui yo quien se metió en esto? Porque si lo olvidaste, te recuerdo que por meterte en la cama de ese hijo de puta estamos aquí.

-¿Mi culpa? Yo no pienso seguir engañando a las chicas para que terminen en otro país sin identidad -le espetó -Esto es ilegal Ashton, cualquiera que lo sepa va a hundirnos.

El otro chico se pasó las manos por la cabeza desesperado, con el rostro rojo de la furia lanzándose sobre el otro. Ambos escupiendose insultos y golpes al rostro.

Intenté procesar toda la información.

El aire se había vuelto pesado y los mareos más fuertes, perdí el equilibrio y retrocedí intentando no caer al suelo pero fallé y tropecé.

Ese fue el error más grande de mi vida.

Intenté ponerme de pie rápidamente pero volví a caer, los gritos desaparecieron y entonces comprendí que ya era demasiado tarde. Los pasos de esos chicos acercándose a mí se comenzaron a escuchar.

Estaba perdido.

Comencé a arrastrarme a gatas con desesperación, mi respiración se volvió errática y mi cuerpo comenzó a temblar. Cuándo por fin pude ponerme de pie era demasiado tarde, la voz que tanto aborrecía habló:

-Pero mira a quién tenemos aquí.

Me giré lentamente encontrándome con esos tipos de mirada brillante y sonrisa perversa.

-Y-yo me equivoqué de piso -me excuse mirándolos con temor -No he oído nada.

Ashton se echó a reír caminando hacia mí.

-No te creo -me espetó.

Estaba apunto de responder cuándo su puño izquierdo golpeó mi quijada haciéndome caer al suelo.

No.

No, por favor.

Mi rostro comenzó a arder, sentí el sudor frío bajar por mi frente y cuándo levanté la vista su rodilla se impactó directamente con mi nariz haciéndola crujir, casi de inmediato sentí la tibia humedad rojiza escurrir.

-¡Golpealo! -le pidió al otro chico.

Miré al chico y por un momento vi la brillante mirada de un asesino, sentí un mal presentimiento. Pero luego fue sustituido por un dolor agudo en mi entrepierna y el abdomen. Aquel chico me había pateado como fuese un saco de basura.

No pedí ayuda.

No pedí piedad.

Sabía que no la tendrían, los conocía.

Ambos comenzaron a golpearme, puños y patadas cayendo sobre mi cuerpo indefenso. No sentí dolor, deje de sentirlo cuándo algo metálico traspaso mi delgada piel.

Me había apuñalado.

Sentí un calor húmedo apoderarse de mi pecho, la brillante sangre haciendo un charco enorme. Mi respiración se sintió pesada pero mi cuerpo dejó de pesar y doler.

Levanté la vista cuándo ambos se detuvieron y me atreví a mirarlos a los ojos una última vez; seguía esa brillante y extasiada mirada, con el pecho subiendo y bajando rápidamente y una sonrisa aterradora y perversa en sus rostros.

Ellos eran monstruos disfrazados de chicos guapos.

Por un momento sentí alivio, pero luego sentí las fuerzas abandonar mi cuerpo entre las gotas de sangre que escapaban de mí. Mi vista comenzó a nublarse poco a poco y mi vida se escabullia como agua entre mis manos.

-¿Qué haz hecho? -preguntó uno de ellos con la voz lejana.

Quise oír su respuesta pero de un momento a otro, todo se volvió oscuro.

Mi querida Lena.

Estaba muerto.

🌻🌻🌻

Está parte probablemente no la van a entender pero con el avance de la historia va a tener mucho más sentido y coherencia.

Si hay algún error, díganme para corregirlo.

Les mando un beso enorme, Emyly

Los chicos del Barrio | LCDB #1Donde viven las historias. Descúbrelo ahora