4. Los amigos de Danel

97 20 22
                                    

Después de la clase de presentación, que ha sido una presentación en la que nos han dicho de qué va a ir lo que vamos a hacer durante el Verano, Danel ha salido conmigo de clase y me ha llevado escaleras arriba a su habitación.

He descubierto que su habitación es la 110, está en el primer piso y a unos pocos metros de las escaleras. Por suerte, tenía la llave para no pedírsela a su compañero.

Le espero junto a la entrada mientras abre su armario para sacar su mochila y devolverme el diario. Luego, vuelve a guardar todo en su sitio y se acerca a mí.

—Te lo devuelvo, pero no cantes victoria porque aún no te has librado de mí.

Le arrebato lo que es mío antes de que se arrepienta.

—Después de esto es fácil, solo tengo que pasar de ti y evitarte. Ya no tienes nada con lo que chantajearme.

Presiono el pomo de la puerta y salgo corriendo de allí para que no me alcance. Subo las escaleras hasta mi habitación y empiezo a abrir la puerta, es entonces cuando me doy cuenta de que no estoy sola, de que alguien está detrás de mí, alguien que hace segundos pensaba haber dejado atrás.

Cuando pienso que me va a arrebatar el diario, que lo tengo bien agarrado, aprovecha para quitarme las llaves de la mano derecha. Se aleja unos metros de mí sin correr y empieza a hablar:

— ¿Cómo piensas guardar el diario si no tienes llaves? —le hace gracia porque está sonriendo.

—Danel, devuélvemelas, se acaba el patio —digo, aunque en realidad falten unos veinticinco minutos.

—Solo si vas a hacerme caso y retiras lo que has dicho.

— ¿Lo de que me devuelvas las llaves?

Se pone la mano en la cara resignado.

—No, lo de pasar de mí y evitarme.

— ¿Qué pasa, no quieres que pase de ti? ¿Estás interesado en mí?

— ¡No estoy interesado en ti! —exclama.

— ¿Entonces?

—Te dije el otro día que te iba a ayudar.

—No necesito ayuda, me las apaño bien sola.

—Pues intenta quitarme las llaves tú sola —marca bien las dos últimas palabras. Será imbécil.

Empieza a bajar las escaleras lentamente mientras mira mi reacción. Al principio no hago nada, pero luego pienso en que tengo que guardar mi diario ya, cuanto más tarde, peor.

Empiezo a correr tras él y para cuando se da cuenta y empieza a correr, ya casi estoy a su altura, nos encontramos en el segundo piso. Le cojo del brazo y le aprieto con fuerza para hacerle daño.

Coge las llaves con la otra mano para que me fije en su otro brazo y agarrarle de ahí, pero yo soy más lista que él y no le suelto.

—Devuélveme las llaves.

—Solo si dejas que te ayude.

—No necesito ayuda.

—Pues no te las devolveré.

—Vale, me dejo ayudar.

—Ahora promételo.

—No puedo prometer algo que posiblemente no cumpla.

—Ahí está la gracia, intentar cumplir lo que prometes. Si no lo intentas, pecas, si lo intentas y no cumples con lo prometido... me puedo pensar qué hacer.

93 días de Verano ✔️Donde viven las historias. Descúbrelo ahora