Abby Greyman perdió a su madre en un horrible accidente cuando ella apenas era una bebé. A pesar de que jamás la ha visto, sueña con ella constantemente. La llama, le muestra el camino. Un camino que conduce a...¿a dónde?
Abby debe enfrentar a la o...
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"Allí donde la luz no alumbra, tal vez alumbre la sombra"
-Roberto Juarroz
Opté luego por poner ciertos límites en cuanto a las normas de convivencia que puso Sombra: la primera, si él quiere que me quede aquí, en la fábrica abandonada, entonces ya no debe gritarme. No acepto disculpas, a la primera que me levante la voz, vuelvo a casa. La segunda, me daría libertad para ir y venir de un lugar a otro, siempre y cuando sea acompañada de alguno de la Fraternidad.
Entiendo que lo que hice estuvo mal. Huir sin decir nada, pensar que así podría alejar a las tinieblas. Pero lo comprendo. A donde quiera que vaya, hay algo persiguiéndome. William siempre lo hará.
La tercera, puedo visitar a mis amigos y a mi padre. En compañía, claro está. Y también ir al supermercado con Siena o con Kae o incluso con Peter, que estuvo desaparecido por estos días.
Pasaron dos días desde mi gran huída. Aún no he vuelto a salir. Me da miedo el que pueda encontrarme de nuevo, que pase lo mismo que ya pasó: la intención de asesinarme. Por ese motivo, comprendí que lo mejor era esperar el momento indicado para salir junto a Siena. Ella ha sido de gran ayuda, en parte me hace acordar a Tessa. Tiene ese encanto por llamar la atención, aunque le gustan las cosas brillantes, prefiere algo negro que tenga el mismo efecto, como pantalones engominados o de cuero.
-Tienes un cabello hermoso-dice en cuanto siento cómo aleja el peine-Ojalá tuviera el mismo color.
-Ojalá tuviera el tuyo-respondo-Hay pocas personas con cabello rojo. Supongo que soy especial.
-Oh, si. De eso no tengas dudas-se aleja y observo por el espejo cuando se deja caer contra la punta de cama. Yo me volteo.
-¿Y qué haces para no aburrirte aquí?-pregunto.
Siena sonríe.
-Bueno...la mayoría del tiempo ando fuera haciendo tareas o cazando a los míos. Pero cuando estoy aquí...creo que intento dormir. Pero nunca me sale bien, por eso molesto a los chicos o me voy a Daemonium.
-¿Por qué no puedes dormir?
Siena desvía la mirada, tratando de elegir las palabras para decir:
-Un demonio no duerme. Hay algunos que pasan toda su vida intentándolo y nunca lo logran. Pero hay otros, menos del cinco por ciento, que sí. Yo quiero ser parte de eso.
-¿Por qué?
A ella no le molestan mis preguntas, por eso prosigue:
-Una vez...conocí a un humano. Intenté dormir junto a él. Pero no pude. Me pasé la noche viéndolo dormir, hablando solo como si estuviera despierto. Pero en realidad estaba dormido.
-Soñaba.
Ella asiente y deja escapar un suspiro.
-Es mi mayor objetivo. Poder soñar. Poder sentir algo que no solo sea...oscuridad. ¿Entiendes? Todo el maldito tiempo...da igual. La cosa es que esa noche pude jurar que envidiaba a los humanos. A día de hoy lo sigo haciendo, pero aprendo de ellos.