20 - DUDAS

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¿Cris?

Menuda la que nos ha caído encima. ¿En qué demonios estaban pensando cuando crearon el códice? ¿No podían haber hecho las cosas más sencillas? No. Por supuesto que no. Tenían que asegurarse de jodernos la existencia.

—¿Qué le ha pasado a la bufanda? —pregunta Drogo mirándome intrigado.

—No tengo ni idea —respondo mirándola —. Y es una pena, pero me encanta que me la hayan puesto.

—Sí. Y a mí también. Incluso destrozada te queda muy bien.

Drogo se va acercando poco a poco más a mi cara cuando un carraspeo nos interrumpe.

—¿Es que no puedo dejaros solos?

Los dos nos separamos y Drogo suelta un bufido de aburrimiento, lo que me hace reír.

—¿Y qué esperabas, Ananké? —replica molesto —. ¿Es que ni muertos vamos a tener intimidad? Mira, mejor vamos ya a cumplir la misión. Tengo ganas de acabar cuanto antes con esto.

—No seas tan impulsivo, Drogo —le reclama —. Todo llegará a su momentos. Ahora, si tenéis alguna duda, aprovechad y las responderé.

Drogo y yo nos miramos. No es mala idea, ya que tenemos varias en mente.

—De acuerdo —dice Drogo —. Lo primero de todo. ¿Por qué no estamos en forma espiritual si estamos muertos?

—Eso es porque vuestros cuerpos están en suspensión —nos aclara —. Eso os permite estar aquí en forma física. Pero os advierto. Lo que os suceda aquí, les sucederá a vuestros cuerpos y lo que les suceda a vuestros cuerpos, lo notaréis aquí.

—¿Es por eso que han aparecido la bufanda y la espada? —pregunto intrigada.

—Exactamente. Estáis aún unidos a vuestros cuerpos, ya que es la única manera de hacerlo. Hablando de lo físico... Cris, ¿se lo has contado ya?

—¿Cómo iba a hacerlo si no nos ha dado tiempo?

Drogo me observa intrigado.

—¿Qué es lo que me tienes que contar?

—Verás...

En mi rostro se dibuja una enorme sonrisa de felicidad, y más la ver su expresión. No se entera de nada.

Sin decir ni una palabra, cojo su mano y la poso sobre mi vientre. Él me mira asombrado y lleva sus ojos de mi tripa a mi cara y de mi cara a mi tripa, como si aún no se lo creyese.

—¿Estás... estás embarazada?

Asiento sin dejar de sonreír, pero a la vez con un poco de miedo por su reacción.

Ésta no se hace esperar y enseguida me encuentro en brazos de mi amado. Un suspiro silencioso se me escapa. Por lo menos ha sido una buena noticia para él.

—Pero... ¿Cómo? —pregunta separándose ligeramente de mí y cogiéndome las manos. Eso me hace reír.

—Drogo... Tenemos ya tres hijos. ¿A estas alturas te lo voy a tener que explicar?

Una risilla burlona se le escapa, lo que provoca en mí un ligero estremecimiento. Me encanta verle así. Tan él.

—Sabes de sobras a lo que me refiero —responde divertido —. Y déjame decirte que me alegro mucho. Sobre todo por ti.

—¿Por mí? —pregunto intrigada. Eso sí que no me lo esperaba.

—Por supuesto que sí, cosita —contesta acariciando mi mejilla —. ¿Acaso no recuerdas lo mal que lo pasaste con los otros embarazos? El primero casi te mata, y déjame decirte que estuviste más dormida que despierta. —Una risilla se me escapa. Tiene razón. —Y el segundo... No voy a juzgarte por lo que hiciste. Leí el libro y enseguida comprendí tus motivos. Aunque hubieran cambiado las cosas, estoy convencido de que hubieras actuado de la misma manera porque tú eres así. Siempre antepones el bienestar de los demás al tuyo propio y eso es algo que siempre he admirado en ti.

DC XII:LA REINA DEL MUNDO √Donde viven las historias. Descúbrelo ahora