Parte 32

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Arthur llego tarde a su casa, cansado de estar simplemente sentado en la banqueta frente  una casa que no conocía de nada. 

No se sentía de buen humor, su cabeza estaba punzandole de tanto pensar. 

Tenia unas grandes ganas de tirarse al suelo y dejar que todo se solucione solo. 

Pero eso seria muy tonto de su parte.

-¿Todo bien, cariño?- Arthur paro a medio camino a las escaleras, su madre lo miraba desde el sillon, desde donde podia notar que llevaba rato viendo la television.  Maldijo su suerte.

-Si, mamá.- Contesto de la forma mas normal que pudo, con cuidado (para no ser mas evidente) rectifico su postura hasta parecer solo cansado y no abatido.  Ellos solo lo miraba, evaluando su postura y su ropa, quizas buscando un indicio de lo que pasaba. 

-¿Seguro?- Arthur asintió, sonriendo un poco para calmarla, pero Elizabeth no era tonta, y sabia bien que había algo raro en su hijo. - Bien, hay manzanas en la cocina por si quieres una.- Pero no iba a forzar a su hijo a hablar, le daría su espacio, y cuando viera que era necesario, entraría a apoyarlo. 

Arthur volvió a asentir y, aliviado, pensó que su madre no se había dado cuenta de nada.




La vida de adolescente de Arthur Kirkland. HetaliaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora