C U A T R O

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Samuel era alguien frío. Quizás esa era una de sus principales características, pero no siempre había sido así.

— Necesito que le saques fotos al chico, que se vea de la peor manera posible, ¿sabes? Así al menos, eso mantendrá a la víctima presionada. —Indica Paul mientras teclea algo rápidamente en su computadora, quizás buscando datos, quizás vendiendo drogas, quién sabe.

— ¿Quiere que lo golpee?

— Como sea, necesito esas fotos a más tardar a las cinco de la tarde.

El menor asiente, observando su reloj antes de caminar por los anchos pasillos, baja por las escaleras y toma camino hasta la salida, observando su entorno antes de subirse a su coche y al estar dentro, desabrocha unos cuantos botones de su camisa.

En algún momento, fue un joven risueño y carismático, que hacía sonreír a muchos simplemente con una acción. Alguien atento y agradable, aquella persona con la que podías hablar durante horas y no aburrirte, pero todo llega a su fin... Ahora era frío y calculador, impotente, desafiante, arrogante, alguien de pocas palabras y limitada paciencia. Hace años, presenció la muerte de su padre en manos de la mafia rival y jamás, jamás de su mente salió esa tonta idea de que fue su culpa. Era algo que no lo dejaba nunca, que en cada pesadilla se hacía presente y es que.

"Si tan solo no me hubiera quedado en el coche... Si tan solo hubiera desobedecido una jodida vez en la vida, quizás mi padre estaría ahora conmigo."

Sus ojos se llenaron de lágrimas inconscientemente y niega rápidamente, detestaba llorar. Gira en dirección a aquella recidencia que quedó en manos suyas desde la disolución de su familia y detiene el coche, suspira profundamente, desabrocha su cinturón de seguridad y abre la puerta para poder bajar, quedando frente a frente a la casa. Era bastante amplia y estéticamente bellísima, una amplia puerta blanca lo recibe y la abre, dejando ante su vista una espaciosa sala con decoración sofisticada, la cual estaba en toda la casa. Quita su abrigo para dejarlo sobre aquel cómodo sofá y camina hasta la cocina, sacando de su nevera uno de los platos de comida envasada que había comprado hace tres días y lo calienta en el microondas, apoyando su cuerpo ligeramente contra una repisa que había. Abre para sacar el plato que contenía puré con algo más y toma una cuchara junto a una bandeja, acomodando todo, integrando además una botella con agua.

Finalmente baja hasta el sótano, el cual había convertido en una pequeña prisión. Sus ojos viajan por el espacio hasta encontrarse con su víctima apoyada contra la pared, sentado en el suelo sus ojos se mantenían cerrados.

— Rubén, te he traído la comida del día. —Su volumen de voz no fue muy fuerte, no sabía en qué clase de transe extraño estaba el castaño.— ¿Hey? —Abre la reja para entrar a la celda/habitación y acerca la bandeja hasta su cuerpo, no obtiene respuesta.— Rubén.

Se percata de que una de las manos del menor cubrían su brazo, el cual estaba completamente ensangrentado y frunce el ceño, ¿se había autolesionado? Coloca una mano en su espalda y lo tira hacia atrás, agachándose hasta quedar a su altura para poder sostener su cuerpo.

— Mierda... —Observa a su lado un pedazo de cristal de la única ventana que tenía en la habitación y muerde su labio inferior, levantando su cuerpo para poder cargarlo hasta dejarlo sobre la cama, golpeando ligeramente su rostro, esperando reacción. Al no obtenerla, abre la botella de agua y deja caer mucha agua sobre su cara.

— ¿Qué-

— ¿Por qué te querías matar? —Eso fue muy directo, pero esperaba una respuesta de la misma forma.— ¿Qué estabas pensando?

Rubén se sienta sobre la cama mirando la nada, su rostro estaba pálido y su camiseta estaba manchada con sangre, tenía ojeras notables y sus labios estaban partidos. ¿Había comido?

— ¿Qué más puedo hacer, tío? Lo más probable es que de todas maneras muera y sinceramente, prefiero morir por mí mismo que por un mafioso de mierda.

Samuel se limita a quedarse en silencio y se levanta de la cama, recogiendo la bandeja para dejarla sobre la mesita de noche que allí había y voltea nuevamente, dispuesto a salir de la habitación.

"No te involucres emocionalmente con las víctimas, Samuel. Sé inteligente y vete de allí. Lección número uno."

— No voy a comer.

— ¿Por qué no? —Cuestiona de manera impulsiva y se golpea mentalmente, sabía que solo debía irse.— Esa muerte es peor que todas.

"Genial imbécil, sigue su juego."

¿Por qué no me dejas morir en paz? ¿Qué te debo yo a ti? Vete a la mierda. —Rubén observa las heridas de su brazo y muerde su labio inferior, eran profundas y casi llegan a sus venas.

El mayor sale de la habitación en busca de su botiquín y vuelve a bajar, tomando solamente el algodón, vendas y alcohol antes de entrar, bloqueando la puerta.

— Te voy a curar.

— ¿Estás de coña?

De Luque se sienta a su lado en la cama y toma su brazo con suavidad, ignorando rotundamente la mirada del menor. Abre el alcohol, vertiendo un poco sobre algunas bolitas de algodón y lo acerca la piel lastimada.

— Respira profundamente. —El menor solo asiente y Samuel desliza el algodón por sobre la primera herida con precisión, obteniendo quejidos inevitables por parte del contrario. Toma otro algodón y vierte alcohol sobre este, acercándolo a la herida más profunda.— De nuevo.

— ¡A-Ah! ¡La puta madre! —El mayor lentamente limpiaba el exceso de sangre, mordiendo su labio inferior para luego alejar su mano y tomar otro algodón, repitiendo la acción en las otras heridas menos profundas que quedaban hasta que pudo colocar finalmente la venda. En total eran diez.

— Listo, tendrás que ocupar ese vendaje durante un tiempo y luego volveré a curarte, ¿va?

— ¿Eres médico, enfermero o qué mierda?

Lo era, Samuel había estudiado enfermería pero por cosas como este trabajo, había dejado de ejercer hace muchos años.

— Come lo que traje, por favor. Volveré mañana y no te cortes más, eso no te librará de mí. —Toma los objetos sucios y los echa en una bolsa de basura, recogiendo también los vidrios rotos.— Descansa.

— ¿Algún día podré saber tu nombre?

El mayor le dedica una última mirada antes de cerrar y volver a subir, dejando al castaño con una ligera sonrisa en su rostro.

R E H É N • ʀᴜʙᴇɢᴇᴛᴛᴀ ᴀᴜDonde viven las historias. Descúbrelo ahora