Amelia comenzó a llorar en el momento en que entró a su cuarto. Jamás le había contado a nadie lo que había pasado cuando vivía en Colorado y, sinceramente, no se sentía preparada para hacerlo. No era su obligación contarlo, tenía el derecho de callar, pero de solo volver a ver a Tom a la cara, mirarlo a los ojos otra vez, con lo sensible que era, escupiría todo el dolor y sufrimiento de su existencia. Era tan débil a veces, y se conocía, sabía cuál sería el resultado de la presencia del inglés si se aparecía otra vez esa noche.
En medio del ataque de angustia que estaba sufriendo, tomó la libreta en que tenía anotado el número de su jefe y bajó velozmente hasta la primera planta de la casa, tomó el teléfono y le marcó. A los dos timbres contestó.
—¿Hola?, ¿señor Fitzherbert?, soy yo, Amelia...
—Hola, muchacha, ¿cómo estás? —interrogó él desde el otro lado.
—No tan bien, señor. Tuve un imprevisto. Una amiga que debe viajar fuera de la ciudad esta noche; ha muerto un familiar y no tiene con quién dejar a su bebé.
—Entonces no irás a trabajar.
—Por eso lo llamaba señor, ¿hay algún problema si no voy esta noche?
—¡Oh, claro que no! Pero se te descontará de tu paga, por supuesto.
—Claro, señor Fitzherbert...
—Y lo siento por tu amiga, ten un buen día.
—Adiós, señor. Muchas gracias.
Aunque a final de mes tendría algunos dólares menos en su boleta de pago, se sintió sumamente aliviada de haberse relevado del turno de la noche.
Al ser la mañana y no haber nadie en casa aparte de ella, decidió darse una larga ducha de veinte minutos. Luego de su usual rutina de cuidado para el pelo, desayunó y se puso el pijama, para luego meterse a la cama. No tardó mucho en caer dormida, olvidándose incluso de apagar la luz.
Mientras tanto, el londinense estaba muriéndose de frío y sueño al arribar al set de grabación durante aquella media mañana.
—¡La nieve está por venir, querido Tom! —dijo el joven director de la película, a la vez que se aproximaba a él.
—Así es, Dorian. —respondió Tom mientras ajustaba su gorro—. ¿Crees que podamos rodar si nieva?
—Tendríamos que cambiar el plan de rodaje y adelantarnos a las partes que sí contengan nieve, pero eso ya se verá después. Por ahora, ve a la sala número tres, que pronto llegarán los demás. Tengo una sorpresa para todos, así que anda y bebe algo caliente mientras esperas.
El inglés se sentó en una silla de la mesa de reuniones mientras bebía té y repasaba el libreto. No obstante, su mente volvía a caminar hasta Amelia sin que pudiera hacer nada al respecto. Le resultaba complicado enfocarse en algo que no fuera desentrañar los motivos que la llevaron a abandonar su hogar.
—Buenos días. —Escuchó una voz detrás de él.
Al verla, se puso de pie. Casi tan alta como él, de preciosa figura femenina, cabello corto de color rubio pálido, ojos azules con largas pestañas y rellenos labios color rosa perlado. No pudo evitar recorrerla por completo con la mirada.
—Buenos días. —respondió él finalmente—. ¿Quién eres?
Se sintió un tonto al preguntarlo así.
—Yo... bueno, yo soy tu esposa. —dijo ella.
Él soltó una pequeña risa. La invitó a tomar asiento con un gesto, mientras se aproximaba a la barra.
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Panacea Universal
Fanfiction❝El que jamás ha llorado y sufrido en soledad, nunca podrá entender cuan dulce puede llegar a ser el verdadero amor❞ ➤En lugar de una larga parrafeada contándote de qué se trata esto, prefiero dejarte algunos comentarios de mis queridas lectoras: ❝L...
