━━━━━━ ✰ ⌇ ⌗𝐄𝐑𝐎𝐒: sin duda un ser excepcional; ojos tan profundos como el océano que escondían mil secretos y a la vez gritaban tantas verdades; labios deseables, como una manzana madura lista para ser mordida; codiciable, definitivamente una fr...
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-Vamos cariño, ¡Vamos! ¡Corre más rápido! -gritó mientras una sonrisa se ampliaba en sus naturalmente delgados labios, que ahora se hallaban hinchados y desgastados por la anterior sesión de besos que había compartido con el pequeño mortal de piel nívea y perlosa, la cual, brillaba en una perfecta manera al contrastarse con el reflejo de la Luna.
-¿¡Estás loco HoSeok!? ¡No entiendo! ¡No entiendo nada! -se quejaba el menor, buscando de alguna forma seguirle el paso al semi desnudo sujeto frente suyo.
En su cabeza miles de escenarios se podrían presentar estando con aquel inusual "hombre", más ninguno como ese, ninguno como ver la noche de tonos más oscuros que cualquier otro, una mezcla de amargura e ira se apreciaba en sus colores, consumiendo su paciencia y la poca cordura que aún le quedaba, porque aquel castaño se robaba toda su maldita consciencia.
¿Siquiera recordaba el inicio de todo? Por supuesto que lo hacía. Aún recordaba a ese ser que brincaba y saltaba sobre las pequeñas frutas púrpuras, creando la maravillosa esencia que se resbala desde sus labios hasta su garganta. La vid, le llamaban algunos desquiciados por su sabor. El increíble vino que más que actuar como una bebida cualquiera, en su caso actuó como sedante inhibiendo y perforando sus barreras, permitiendo así, que en una tranquila noche, HoSeok, mejor conocido como; Baco, terminara enredado entre sus piernas, mientras el licor se paseaba por todo su cuerpo, siendo retirado por la habilidosa lengua del castaño, una infernal y precipitada escena de lujuria que sólo sería el comienzo de una púrpura relación.
El viento soplaba tranquilo, las corrientes de la cristalina agua del pequeño río avanzaban pacíficas acariciando sus cansados pies, explorando por entre medio de sus dedos y dejando húmedo cada pequeño espacio de piel expuesta.
Calma.
En esos momentos, todo se resumía en la calma que sentía de poder apreciar la perfecta sinfonía de la naturaleza haciéndole compañía. Su corazón latía regularmente, casi podía asegurar que los latidos de este, cualquiera los podría escuchar, y su mente, su mente no pensaba en nada, simplemente, se dejaba llevar por la cálida bebida en su mano y el ambiente.
¿Ese era Jung HoSeok? O, mejor dicho; Dionisio, ¿Dios del deseo, el vino, excesos, locura, éxtasis y liberación? Sí, ese mismo era, sólo que, en algunas ocasiones, se cansaba de gastarle bromas a la vida, de su pequeño séquito y de las múltiples sesiones de placeres carnales que le ofrecían la esplendorosa vida que se manejaba.
Se cansaba de ser él.
Él optimista, juguetón y deseado castaño de pequeños rizos que se pegaban a su dorada frente. Él encargado de hacer feliz a los humanos, de dejar expuestos sus deseos más oscuros. Él lunático Dios, del cual, sólo algunas personas tenían conciencia, pues Rea le seguía aconsejando que hacerse pasar por un simple mortal sería lo indicado.