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La escena era absolutamente surreal para Feliks, Toris había limpiado absolutamente rápido cualquier rastro de su ataque de hace rato y ahora estaba hincado ante el mientras le limpiaba las heridas que se había hecho con los trozos de taza.

Su tacto era delicado y su expresión serena.
Después de todo estaba acostumbrado a limpiar heridas así.

Feliks extendió su mano derecha hacia el castaño con algo de duda, como si lo que estaba haciendo fuera algo malo.
Toris apoyó su cabeza en la mano y lo miró a los ojos, apartó su rostro para poner una última curita en la pierna del contrario, sin pensarlo muy bien rozó sus labios con su rodilla en lo que podría ser llamado en fantasma de un beso y se sentó en el piso, quitando sus manos y apartándose de su amigo.
Le hubiera gustado decirle que nunca había notado realmente lo agradable que era el tono rosado que sus mejillas tomaban cuando se avergonzaba pero no fue capaz de articular palabra alguna sobre el asunto.

-Estás listo Feliks-

No podían apartar sus ojos el uno del otro; en el momento en el que Toris se levantó del piso Feliks se levantó del sillón.

-Sé que hace nada te estaba pidiendo que te fueras; tipo, fue muy tonto de mi parte, por favor háblame Toris, no te quiero perder, ¿entiendes?-

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