—¿Tom Hiddleston? —interrogó incrédula una de las mujeres—. ¿Y tú?
Ella solo ignoró a la fémina que le hablaba e hizo su rutina para volver a casa: chaqueta, tarjeta para el autobús, mochila. Dos buses después, llegó, pero ya no era la misma Amelia que ayer.
Se sentó frente a la pequeña mesa mientras el hervidor comenzaba a bullir. Preparó el té, se quedó mirando por la ventana y, sin siquiera entender por qué, volvió a llorar. No comprendía por qué Tom se había acercado tanto. Mucho menos por qué había intentado besarla. Casi le parecía cruel.
Había vuelto a enternecer una parte de Amelia que ella misma creía muerta, inhábil, clausurada. No tenía derecho a aparecer así y estremecerlo todo con su estúpida y encantadora existencia. Ella estaba bien sola. O, al menos, había aprendido a estarlo.
No necesitaba a nadie para levantarse por las mañanas, trabajar, pagar sus cuentas y regresar a su cuarto. Había construido una vida que funcionaba precisamente porque no dependía emocionalmente de nadie. Tom estaba comenzando a estropear ese sistema. Y eso la aterraba.
Ella no tenía remedio. Estaba estropeada. Las personas como ella debían mirar el amor de los otros, no vivirlo. Porque no sabían cómo hacerlo, no lo entendían y, por lo mismo, tampoco debían necesitarlo. Eso se dijo. Eso necesitaba creer.
Amelia decidió que tomaría una de esas píldoras para dormir que había comprado hace un tiempo, ya que por sí misma jamás lograría consolidar el sueño. Revisó si la alarma que estaba sobre la mesita de noche estaba trabajando correctamente y se durmió al rato después.
Por el otro lado, Tom ya casi no se podía los párpados por el sueño mientras estaba grabando algunas escenas que probablemente no serían incluidas en la película. Al menos para él no eran importantes. "¿Cuánto de todo mi esfuerzo será recortado de esta cinta?", pensó disgustado.
Las horas pasaban lentas, y no podía evitar que, hasta en los momentos más inapropiados, Amelia se infiltrara por entre medio de sus pensamientos. Había sido un idiota. ¿Por qué tenía que ser tan inepto? No tenía tacto, era un desadaptado y lo peor era que lo era aún más con Amelia; justo con quien debía tener más tino, se volvía un imbécil de talla XXL e intentaba besarla de imprevisto.
La joven de ascendencia rusa significaba terreno inexplorado para Tom. No tenía ningún plan de acción para lograr que alguien como ella se interesara en él, porque jamás había conocido a una mujer así. Amelia no caería rendida a sus pies por una simple caja de chocolates o un ramo de flores; había pasado por mucho durante su vida como para ser tan predecible y ordinaria. Ella era todo menos un fenotipo corriente.
A unos metros de él estaba Ava. Era alta, rubia, elegante y llamativa; el tipo de mujer cuya presencia difícilmente pasaba inadvertida. Tom la observó durante unos segundos. Era hermosa. Y, sin embargo, estaba pensando en Amelia. En su uniforme amarillo, en su cabello escondido bajo aquella ridícula malla, en el olor a café y papas fritas que siempre parecía acompañarla. En la forma en que fruncía el ceño cuando él hacía algo que consideraba estúpido. En aquella risa que parecía escapársele a pesar suyo.
—Invítala a salir. Es imposible que te rechace.
Tom pestañeó. Lucas acababa de sentarse junto a él.
—¿De qué hablas?
—De Ava. Llevas media hora mirándola.
—No digas tonterías. —masculló el pelirrojo—. Solo estaba mirándola.
Se puso de pie y se alejó de él. Un suave "Amelia" escapó de sus labios. De algo estaba seguro: por lo pronto no podría verle, y es que se le caería la cara de la vergüenza después de lo que había hecho, o más bien dicho, de lo que casi había hecho.
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Panacea Universal
Fanfiction❝El que jamás ha llorado y sufrido en soledad, nunca podrá entender cuan dulce puede llegar a ser el verdadero amor❞ ➤En lugar de una larga parrafeada contándote de qué se trata esto, prefiero dejarte algunos comentarios de mis queridas lectoras: ❝L...
