3. Anne's invitation

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( CAPÍTULO 3 )

La invitación de Anne

❝La invitación de Anne❞

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JANETTE NO ESTABA ACOSTUMBRADA A TRATAR MAL A LAS PERSONAS dentro de la escuela y desconoció lo necesario de conocer frases ofensivas hasta que Josie Pye se convirtió en un dolor de cabeza constante. Sobre todo después de que se negara a participar del juego de la botella después de clases.

—Vamos, Janette, no querrás dar una mala imagen de los citadinos. ¿O sí? –Dijo, jocosa.

Ella ya se había calzado el abrigo y la bufanda para cuando formaron una ronda en el salón. Se encontró con sus compañeros a la expectativa de su respuesta, algunos más interesados en presenciar una de sus constantes discusiones que en saber si jugaría.

Josie Pye y ella escondían el desagrado mutuo que sentían hasta que la campana sonaba y se veían lejos de oídos adultos. Fue la lengua afilada de Janette lo que llevó a las niñas a ponerse del lado de Josie y dejar de invitarla a sus almuerzos.

Pero Janette volvió a negarse, tal cual lo hizo cuando el señor Phillips, su profesor, anunció que la clase había finalizado. Tenía muchas ganas de regresar a casa y merendar con su madre a la espera de tía Diana.

—Si los fenómenos jugaron, tú también. –La siguió Billy Andrews, el muchacho que en su primer día le dio la bienvenida y la impresión de que era mucho mejor persona de lo que conoció después.

Los chicos se rieron y miraron a Anne de reojo, que también se preparaba para irse, lo que molestó aún más a Janette.

Lo cierto es que la chica Shirley la tenía cautivada con su extravagancia y su pasión por la vida. Los últimos días había insistido en que caminara con ella y Diana de vuelta a casa, pero Janette no disfrutaba de su compañía tanto como estando a solas, así que cambió de camino para excusarse. Ya encontraría oportunidad para invitar a Anne a casa, en algún momento que tía Diana fuera al pueblo y estuviera a solas con su madre, claro.

No quería darle más razones para alejarse de ella incluso fuera de clases.

—Billy, eres el intento de muchacho más ridículo que he conocido en mi vida. –Bufó sin dar tiempo a respuestas.

Luego verían a la joven Wesley tomando sus cosas y corriendo tras la cabecita roja para despedirse. Jamás se iba sin desearle un bello final del día.

—¡Anne! –Llamó bajando presurosamente las escaleras.

Pero aquel día Diana no era la única compañía de Anne: iba con ellas Cole Mackenzie, el chico con el que el profesor solía tomárselas seguido. Solía comer a solas en un rincón del salón y Anne los había presentado, pero ni siquiera teniendo la coartada de estar igual de sola se había atrevido a hablarle. Janette no tenía trato con chicos, desconocía cualquier forma de entablar conversación con ellos que no fuera para devolver insultos, como lo hacía con Billy Andrews.

Anne aguardaba con una sonrisa cuando Janette llegó soltando bocanadas de vapor. Afuera hacía un frío infernal y la nieve disfrazaba el campo con un bello manto blanco.

—Pareciera que Avonlea se vistió de novia. –Dijo Janette, intentando imitar el tono soñador de Anne con el simple propósito de oírla decir algo parecido. Le divertía muchísimo.

—¡Ya creo que sí! Adoro el paisaje nevado, es si viviéramos en la mejor parte de una historia navideña.

—No falta mucho para eso, por lo que dijeron hoy ya están poniéndose en marcha los planes para la pantomima. –Asintió Janette.

—Sí. Justo íbamos a casa para preparar ayudar a Marilla con los vestuarios y arreglar algunas cosas, y tal vez merendar. –Dijo la muchacha y de repente se le iluminó el rostro en una sonrisa–. ¿Te gustaría venir? No será problema una persona más, estoy seguro de que les hará mucha ilusión conocer a alguien de la gran ciudad.

Una invitación espontánea a casa de Anne sonaba como un sueño, sería la primera vez que una amiga la presentaba a su familia. Su sonrisa se ensanchó aún más de la emoción y tan dichosa se sentía, que no se percató de que la sonrisa de Diana se había esfumado.

—Creo que podría preguntarle a mi mamá. Oscurece temprano y quizás no me quiera fuera tan tarde, pero ¡pero preguntaré!

—¿Quieres que te acompañemos?

—Mi casa queda pasando la tuya, para aquel lado. –Señaló en animoso ademán–. Iré corriendo a pedir permiso e iré directo para allá. Gracias, Anne, eres una muchacha muy dulce.

Y aferrándose a su canasta, Janette desapareció en la espesa nieve.

En casa su madre la recibió con panes dulces recién sacados del horno. Humeaban sobre la mesa de forma tentadora y casi intenta pellizcar un pedazo de no ser por el peligro de quemarse.

—¡Ya llegué! –Anunció dejando sus libros en la mesa junto a la entrada. Oyó a su madre saludarla–. ¡Y ya me voy!

—¿Qué?

Cuando entró a la cocina, su madre abrió los ojos muy grandes al ver el desastre que era su hija: llevaba su largo pelo negro revuelto y estaba llena de nieve. Janette le contó que, en su emoción, había tropezado con unas cuantas raíces salidas pero estaba bien.

—¡Anne Cuthbert me invitó a su casa! Está preparando el vestuario para la pantomima navideña con unos compañeros y quiero darles un mano. ¿Me dejas ir?

—¿Tienes tarea? –Inquirió.

—Nop.

—¿Tu cuarto está limpio?

—Mamá –Gruñó echando la cabeza hacia atrás–, voy a ir a casa de los Cuthbert, no a invitarlos a hospedarse en mi habitación.

Se sentía ansiosa por salir corriendo de nuevo. La carrera desde la escuela había despertado en ella un sentimiento de adrenalina intenso y solo quería sentirlo una vez más: el frío en su cara, la nieve en sus botas y en su pecho, la emoción de merendar con personas nuevas. Incluso tendría oportunidad de mostrarle a Diana que no era tan agresiva como Josie Pye la hacía parecer.

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⏰ Last updated: Apr 04, 2020 ⏰

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Janette | c. mackenzieWhere stories live. Discover now