Salgo de la habitación sin avisar a Charlotte y me dirijo al último lugar donde saqué mi diario, la zona arbolada. Creo que ha sido una mala idea eso de traerme el diario al campamento, ahora lo he perdido y todos mis secretos pueden salir a la luz. Con todo lo que hay escrito, el que lo haya encontrado, si alguien lo ha encontrado, puede hacer que me arrepienta de mi existencia. Nadie debe saber por qué soy así de desagradable, por qué no me hablo con la gente, por qué soy tan antisocial; el por qué de todo está ahí. Si alguien lo encuentra, es el final de mi historia.
Al no encontrarlo en esta zona, vuelvo al edificio mirando bien por el suelo, a estas horas hace calor... No veo a nadie en la calle, bien, me digo, así no me mirarán como a una desgraciada buscando pan por el suelo, que es eso lo que parezco.
No encuentro nada, ni siquiera alguna hoja de él tirada por el suelo como había pensado. Parece ser que la persona que lo tiene no quiere que yo sepa que lo tiene.
Estoy súper desesperada, ¿y ahora qué va a ser de mi vida? Una auténtica mierda, como lo era, pero más. A parte de sentir que ya no tengo privacidad, siento que me falta algo, yo no soy de esa gente que para desahogarse habla con otra gente, no, yo uso papel y boli porque a la única persona a la que le puedo contar mis penas y lo que me pasa es a mí misma.
Sin esperanzas, vuelvo a entrar por la puerta que lleva al interior de lo que yo lo llamaría hotel. Siento que este campamento va a ser y está siendo una basura, el destino me lo está demostrando ya desde el primer día.
Empiezo a subir las escaleras porque paso de coger el ascensor y sigo buscando por el suelo sin éxito. Cuando levanto la cabeza porque ya solo me faltaba coger tortícolis, un chico rubio con ojos verdes me mira unas escaleras más arriba que yo. Baja las escaleras que le faltan para llegar hasta mí y me sorprendo de que se haya parado justo en el mismo escalón que yo. Me doy cuenta de que he dejado de subir escaleras y de que él me está mirando.
— ¿Eres Summer Steel? —me pregunta arqueando las cejas.
—Eh... sí. ¿Te conozco? —cómo no, yo siempre a la defensiva.
—No nos conocemos, deja que me presente, soy Danel —se queda en silencio esperando a que yo le diga que soy Summer aunque ya lo sepa y sigue—. Te he visto desde la ventana, estabas en el patio, no sé qué hacías. Pero he podido suponer que buscabas algo. Estabas todo el rato mirando al suelo.
—Sí...
—Creo que puedo ayudarte. Me he encontrado un cuaderno con tu nombre.
Ya he entrado en pánico. Tiene mi diario.
— ¿Puedes devolvérmelo? Es mío. Y por si no lo sabías, es privado.
—Espera, Summer, vas muy rápido. ¿De qué color es?
—Azul.
—Puedo dar por acabado el interrogatorio —quiere hacerse el gracioso pero no me hace ninguna gracia.
— ¿Me lo vas a devolver ya?
—Sí, pero verás... está en mi habitación y...
—Pues vete y me lo traes.
Me está sacando de quicio, ¿tanto le cuesta devolvérmelo?
—Ahora no puedo, lo siento.
— ¡¿Cómo que no puedes?!
—No puedo entrar ahora en la habitación.
— ¿Se te ha perdido la llave?
—No es eso, es que mi compañero se está duchando.
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93 días de Verano ✔️
Teen FictionSummer es una chica sin amigos que apenas se habla con la gente. Acaba el curso y merece tener el Verano libre para hacer lo que quiera por sus buenas notas. Pero en cuanto llega un mensaje del instituto diciendo que gracias a ellas puede pasar el V...