Capítulo 16: Red Shoes will stay together and won't move.

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Entramos corriendo al hospital muy sofocadas intentando guardar las formas sin ningún éxito. Llamamos a la madre de Lucy, Susanne, quién nos dice que se encuentran en la segunda planta. Subimos por las escaleras hasta el piso indicado y vemos a los padres de Lucy a lo lejos. Susanne alza la mano y nos saluda, cuando nos acercamos a ella nos abrazamos en señal de apoyo.

—Hola, ¿cómo está? —Dice Gemma.— ¿Les han dicho algo los médicos?

—Por favor tuteadnos —todas sonreímos y asentimos— y no, no nos han comunicado nada aún. Esperamos que la hagan pronto, porque la espera nos está consumiendo. —Añade una madre triste y preocupada.

—Hola, yo soy Spencer, encantado de conoceros, chicas. —Se presenta el padre de Lucy.— Lucy siempre está hablando de vosotras y del grupo, ella está disfrutando mucho de todo esto. Sabemos que vais por buen camino y que llegaréis lejos.

—Nosotras también estamos disfrutando mucho, todo es increíble. A Lucy le encanta lo que hace, cuando la oyes y la ves cantar sabes a la perfección y sin lugar a dudas que ha nacido para... —Digo siendo interrumpida.

—Familiares de Lucy... —Antes de que la enfermera pueda terminar de decir el nombre al completo, los padres de Lucy ya han levantado sus manos y van hacia ella.— Vengan por aquí.

Susanne y Spencer desaparecen por el pasillo siguiendo a la enfermera mientras rezo en silenio para que sean buenas noticias.

—¿Creéis que todo saldrá bien? —Pregunta Gemma.

—Seguro que sí, es un simple dolor de barriga sin importancia —digo—. Ruth, ¿estás bien? ¿Cómo te encuentras? No has hablado desde que el recreo terminó, sé que esto es duro y que necesitas pensar en todo esto, pero debes saber que no va a ser nada porque...

—¿Por qué estás tan segura? ¿Cómo sabes que no es nada? ¿Eres médico? No, no lo eres. ¡Así que no opines sin saber!

—Oye, Ruth tú tampoco eres médico, así que no tienes por qué mandarme a callar. Yo sólo estoy intentando animarte, consolarte y, sobre todo, apoyarte en esta situación tan difícil. Si no quieres escucharme, no lo hagas. ¡Pero yo voy a opinar lo que quiera y las veces que quiera! —Digo, ya me he cabreado. Yo no le he hablado de malos modos ni le he dicho nada perjudicante o fuera de tono. Todas sabemos por lo qué está pasando pero una cosa no quita la otra, y eso no es excusa como para hablarme y gritarme así.

—Pues no intentes consolarme sin saber siquiera como está Lucy. Es un simple dolor de barriga para ti, pero quizás es algo más grave. Oh, espera un momento, ya que eres una experta en esto, ¿puedo pedirle a la doctora Anne Stuart un diagnóstico preciso y correcto? ¡No! ¡No tienes ni puta idea de lo que está pasando ahí dentro!

—¡Ni tú tampoco! ¡Entra!, ¡entra! Ya que tú eres la mejor y la que más se preocupa por todas, sé tú la primera en entrar y después vuelve, y presume de ello. ¡Que no es sólo tu amiga! Aunque la conozcas de muchos años, a mí también me importa lo que pase ahí dentro. A mí también me duele entrar en un hospital y que la causa sea mi mejor amiga, ¿sabes? ¡Estás delirando, se te ha ido la olla!

—¡PARAD! —Grita Gemma recogiendo nuestra atención y la todo el pequeño hospital.— Lo siento, señores, perdonen las molestias que les hemos podido causar. —Se disculpa con los familiares y amigos de los pacientes, e incluso con los futuros pacientes, quiénes nos miran con sus miradas aterradas e inquisidoras, preguntándose a ellos mismos qué será lo que nos pasa para discutir y chillar de esta forma.— ¿No os estáis escuchando?

—¡Que se escuche ella! Se cree que lo sabe todo. —Me señala.

—¡Todavía sigue con la misma canción! Llevo todo el rato diciéndote que posiblemente sea un dolor de barriga, nada más. Lo hacía por ti, Ruth, porque no quería que estuvieses mal, pero ahora ya me da igual, como a ti te doy igual yo.

—¡He dicho que paréis! Acabarán echándonos de aquí, por favor, comportaos. Como nos reconozcan ya si que estamos perdidas. —Gemma se ve obligada a intervenir otra vez.

—¡Que me da igual que nos reconozcan! —Dice una gritona Ruth, me está poniendo de los nervios sus impertinencias y sus caprichos.

—¡Pues a mí no! ¡Si no os váis a callar, discutís y os pegáis fuera, y cuando os déis cuenta de que Lucy es lo que verdaderamente importa ahora, volvéis!

—Está bien, Gemma, ya paramos. —Dice Ruth y me echa una mirada asesina, pero yo no le doy la satisfacción de ponerme a su altura y me río en su cara.

Cuando pasan diez minutos Spencer y Susanne vuelven a la sala de espera hablando entre ellos y nada preocupados, al menos eso aparentan.

—Chicas, no es nada grave —anuncia Susanne—. Lucy tiene apendicitis, es una inflamación de un apéndice que tenemos en este lado de la tripa —señala con su dedo la parte de la barriga conocida por mí por las quejas Lucy—, se lo quitarán en una operación y ya está... Anda, mirad ahí viene. —Sussane y Spencer giran la cabeza y nosotras tres nos levantamos de los asientos de metal azulado y corremos hacia Lucy. Las cuatro nos abrazamos, Ruth y yo nos abrazamos especialmente como modo de reconciliación y después nos unimos a Lucy y Gemma.

—Os dije que no me iba a pasar nada. —Susurra Lucy.

—Red Shoes —Empiezo.

—Will stay —Continua Gemma.

—Together and —Sigue Ruth.

—Won't move. —Lucy termina nuestro pequeño y propio dicho y tras esto nos reímos cómplices, eso que acabamos de decir es una frase que empezamos a decir antes de salir a dar nuestra primera entrevista y ya es costumbre. En realidad no tiene mucho sentido pero nos gusta mucho decirlo.— Lo más seguro es que me opreren dentro de muy poco, como mucho la semana que viene, los dos días antes no puedo comer y el día antes no puedo beber ni agua.

—¡Oh Dios mío! Te morirás de hambre y de sed. —Dice Gemma.

—Me nutirán por el cable transparente ese que se pone en la muñeca, seguramente. —Dice Lucy riendo.— Se llama sonda creo haber escuchado.

—¿Y tienes miedo? Es decir es una operación y... —Intento explicarme.

—La verdad es que no, es una experiencia más, ¿no?

—Tú sí que sabes vivir, Lucy. —Digo.

El Susurro de AnneDonde viven las historias. Descúbrelo ahora