Capítulo diecisiete: Furia.

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        - ¿Me... - Me callé. Mi voz sonaba tan temblorosa que tuve que parar de hablar unos segundos y luego seguir. - ¿Me recuerdas?

        Golpeó una vez. Escuché también que trataba de decir algo pero las palabras no podían salir de su boca. Deducí que le costaba hablar, y que la única forma que tenía de comunicarse era mediante esos ruidos tan raros que seguramente recordaría toda mi vida. Al igual que el miedo que estaba sintiendo en ese momento.

        - Jess. - Dije, tratando de sonar tranquilizadora. - No me queda demasiado tiempo. Tampoco quiero que te esfuerzes en hablar. Sólo quiero saber algo. ¿Realmente quieres verme viva?

        Se calló. Avanzó unos cuantos pasos más mientras yo trataba de mantener la calma y respirar tranquila. Cerré mis ojos, esperando lo peor.

        En efecto, cuando los abrí, ahí estaba Jessica, parada en el marco de la puerta.

       Su cuerpo estaba deformado, apenas podía reconocerla. Su cabello estaba todo alborotado, y su vestimenta estaba rota.  Me miró con ojos llenos de enojo a medida que mi cuerpo se tornaba más y más frío. Sentía una corriente de viento, a pesar de que la ventana estaba cerrada. Levantó, luego de intentar mucho, su brazo. Acercó su mano al marco de la puerta, y lentamente golpeó una vez. Pero luego de eso, no quitó su brazo de ahí.

        - Jess... - Comencé a decir, cuando su mano golpeó otra vez. Luego bajó su brazo. Muerta. Me quería ver muerta, y no podía hacer nada al respecto. Me levanté lentamente, con mis manos abiertas en frente mío para defenderme a cualquier ataque. Pero no iba a funcionar, ya que la velocidad a la que llegó a donde estaba yo era igual a la que había usado al atacar a la cámara que estaba mirando.

        Lo último que escuché fue su grito mientras me empujaba hacia atrás con una fuerza descomunal, haciendo que golpeara con la ventana. Acto seguido, esta se rompió fácilmente y caí. Caí desde el segundo piso de la casa. Pero cuando íbamos a tocar el suelo, otra fuerza aún mayor trató de separarme de ella. Ya habían pasado los quince minutos, y debía transportarme de vuelta. Debía irme.

        Ella me siguó, golpeándome de una forma que nunca hubiese usado en su forma humana. A mi alrededor no veía nada, sólo imágenes que no podía ver. Lo mismo que había visto cuando me estaba yendo al bosque.

        - ¡Déjame! - Dije, mientras la empujaba para que me dejara en paz.

        Sabiendo que estábamos llegando, usé toda la fuerza que pude y la empujé de nuevo, haciendo que cayera en ese sin fin de colores y dejándome sola. Pasaron tres segundos, abrí los ojos y ya estaba de nuevo en el departamento. Miré hacia mi costado y ahí estaba el chico, suspirando aliviado. Estaba transpirado, por lo que supuse que se había puesto muy nervioso.

        - Bueno. - Se pasó la mano por el pelo tratando de cobrar la calma y rió un poco. - Eso estuvo cerca.

        Me dejé caer en la silla mientras reía un poco, aún llena de nervios, y suspiré tranquila.

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        - ¡¿QUÉ MIERDA ESTABAS PENSANDO?!

        - No le hables así. - Dijo Sebastián desafiante mientras se levantaba del sofá, poniendo una mano sobre su hombro. - Ella no sabía lo que iba a pasar.

        - ¿PERO ACASO ESTÁ LOCA? - Siguió gritándome Jason. Yo puse los ojos en blanco y me crucé  de brazos.

        Recordaba todo lo de anoche. Había sido una total pesadilla, pero en la vida real. Había estado con Jessica, me había comunicado con ella, y ella había intentado matarme. Mis pasos fueron más lentos a la vuelta, por lo que tardé el doble en llegar. Cuando lo hice, me dormí profundamente, y a la mañana los humores no eran los mejores.

        Prefería ver a Jason borracho.

        - ¿Acaso sabes el lío en el que te metiste? - Me señaló con el dedo, aún con la voz alta. - Podrías haber muerto.

        - ¿Por qué te interesa eso? - Le dijo Seba. 

        - Porque si los rescaté para algo - ahora le gritaba a él, pero en realidad se dirigía a los dos. - fue para protegerlos.

        - Bien, pues si de verdad querías protegerme - dije, interrumpiéndolo, poniéndome de pie y alzando mi voz con cada palabra. - me hubieses dicho lo que verdaderamente estaba pasando.

        Iba a responderme algo, pero se calló. Puso las manos en sus caderas y respiró hondo, evitando mirarme.

        - ¿Pues bien? - Dije desafiándolo. - ¿Algo para decir? ¿O nunca nos ibas a contar que los están investigando? ¿Que tienen réplicas de su sistema?

        Sebastián me miró fijamente y luego lo miró a Jason, que estaba totalmente mudo. Luego se sentó en la silla que tenía detrás suyo, que estaba al frente mío, y cubrió su rostro con sus manos.

        Me empecé a retirar, pero luego me detuve y me di vuelta, ya casi alcanzando la puerta principal. - ¿Algo para decir? - Lo observé. El se tomó su tiempo, me miró a los ojos y negó con la cabeza. - Bien, pues me voy. No me esperen, volveré cuando tenga ganas. - Dije mientras abría la puerta.  Estaba por cruzar el marco cuando Jason volvió a hablar.

        - Trata de no meterte en ningún otro lío. - Dijo pausadamente. - Por favor.

        Sin darme vuelta, cerré la puerta de un portazo.

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        - Me llamo Matthew. - Estrechó su mano con la mía. - Encantado de conocerte, aunque ya nos hemos visto antes. - Rió un poco.

        - Yo Marianela. - Sonreí amable.

        - Sabes, me alegra tener alguien con quien hablar. - Seguimos caminando por el pasillo.  - Aquí están todos locos. No se puede confiar en nadie. - Negó con la cabeza.

        - Ya me di cuenta. - Me encogí de hombros.

        Estaba paseando por el edificio cuando lo encontré. Me dijo que me estaba buscando y que tenía que mostrarme los resultados de la noche anterior, que ya estaban listos. También me contó que habían tardado en imprimirse, al darse ciertas secuencias como la de Jessica que alteraron un poco las cosas.

        - En realidad, - me explicó mientras entrábamos al salón de experimentos. - no habían pasado quince minutos. Pero dadas las circunstancias no podía dejarte ahí mientras esa mujer te mataba.

        Le agradecí y nos acercamos a las grandes máquinas. En efecto, ahí estaban los resultados, de los cuales no entendía absolutamente nada. No le preguné si me los podía explicar porque eran demasiados, así que dejé la gran cantidad de papeles donde estaban y me senté en una de las sillas, observando las computadoras. Luego miré a Matthew mientras guardaba los papeles en uno de los armarios.

        - Los resultados fueron normales, o al menos casi todos. - Empezó a decir. - Lo del final fue muy sorpresivo, y es lo único diferente. - Asintió satisfecho. - Los investigadores se van a encargar de eso. Nos va a servir mucho.

        No podía creer que tan sólo con una pequeña visita podría haberlos ayudado, y eso me hizo sentir muy bien. No pude evitar sonreír. Me estaba gustando mucho este lugar.

        

        

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