Capítulo 4: Crónicas de Útopia tercera parte.

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Tras entrar a la torre que condecoraba la ciudad, ya que esta se encontraba situada en su centro, empezamos a inmiscuirnos en sus profundidades. Las entrañas de la torre eran tanto lúgubres como simples, pues su interior estaba decorado con un suelo de color rojizo. Sin embargo, parecía envejecido por sus paredes, que eran de piedra grisácea con alguna que otra zona musgosa. Para tratarse del centro de la ciudad, parecía muy dejada. En el instante en el que cruzamos la puerta de esta, un nuevo grupo de encapuchados armados con un equipo tan deleznable como el anterior nos rodeó fácilmente.

Para derrotarlos usamos el mismo método que con el otro grupo de asaltantes. Y así fue con cada uno de los enemigos que nos encontrábamos en esa torre mientras la escalábamos usando su oxidada escalera de caracol. Hasta llegar a su cima, donde encontramos una amplia sala carente de iluminación.

Tras unos segundos de haber entrado en la sala, nos acostumbramos a la oscuridad. Empezamos a inspeccionarla con cautela, pues podríamos volver a ser asaltados por más asaltantes, e incluso dada la amplitud de dicha sala, no sería difícil creer que esta vez su grupo sería mucho mayor.

De repente, Rayji se quedó inmóvil. Su rostro era un cuadro. Cuando le fui a preguntar qué pasaba, él me tapó la boca de un manotazo y señaló al frente. Allí, a unos diez metros de nosotros, se hallaba una mujer morena de años avanzados. Estaba sentada en un extraño trono y una gran cantidad de hilos permanecían clavados en su cuerpo. La mujer no tenía sentimiento alguno reflejado en su rostro, casi parecía que no había vida en ella.

A los pocos segundos, el rostro de Rayji volvió a cambiar y de golpe se lanzó hacia la mujer con todas sus fuerzas, sin haber invocado antes a DrillThunder.

-¿¡Pero qué haces inconsciente?! -le repliqué al osado peliazul.

-¡Cállate, cara huevo! ¡Esta mujer es la curandera de mi aldea! -exclamó el macarra sin dejar de correr.

En ese momento mi cabeza no entendía un mínimo atisbo de lo que sucedía y de nuevo, quedé inmóvil ante dicha situación.

Cuando apenas le quedaban tres metros para alcanzar a la curandera, el cuerpo de Rayji frenó en seco. Como si una tercera fuerza le hubiera impedido avanzar. De la oscuridad, surgió una grave y profunda voz.

-Parece que los Souldiers de hoy en día no sois muy sigilosos...

Intenté moverme hacia Rayji para socorrerle. Sin embargo, la voz resonó de nuevo:

-Mocoso pelirrojo... No te aconsejo moverte. ¿O es que quieres ver cómo hago rodajas a tu amiguito?

Me detuve en contra de mi voluntad, pues no quería que Rayji saliera herido.

-Bien, así me gusta. Por muy soldaditos que seáis, también bailáis en la palma de mi mano. Igual que estos ineptos ciudadanos de Útopia... -la voz sonaba cada vez más y más cercana.

Entre la oscuridad, se dejó ver un hombre rubio de cuya mano salían unos hilos negros idénticos a los que permanecían empalados al cuerpo de la mujer sentada en el trono. Pero estos, eran los que mantenían a Rayji en cautiverio.

-¿Quién eres? -interrumpí con un tono solemne.

-Aquí soy yo quien hace las preguntas, mocoso -interrumpió el soberbio rubiales.

En cuanto ese hombre dejó de pronunciar sus palabras, noté un golpe en mi mejilla. Me produjo solo un pequeño corte pero por acto reflejo reculé rápidamente. Sin embargo, este se curó incluso aún más rápido que las otras heridas.

-Te he dicho que no te movieras.

El hombre empezó a estrechar los hilos que rodeaban el cuerpo de Rayji y este empezó a contorsionarse cada vez más. Pero de golpe, Rayji liberó una tremenda descarga eléctrica, que con la ayuda de los hilos que el propio villano puso en él, le propinó un tremendo calambrazo.

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