La siguiente vez que Natalia despierta aún está entre los brazos de su mejor amiga, acurrucándose en su pecho el cual sube y baja producto de su rítmica respiración. Solo que no es Alba quien se ha entrometido en su habitación una vez más, no, se trata de su madre quien la saluda con una sonrisa cansada en su rostro.
Intentando no moverse demasiado para evitar que la chica que descansa en su cama despierte, Natalia se sienta en la esquina de ésta soltando un bostezo y mira a su madre, devolviéndole la sonrisa.
"Hola mamá," la saludó con la voz un poco ronca. "¿Cómo estuvo el trabajo?" Preguntó y cuando su madre se acercó para darle un pequeño abrazo, Natalia cerró los ojos y se perdió en el aroma característico del perfume de su madre. El mismo que ella recuerda que ha usado durante toda su vida.
Para Maria no fue fácil el poder volver a trabajar, ya que su marido siempre le dijo que debía dedicarse a cuidar a los niños y de mantener la casa en orden. Pero fue el hecho de que la misma Natalia la alentase a volver a la oficina, tomando un puesto como abogada en una de las firmas más importantes de Madrid, asegurándole que ahora que ella estaba mayor, podía ayudarle un poco con sus hermanos.
A Natalia no le importaba muchas veces cancelar planes a los que sus amigas la invitaban, como pasar el rato después de clases charlando de nada y de todo en un parque que les queda cerca del instituto, porque tenía que llegar a casa para que Elena no estuviese sola luego de que la kanguro la dejase en casa al salir del colegio. O tenía que pasar a recoger a Santiago a las prácticas de fútbol, día por medio. El solo hecho de ver a su madre con más vida al poder dedicarse a lo que le gustaba, no tan apagada como la recuerda durante su infancia, valía la pena. Valía la pena si su madre le contaste sobre los casos en los que estaba trabajando durante sus horarios de almuerzo en los cuales coincidía a que ambas estuviesen en casa, como eran los sábados y uno que otro viernes cuando Natalia no tenía danza, con tanta emoción que ella sabía que estaba haciendo lo correcto en ayudarle un poco con la casa.
"Un poco agotador, la verdad. Hay un caso que nos ha estado manteniendo ocupados a varios colegas y a mi..." le contó a su hija mayor. Maria le arregló un poco el cabello el cual se le había despeinado con el cojín mientras le daba más detalles sobre el cliente con el que llevaba trabajando por meses, y le dio un último beso en la frente antes de que Natalia bajase los brazos y dejase de abrazarla. "He traído la cena del restaurante chino ese que tanto te gusta, ¿despiertas a Alba y le preguntas si se queda a cenar?"
Ay, Alba. Aún dormía en medio de su cama, aunque mientras Natalia hablaba con su madre se había recostado de lado, dándoles la espalda. De repente los recuerdos de aquel momento que habían vivido antes de caer dormidas la azotan, provocando que inevitablemente su ropa interior comience a sentirse demasiado ajustada otra vez. Era la primera vez que experimentaba una sensación así y justo coincidió con que quien se la regalase fuese su mejor amiga, y antes de poder evitarlo, se da cuenta de lo mucho que le gustaría poder repetirlo. Pero no puede hacer eso, no puede suponer que Alba querría hacerlo otra vez, porque lo más seguro es que sólo lo hizo para poder ayudarla en ese momento. Y para Natalia, el solo pensar en que su relación fuese a cambiar aunque tan solo un poco, le aterraba. Es por eso que sabe que cuando Alba despierte tiene que pedirle disculpas por dejarse llevar y asegurarle que no va a volver a ocurrir, que pueden seguir siendo las amigas de siempre, dejando aquel recuerdo en el pasado.
Natalia se aclara la garganta y cierra los ojos, apretándolos con fuerza, antes de contestarle a su madre. Piensa en si debería utilizar algún cojín para cubrirse entre la piernas pero sería demasiado obvio, por lo que opta sólo por intentar que su madre no note nada extraño.
"Sí, sí... yo le hablo ahora, no te preocupes mamá." Le dijo mientras se rascaba la nuca con nerviosismo, utilizando sus cortas uñas pintadas de color negro. Maria miró a su hija, pero ésta le esquivaba la mirada a toda costa. Y como la conoce de toda la vida, sabe perfectamente que algo le está rondando dentro de la cabeza.
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Remember everything will be alright || (Albalia)
FanfictionNatalia Lacunza nació y creció llamándose erróneamente Mikel, como su padre, hasta los 9 años. Cuando comenzó a darse cuenta que no era igual que el resto de los niños de su edad, y poco a poco, que tampoco se sentía como uno. Alba Reche, su mejor a...