SE HA DE LATIR FUERTE PARA QUE EL MUNDO SEPA QUE EXISTES
Desperté e increíblemente todavía me mecía sobre aquel Drago, no me había caído. Era de noche y tenía hambre. No sé ni cuántas horas había dormido.
Entré en el faro, pero no encontré a nadie, ni rastro de la chica, ni de Niño, ni de Tronco. La escalera de caracol me impresionaba y no sé por qué no pude subir más arriba de mi planta.
De repente, escuché un ruido fuera y aquello fue suficiente para salir. En el suelo, junto a la puerta, descubrí un papel debajo de una enorme piedra. Supuse que alguien la acababa de poner, pues era extraño que no la hubiera visto al entrar en el faro, aunque con el jet lag que arrastraba todo era posible.
La nota decía:
Ve tan al norte como puedas; allí te esperamos. ¿Dónde está el norte? La piedra te lo marca. Se te enfría la cena, no tardes.
Bajé la vista y, realmente, la forma de la piedra me indicaba una dirección clara.
No sabía si aquello era otra novatada, pero el hambre me hizo partir en aquella dirección.
Caminé unos buenos quince minutos y, cuando ya estaba a punto de darme por vencido, los vi.
Estaban en una pequeña cala rodeada de una montaña en la parte más baja de la costa.
Niño estaba a punto de lanzarse al agua desde un trampolín, el perro le observaba justo desde abajo. Se notaba que no dejaba de protegerle. Me gustó esa imagen, rozó algo dentro de mí.
Aquel lugar era realmente hermoso. Olía a brasa y había distribuidas unas luces de verbena por todo su contorno.
Bajé por la colina. Justo detrás de la cala se levantaba una montaña inmensa. El lugar era extraño y en él convivían extraños binomios de la naturaleza, supongo que al igual que los humanos que la habitábamos.
Niño vino a recibirme corriendo. La chica enfadada estaba cerca del mar. Tronco y alguien a quien no conocía estaban preparando la comida en unas peculiares barbacoas.
Sentí que aquella fiesta me abrumaba, no me imaginaba que mi llegada les daría tanto trabajo. Me sentí halagado: nadie me había preparado jamás una bienvenida de esas características.
La gigantesca mesa principal estaba perfectamente decorada y justo en medio había un increíble centro con pétalos de flores.
Niño llegó corriendo hasta mí antes de que pudiera bajar toda la colina.
—Aquí comemos y cenamos. Nunca hay tanta parafernalia, pero hoy estamos de celebración. ¿Tienes hambre?
—Un poco.
—Genial. Venga, te presentaré a los que no conoces.
Niño desprendía felicidad. Pero dudaba si le caía bien porque era su obligación o porque realmente habíamos empatizado.
Fuimos directamente a las barbacoas, donde había un montón de carne cogiendo color. Era curioso ver a Tronco girar las parrillas con sus pequeños muñones. Lo hacía con una precisión fascinante.
De repente vi que no había fogones, que todo aquel calor provenía de la propia tierra y fue entonces cuando me di cuenta de que aquella extraña montaña en realidad era un pequeño volcán inactivo pero suficientemente en forma para poder asar toda aquella carne.
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El mundo azul ama tu caos-Albert espinosa
RandomSí, arriésgate. Ésa es siempre la respuesta